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ABC MARTES, 16 DE ENERO DE 2018 abc. es opinion OPINIÓN 15 VIDAS EJEMPLARES TRIBUNA ABIERTA CÓMO FRENAR AL INDEPENDENTISMO POR JAIME GIL ALUJA Es el momento de iniciar el debate para que los catalanes nos dotemos de una ley electoral representativa de nuestra diversidad ideológica, que deje de favorecer los intereses de la minoría independentista INCUENTA y tres por ciento, 53 es el porcentaje de catalanes 2.251.391 electores que no han votado formaciones independentistas que han obtenido 2.063.361 sufragios en las elecciones del 21- D. Y, sin embargo, pese a la nitidez de la diferencia 188.030 votos de nuevo nos vemos abocados a un bloqueo institucional debido a que nuestra ley electoral es propicia a facilitar una percepción ambigua de la voluntad expresada por los catalanes en las urnas. Esa ley ha concedido una mayoría absoluta parlamentaria al independentismo, que, ni ahora ni nunca ha sido capaz de ganar en votos a las formaciones no independentistas. Y, sin embargo, los medios de comunicación que controla el independentismo insisten una y otra vez en referirse a la mayoría absoluta independentista pese a que se trata de una afirmación intrínsecamente falsa, porque la mayoría independentista en Cataluña solo es parlamentaria, pero no social. Es bien cierto que la ley electoral para Cataluña es la réplica de la vigente para toda España. Sin embargo, independentistas y no independentistas coinciden en que la realidad de la distribución ideológica y territorial de la población catalana es diferente de la española. Razonando en consecuencia se llega, así, a la necesidad de establecer mecanismos distintos de representatividad. No parece lícito, entonces, mantener un sistema electoral que beneficia unas ideologías en detrimento de otras. Es necesario considerar, además, el carácter presidencialista del régimen estatutario catalán, muy diferente del marcadamente parlamentario establecido por la Constitución para España en su conjunto. No se explica la deriva independentista, pues, sin la hábil explotación de esa desproporción que ha privilegiado a las provincias tradicionalmente más nacionalistas con una mayor representación parlamentaria que las que lo son menos. Este 21- D, en la provincia, circunscripción electoral de Barcelona, tradicionalmente menos soberanista, se han requerido 48.521 votos para conseguir un escaño cuando, en cambio, en Lérida sólo se han precisado 20.915 votos; en Gerona han sido necesarios 30.048 y en Tarragona, 31.217. Hay que reconocer al nacionalismo que ha sabido sacar el máximo partido a esa ventaja desde las primeras elecciones catalanas de 1980, que ya dieron la sorpresa de la victoria pujolista al imponerse la desde entonces vigente desproporción representativa frente a una mayoría social claramente socialdemócrata. Elección tras elección, gracias a esta mayoría parlamentaria que no social, unas veces en coalición y otras en solitario, ha logrado el gobierno de la Generalitat o las consejerías clave desde el que ha impuesto su programa ideológico, siempre ha gestionado la consejería de Educación, y ha ido consolidando sus posiciones. Pese a todo, no ha conseguido superar nunca el 50 de los votos emitidos, y, por tanto, su gobierno no ha sido el representativo de la mayoría de los catalanes. Es, por tanto, el momento de iniciar el debate para que los catalanes nos dotemos de una ley electoral propia y representativa de nuestra diversidad territorial e ideológica que deje de favorecer los intereses de la minoría independentista que la ha utilizado para abocarnos al declive económico y la fractura social. JAIME GIL ALUJA ES PRESIDENTE DE LA REAL ACADEMIA DE CIENCIAS ECONÓMICAS Y FINANCIERAS LUIS VENTOSO UY INGLATERRA... No dan una desde que abrazaron el glorioso Brexit YER entró en liquidación súbitamente una de las mayores empresas inglesas, la venerable Carillion, que había nacido en 1903. La implosión de la firma deja en el alero los empleos de 20.000 británicos (más otros 28.000 más en el resto del mundo) y también su fondo de pensiones. La compañía era un coloso de la construcción y los servicios y un contratista de cabecera