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ABC VIERNES, 26 DE ENERO DE 2018 abc. es ABCdelOCIO 67 Frondosidad de emociones CALL ME BY YOUR NAME Pesimismo cruel SIN AMOR (LOVELESS) Dirección: Andrey Zvyagintsev. Con: Maryana Spivak, Aleksey Rozin, Matvey Novikov. FEDERICO MARÍN BELLÓN Dirección: Luca Guadagnino. Intérpretes: Timothée Chalamet, Armie Hammer... OTI RODRÍGUEZ MARCHANTE Timothée Chalamet y Armie Hammer en la soleada Italia cámara frente a ti no es fácil. Cuesta mostrarse vulnerable en esos momentos, porque, si te ves desde fuera, es ridículo. He entendido que mis miedos estaban solo en mi cabeza relata. Al joven Elio lo interpreta el actor Timothée Chalamet (popular por la serie Homeland y su actuación le ha valido una nominación al Oscar. Hay muy pocas oportunidades para jóvenes de mi edad en historias que sean verdaderamente relevantes presume. Los protagonistas esperan que Call Me By Your Name sirva de puente para el diálogo. Es una historia de amor muy poética. En Estados Unidos, por las circunstancias actuales, puede convertirse en una película política. Yo la veo como una invitación a ser diferente, lo que contrasta con la visión actual de Trump. Vivimos una crisis política y cultural donde necesitamos historias como esta, porque estamos en un mundo raro, terrible y loco reconoció Armie Hammer. unque narra con enorme acierto visual y grandes dosis de buen gusto una historia de enamoramiento veraniego entre un joven de 17 años y otro algo mayor, de lo que realmente habla la sensual y detallista película de Guadagnino es del voluptuoso torrente de la juventud y de algo realmente profundo y complejo que se traduce en la mejor escena de la película (la que le quita y le pone sentido a la historia) entre padre e hijo, Timothée Chalamet, que es candidato al Oscar por su carnal y pujante Elio, y Michael Stuhlbarg, demoledor en esos instantes de encuentro con su hijo en los que habla con una rotundidad y precisión sobre la vida y tú como no se había visto nunca... Stuhlbarg (quien, por cierto, está en tres películas candidatas al Oscar: Los archivos del Pentágono y La forma del agua además de en ésta) pasa directamente al pódium de los mejores padres de la historia del cine y disputándole el cajón de arriba a Atticus Finch. Esa magistral secuencia, junto al primer y sostenido plano final de ElioChalamet en el que su rostro te cuenta las tres siguientes películas que nadie rodará, hacen de esta historia esa maravilla que te oxigena de arriba abajo. Es una película larga, contemplativa, que se recrea en los maravillosos paisajes, personajes y localizaciones, que le extrae al guion de James Ivory toda esa temperatura y voluptuosidad que recoge con encanto de cámara Guadagnino. El absoluto centro de observación es el joven Elio, buen lector, magnífico músico y joven al que le cuesta ser él mismo entre el caos hormonal, la confusión emocional y la ensalada de feromonas masculinas y femeninas que tiene alrededor y que forman parte de ese frondoso, aromático y soleado verano italiano. La película habla de atracción, de amor, sí, y de pulsiones eróticas, de ese bucear ya sin apenas aire al final de la adolescencia, de ese estar tan a gusto con nuestras dudas como incómodo con nuestras certezas... Una película que se ha de ver como algo saludable, como si se fuera uno a beber uno de esos smoothys de fruta. A E ntre las candidatas al Oscar en lengua no inglesa destaca esta película rusa, más de arte que de ensayo, dada la contrastada calidad de su autor. Cuenta el doble drama de una pareja: su guerra intestina y su frente común, encontrar al hijo desaparecido tras una de sus insoportables riñas. Sin amor es una obra muy de festival en Cannes ganó el premio del jurado de las que recomiendan los críticos. Son cualidades nada desdeñables, pero no garantizan el éxito entre los espectadores normales sobre todo cuando la trama avanza sobre la nieve con pies de plomo, como si temiera resbalar y caerse. El lado bueno de la balanza, que pesa mucho más, es la espectacular caligrafía de su director y coguionista, Andrey Zvyagintsev, conocido por títulos tan destacados como Leviatán y El regreso Su talla es incuestionable, aunque la forma de contar la crueldad ciega de los padres y el dolor sordo del adolescente puede ser una tortura precisamente por su veracidad, quizá reiterativa. La angustia de la búsqueda es otro ejercicio impecable y que a la vez cala los huesos. El clima pesa demasiado, como el telón de fondo de una Rusia inhóspita. Todo ello se regleja en la historia de principio a fin, hasta llegar a la insatisfactoria resolución de su intriga. Ni siquiera en ese momento decisivo alivia Zvyagintsev el peso del espectador. Un final menos abierto, más decididamente trágico, habría supuesto al menos una liberación, que no concede ni como válvula de escape. Hasta ese punto llega su pesimismo. Maryana Spivak El grupo de adolescentes que debe salvar de nuevo el mundo ABC Juventud asediada y rebelde EL CORREDOR DEL LABERINTO: LA CURA MORTAL Dirección: Wes Ball. Intérpretes: Dylan O Brien, Kaya Scodelario, Katherine McNamara. OTI R. MARCHANTE T ercera parte de esta serie de películas que se disfrutan más con un ligero bozo que con una barba canosa, y que remiten ¿cómo no? a un futuro distópico, a una juventud asediada y víctima de una rara enfermedad, la llamarada y en la que ocurren cosas a tal velocidad que uno se las pierde mientras se mesa la barba (canosa) El arranque es espectacular y te afeita al instante, con una secuencia de tren a toda velocidad que agota ya por completo el cuenco de palomitas. Pues resulta más fácil y cómodo seguir a ese tren desbocado que el hilo del argumento, con planes enrevesados, rescates imposibles, zombies que nos rodean, la búsqueda de un antídoto milagroso... El mismo equipo de guionistas, Dashner y Nowlin, y el director Wes Bell, que han hecho la trilogía entera y, probablemente, lo que le cuelgue (nunca terminan, aunque lo aseguren) consiguen fundir eso tan difícil que es una historia bien boba con un trabajo bien hecho y magníficamente servido, de tal modo que solo al final, o después incluso, te percates de la justita sustancia argumental. Tuvo infinidad de problemas de producción, incluido el grave accidente del protagonista, pero no se notan.