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54 ABCdelOCIO VIERNES, 19 DE ENERO DE 2018 abc. es ABC C ine Act up fue un movimiento de lucha para los enfermos de sida Amor en tiempos de plaga 1 20 PULSACIONES POR MINUTO Dirección: Robin Campillo. Con: Nahuel Pérez Biscayart, Adèle Haenel, Yves Heck, ANTONIO WEINRICHTER E Nahuel Pérez Biscayart y Arnaud Valois, pareja protagonista en la segunda parte del filme ABC 120 pulsaciones por minuto Corazones que dejaron de latir Ganadora en Cannes, el filme es un crudo retrato sobre el sida en los años 90 con aires de homenaje FERNANDO MUÑOZ C on ese aura de imprescindible que solo el cine social francés sabe arrogarse llega hoy a España 120 pulsaciones por minuto el retrato de una época los noventa y de un colectivo jóvenes homosexuales donde la muerte actuaba bajo el yugo del sida ante el silencio y el desprecio de la sociedad. Dice Nahuel Pérez Biscayart, el actor protagonista, que esta es una película río Empieza muy ancha con muchos personajes, y da la sensación de que te pierdes ante tanta cara, tantas voces... Hasta que de golpe ves cómo la enfermedad lanza su maldición contra el siguiente, y el siguiente, el siguiente... Y así llegamos a mi personaje y ya la cámara se concentra en mí asegura el argentino, estrella del cine de autor en Francia. El resumen de este tecnicismo es que el espectador sufre durante dos horas y media las penurias de estos chicos (y una pareja de chicas) y se mete en sus camas, les acompaña al hospital, testa medicamentos en fase de pruebas, asalta sedes farmacéuticas, boicotea actos del Gobierno y vuelve, una y otra vez, a interminables asambleas en las que deciden cómo hacer visible una parte de la sociedad que la propia sociedad decide ignorar. Todo empieza con Act up activistas homosexuales que a finales de los 80 organizaban actos para que el mundo fuera consciente de la gravedad del sida que encontró el rechazo incluso de otros movimientos LGTB y en el que el director de 120 pulsaciones por minuto Robin Campillo, militó. El cine te hace atravesar experiencias que no se parecen en nada a nuestra vida, y esto es lo que te hace crecer más que cualquier discurso o lectura defien- de Nahuel Pérez Biscayart cuando se le interroga por la lejanía del tema para buena parte del público. Además, encuadrar esta película solo como LGTB es reducirla. Es una historia de amor, de lucha... De vida resume. Y si acaso importara, el filme se alzó, en este mundo de sobreabundancia de galardones, con el gran premio del jurado en el pasado festival de Cannes. Además, ya es una de las películas del año entre los círculos de críticos de Estados Unidos (premio en Nueva York, en Los Ángeles... y aún así, cuando el espectador salga de ver el filme, quizá se haga una pregunta: ¿no se podía recortar ni uno solo de los 150 minutos? sta película, premiadísima desde que empezó su andadura en Cannes, no acaba de parecerme a la altura de su reputación. Sospecho que en parte la tiene por la seriedad de su tema: el sida en los tiempos en que se consideraba una forma de peste y se asociaba con lo que se denominaban grupos de riesgo que a su vez quedaban contaminados por el estigma social. Para combatir este mortífero círculo vicioso se formaron colectivos como el de la película. Ciertamente las primeras secuencias que muestran una acción y una reunión posterior del grupo, y de paso sirven para introducir a los personajes principales, tienen una urgencia y una precisión admirables; y saben retratar el idealismo tajante de la figura del joven activista y la concienciación del recién llegado. Pero luego las reuniones y las acciones se suceden. Y hablan mucho, porque es una película en este sentido muy francesa y cómo les gusta oirse; y es lo que se hace en las reuniones, debatir a muerte. Pero el mundo asambleario sólo interesa a sus integrantes, no produce buen cine, o no durante tanto tiempo. En una película de dos horas y media, la primera escena no coral llega al terminar la primera hora. A esas alturas, el amor apasionado entre dos activistas no produce una identificación profunda en el espectador. Una relación condenada, por motivos que pueden imaginar, pero que no consigue el patetismo de las primeras películas contemporáneas del sida, obras que fundaron el queer cinema hace treinta años como Compañeros inseparables o Miradas en la despedida Impresiones de Colonias ZAMA Dirección: Lucrecia Martel. Con: Daniel G. Cacho, Juan Minujín Matheus Nachtergaele y Lola Dueñas OTI R. MARCHANTE L a obra de Antonio Di Benedetto, hombre de letra compleja e idea recóndita que fascinó a lectores y escritores, de Borges a Coetzee, encuentra en la mirada de cineasta compleja y recóndita de Lucrecia Martel un modo más o menos desordenado y sugerente de establecerse en la pan- talla. Como película enmarañada que es, se hace necesario darle mucha importancia a lo hipnótico y fascinante de su aparato audiovisual, que nos cuenta algo de la vida de Don Diego de Zama (finales del XVIII) funcionario de Indias a la espera de un traslado, un cambio de colonia o de perfume, presentado con aroma de cine profundamente figurativo pero profundamente desfigurado en su cruce de espacio y tiempo: esa vindicación de la huida, o de la espera insoportable, se cuenta en varios tiempos que hay que localizar por los cam- bios de personajes o los sufridos en el físico de su protagonista, un realmente esforzado Daniel Giménez Cacho. Lo que pretende Lucrecia Martel no es contarnos a Zama, sino meternos dentro de él, de su aburrimiento, desesperación, paranoia, en fin, sus cosas... lo cual conviene saber que no es precisamente entretenido (nadie en su sano juicio dirá al salir: ¡Qué divertida es la película! pero sí tiene esa punta de lápiz de colores que a cierto tipo de cinéfilo le gusta mordisquear. Quiero decir, que igual se pierde una obra maravillosa que no olvida nunca o se mete usted a ver un tostonazo del que no se recupera en días.