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12 OPINIÓN HORIZONTE PUEBLA MARTES, 16 DE ENERO DE 2018 abc. es opinion ABC RAMÓN PÉREZ- MAURA UN PAÍS DE DISPARATES La mentira identitaria es sobre todo una fuente de ingresos para los que no saben cómo ganarse la vida legítimamente ECÍAMOS el mes pasado en estas páginas El cáncer del nacionalismo en el PP ABC 26- 12- 2017) que buena parte de los problemas del Partido Popular se originan en su doblez y debilidad ante la voluntad de romper España que ha contado con muchos seguidores en sus filas. En estos días vemos otra consecuencia de ello. Ya se sabe que en este país de disparates, cuando no se tiene un problema siempre llegan voluntarios a crearlo. El PP no ha gobernado el Principado de Asturias más que una vez, entre 1995 y 1998 con Sergio Marqués como presidente. Fue su Gobierno y no otro el que en 1998 estableció la Ley de Uso y Promoción del Asturiano. De aquellos polvos, estos lodos. Del bable, que ninguna persona con las neuronas imprescindibles se atrevería a definir como una lengua, se ha hecho una seña identitaria. Como si para la segunda mitad de la década de 1990 no tuviéramos ya demostraciones sobradas de las consecuencias que esas pruebas identitarias estaban teniendo sobre la unidad de España. Habrá quien venga a recordarnos que Marqués rompió con el PP en diciembre de 1998 por su afán identitario (siguió como presidente autonómico hasta julio de 1999) Él decía que Francisco Álvarez Cascos, a la sazón secretario general del PP, pretendía gobernar Asturias desde Madrid. Yo no estoy seguro de cuánto eran el afán o la aversión identitarios de Cascos. Lo que sí sé es que el entonces general secretario del PP es hoy uno más entre los que defienden la oficialidad del bable en Asturias. La mentira identitaria es sobre todo una fuente de ingresos para los que no saben cómo ganarse la vida legítimamente. Los propios dirigentes socialistas que promueven la declaración del bable como lengua cooficial no saben el coste que representará para las arcas de todos los españoles. Pero no está la cosa como para perder el tiempo en technicalities. En este tipo de barbaridad hay mucho dinero que ganar legalmente. Desde luego no legítimamente, pero eso da igual. A nadie le meterán en la cárcel por intoxicar a niños con una llingua que no sirve más que para comunicarte con quien ya tienes un idioma universal en el que hablar sin peligro de perder algún matiz de la conversación que, desde luego, no encontrarás hablando el bable. Y todos sabemos que el peligro identitario que acompaña a esa lengua puede ser dinamita pura. Porque si en comunidades inventadas en los albores del siglo XX, como el País Vasco y Cataluña se ha hecho el daño que todos conocemos, ¿qué no podrá ocurrir en la milenaria Asturias? Otrosí: Las comunidades con lengua propia lindan unas con otras desde Galicia hasta la Comunidad Valenciana pasando por Asturias, País Vasco, Navarra, Aragón y Cataluña. Solo falta una que interrumpe la línea: Cantabria. ¡Cuerpo a tierra! Veo a Revilla promoviendo el pasiego... D COSAS MÍAS EDURNE URIARTE QUE VIENE EL LOBO ¿Sobrevaloran las encuestas a Cs como hicieron con Podemos, o Rivera se convertirá en el nuevo Macron? L AS encuestas le anuncian de nuevo la llegada del lobo al PP. Como lo hicieron en 2014, cuando vaticinaron el triunfo de Podemos en unas futuras elecciones legislativas o como lo hicieron en 2015 y de nuevo en 2016, cuando algunas de ellas pronosticaron un triple empate entre PP, Cs y PSOE. Sin ánimo de divertirse, como Pedro, el del cuento del lobo, pero lo cierto es que las encuestas fallaron estrepitosamente. La cuestión es si ahora aciertan y en las próximas legislativas el lobo le llegará de verdad al PP en forma de un triunfo de Ciudadanos. O si estamos ante un nuevo clima de opinión efímero creado por el resultado de las elecciones catalanas y por las simpatías mediáticas enormes que recibe Ciudadanos o, por el contrario, se trata de un cambio profundo en las intenciones de voto de los españoles. En otras palabras, ¿puede Albert Rivera convertirse en el Emmanuel Macron de España? ¿Es posible que Ciudadanos destroce el efecto del tradicional eje izquierda derecha y lleve a la hegemonía a un partido sin identidad ideológica clara, como el de Macron? La comparación con Francia arroja datos básicamente negativos para esa posibilidad, porque el diseño institucional y las circunstancias en las que ha ganado Macron son muy diferentes a las nuestros. Francia tiene unas elecciones presidenciales y una figura esencial de presidente de la Repúbli- ca que no tiene Albert Rivera en España para hacer el mismo camino y presentarse a unas legislativas desde esa posición, como hizo Macron. Pero, sobre todo, porque Macron y, después, su partido ganaron tanto las presidenciales como las legislativas del año pasado en mitad de una crisis monumental de los dos grandes partidos tradicionales de la derecha y de la izquierda, sobre todo del Partido Socialista. Macron y su partido han sustituido al Partido Socialista que sigue moribundo tras su 5,7 de los votos en las legislativas. Y no parece que algo parecido pueda pasarle al PP al que aspira a sustituir Cs. Ni siquiera asoma en el PP la crisis que afecta a sus homólogos franceses de Los Republicanos, de nuevo divididos tras la elección como presidente de Laurent Wauquiez. Rivera necesita de una autodestrucción del PP para ser Macron, una situación de crisis en la que los votantes de la derecha opten el día de las elecciones por un partido centrista sin identidad ideológica. Un partido dispuesto a gobernar España tanto con el PSOE como con el PP, como afirmó el domingo Rivera en una entrevista. ¿Es posible que el sector radical de la derecha más crítico con Rajoy pueda apoyar un posible Gobierno Ciudadanos- PSOE? Y sobre todo, ¿cabe esperar que los votantes más moderados del PP cambien su voto en un contexto de buenos datos económicos y a favor de un partido sin experiencia de Gobierno? Ayer mismo, y en un guiño a Macron, el antiguo primer ministro de la derecha y alcalde de Burdeos, Alain Juppé, anunció que no pagará sus cuotas de Los Republicanos de 2018 porque el componente centrista se ha alejado de Los Republicanos y es lo que lamento Al PP de Rajoy le cuestionan justamente lo contrario, su excesivo centrismo, los críticos que simpatizan con el centrista y autodenominado progresista Rivera. Y sin un partido como el Frente Nacional a la derecha para depositar su voto. Es decir, un contexto ideológico y partidista en el que una sustitución del PP por Ciudadanos sólo puede ocurrir por un deterioro de los datos económicos junto con una crisis interna del PP. Y ni una cosa ni otra se vislumbran de momento en el horizonte.