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56 CULTURA DOMINGO, 7 DE ENERO DE 2018 abc. es cultura ABC CRÍMENES EXTRAORDINARIOS Lo extraordinario se sitúa fuera del orden o regla natural o común, según la RAE. Ese es el lugar donde anidan las mentes criminales, fuera IX. JARABO (Madrid, entre el 19 y el 21 de julio de 1958) José María Jarabo Pérez- Morris, de familia adinerada, aficionado al lujo, las juergas nocturnas, las mujeres, la bebida y las drogas, asesinó a sangre fría a cuatro personas en un día y medio. Y todo por un anillo de brillantes de una amante inglesa, que había empeñado en Jusfer, por el que le pidieron una cifra desorbitada al ir a recuperarlo para que el marido no los descubriera. El Caso batió el récord de ventas de la prensa española hasta entonces. Jarabo fue el último condenado a pena de muerte al garrote vil en España. Y hasta ese último día de su vida se mostró impasible, frío y orgulloso. Tenía 36 años. Jarabo: un asesino de la alta sociedad J arabo saludó con cordialidad cediéndole el paso a la señora que abandonaba la tintorería al mismo tiempo que él entraba con un maletín en la mano. Don José María, ¿qué le ha pasado? preguntó atónito el dependiente al ver el estado del traje ensangrentado que Jarabo le entregaba para su limpieza. Los americanos de Torrejón, ya sabe lo camorristas que son. Ayer tuve que poner en su sitio a más de uno. Quedó en recoger la ropa y el maletín al día siguiente, y salió del local tranquilo, con el aplomo de que nadie podía sospechar que durante las últimas cuarenta y ocho horas ese hombre, nacido en el seno de una de las familias más adineradas de la capital, que fue alumno del colegio Nuestra Señora del Pilar del que salieron relevantes personalidades de la vida pública, derrochó su vida con la muerte de otros. Palabra de caballero Beryl Martin, su última amante, era una joven rubia y preciosa, casada con un acaudalado francés que vivía fuera de España. Durante meses pasearon su adulterio por Madrid, aunque lo más llamativo fue la habilidad de Jarabo para conseguir que Beryl le entregara un valioso anillo de brillantes regalado por el marido y que él empeñó para poder seguir llevando su elevado tren de vida. Había regresado de Estados Unidos, adonde su familia se trasladó años atrás, arrastrando varias condenas por drogas y pornografía que provocaron su expulsión del país. Muy pronto, demasiado, el dinero que le dieron sus padres se agotó. Cuando llegó el día de la partida de Beryl a Inglaterra, la joven le suplicó que recuperara la joya antes de que el esposo la echara en falta e indagara lo ocurrido a sus espaldas. Jarabo la tranquilizó: Te prometo que la recuperaré, mi amor. Y un caballero jamás falta a su palabra. Con esa promesa selló el adiós y también certificó por anticipado su condena a muerte. Conseguiría la joya como fuera. Estaba en juego su honor. No contaba con que a veces honor y El juicio de Jarabo (derecha, en el círculo) despertó gran expectación en España EFE Un dandi frente a la pena de muerte El 29 de enero de 1959 se inició el juicio, que duró cinco días. La expectación que generó su caso provocó largas colas en la calle para asistir a las sesiones. Jarabo acudía cada mañana a la Sección Quinta de la Audiencia Provincial de Madrid estrenando traje, como un auténtico dandi, sintiéndose tal vez un actor de Hollywood. No perdió la elegancia ni cuando le comunicaron la sentencia a cuatro penas de muerte, cumpliendo lo de genio y figura hasta la sepultura, que, por cierto, tuvo que ser abierta al correr el bulo de que la influencia de su familia había evitado la ejecución. negocio no casan bien. Cuando volvió a ver a los prestamistas, los socios Emilio Fernández y Félix López, éstos empezaron dándole largas, después le pidieron una carta de autorización de la dueña de la joya y acabaron exigiéndole la desorbitada cantidad de cincuenta mil pesetas, quedándose mientras tanto con la carta para asegurarse de que regresara, ya que la misiva resultaba muy comprometedora. Y Beryl lo acuciaba. Había que actuar, eso es lo que hace un hombre se dijo a sí mismo al tomar la peor decisión de su vida. Sorprendente sangre fría Acordaron una cita para el sábado 19 de julio. Pero como Jarabo era incapaz de resistirse a una nueva conquista se le fue la tarde coqueteando con una bella joven a la que acababa de conocer. Cuando quiso darse cuenta del reloj, se le había echado el tiempo encima. Se despidió a toda prisa para ir a Jusfer, la tienda de empeños, pero la encontró cerrada. No dispuesto a ren- dirse, puso rumbo al domicilio particular de uno de los dueños, Emilio. Se me acabó la paciencia. Deme el anillo y la carta le dijo nada más entrar en el salón. Cuando el prestamista quiso coger la pistola, que guardaba siempre bajo los cojines del sofá, Jarabo, más rápido que él, le disparó con la suya y lo dejó clavado en el sitio. Lo arrastró hasta el baño, en cuya puerta se dio de bruces con la sirvienta, que había acudido a ver qué pasaba. Portaba un cuchillo en la mano, estaba cocinando. El agresor la golpeó y se lo clavó hasta la misma empuñadura. La joven Paulina, de veintiséis años, fue resbalando agarrada al cuchillo hundido en sus entrañas y terminó tendida en un charco de sangre. Jarabo se lavó escrupulosamente las manos y comenzó a revolver la casa en busca de la joya y la carta. Contratiempo: escuchó un ruido, la puerta de la calle se estaba abriendo. Fue al pasillo y se encontró de frente con Amparo, la mujer del prestamista, a la que