del Gobierno británico. Los capilares de Carillion irrigaban toda la vida del país: mantenimiento y comidas de hospitales, escuelas y cuarteles; varias autopistas a su cargo, un tercio del contrato para construir el tren de alta velocidad entre Londres y Birmingham (donde los ingleses no quisieron saber nada de las competentes firmas españolas que concurrieron) Carillion regentaba incluso cincuenta cárceles. Demoras en la ejecución de varios proyectos hundieron los beneficios y la acción, hasta que ayer todo se fue al garete. El Gobierno, que se ha negado a rescatarla, ha recibido duras críticas por seguir otorgándole contratos cuando ya se veía que naufragaba. Otras empresas, incluidas algunas europeas, como la francesa Eiffage, aspiran a ocupar el hueco que deja. Que Carillion quiebre ahora, un año y medio después del glorioso referéndum sobre la UE, festejado por los hooligans brexiteros como El día de la Independencia puede ser una casualidad (o no) Pero lo cierto es que Inglaterra corazón y ejecutora del Brexit no da una desde aquella decisión. La divisa se ha desplomado, encareciendo la cesta de la compra y las soleadas vacaciones en España. La fuga de empresas al continente ya ha comenzado. Si la City, la médula del país, no logra el pasaporte europeo, lo cual parece complicado, aquello quedará como un erial a medio plazo. El Gobierno de May es una verbena, con la herida europea supurando. Ni siquiera tienen clara a estas alturas su propuesta de acuerdo con la UE. Eso sí, los ingleses conservan su flema posimperial. Con una jeta de hormigón armado, un par de ministros acaban de escribir en la prensa alemana reclamando a los teutones un traje a su medida, que permita al Reino Unido soplar y sorber a un tiempo: dar un portazo a Europa, pero seguir gozando de sus ventajas. El error que han cometido los ingleses es sencillísimo: han creado un problema donde no lo había por un mero prurito sentimental, arrollando toda lógica. Perplejos por la resaca de la crisis y las novedades de la globalización, como le sucede a todo Occidente, han buscado un chivo expiatorio: el paquidermo burocrático bruselense. El logo era tan ramplón como eficaz: somos el mejor país del mundo, pero estamos subyugados por Bruselas, en cuanto nos liberemos, esto será otra vez la tierra de la leche y la miel. ¿Les suena? En efecto: es exactamente la misma melodía del delirio separatista catalán. Calculo que los ingleses, una nación de tenderos como decía Napoleón para denigrarlos yo creo que en realidad es un elogio recularán si el bolsillo sigue dándoles malas noticias. ¿Y los catalanes? Ahí el adoctrinamiento de tres décadas de nacionalismo ha sido tan sistemático y eficaz que hay dudas de que al final se bajen del ovni de Puigdemont. C A se incendian las iglesias ante la llegada de un hombre que viene a hablar de paz? JAIME TEJEDOR BASARRATE MADRID Prisión permanente revisable Los padres de jóvenes asesinadas vilmente, como Diana Quer, Marta del Castillo, Mari Luz Cortes y tantos otros que perdieron a sus familiares a manos de criminales sin escrúpulos, se han unido para que se aplique y no sea derogada en España la prisión permanente revisable. Se recogieron 2,5 millones de firmas en la etapa de Zapatero; y tuvo que Marta del Castillo nuestro. Lo ha dicho uno de los padres: Por respeto a los familiares de las víctimas, a los ciudadanos y a la gente que ha fallecido injustamente a manos de criminales sin consideración ninguna, se debería mantener la prisión permanente revisable Hay que entender el dolor que se siente ante la impunidad de ver a viles criminales cumpliendo ridículas condenas. DAVID GARCÍA GARCÍA MADRID ser con Rajoy, en 2015, cuando por fin pudo contemplarse dentro de la Justicia española. Ahora, la oposición quiere dar muestras de falso buenismo y derogar algo que también funciona en otros muchos países democráticos como el Pueden dirigir sus cartas y preguntas al Director por correo: C Juan Ignacio Luca de Tena 7. 28027 Madrid, por fax: 91 320 33 56 o por correo electrónico: cartas abc. es. ABC se reserva el derecho de extractar o reducir los textos de las cartas cuyas dimensiones sobrepasen el espacio destinado a ellas.