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ABC DOMINGO, 7 DE ENERO DE 2018 abc. es cultura CULTURA 55 La Marilyn Naranja de Andy Warhol regresa 20 años después El cuadro que cambió el mercado en el 98 podría haber sido vendido por 250 millones de dólares BRUNO PARDO PORTO MADRID Salvator Mundi Un príncipe saudí desembolsó más de 450 millones de dólares por este cuadro atribuido a Da Vinci, el más caro de la historia a pesar de las dudas sobre su autoría. Se expondrá en el Louvre de Abu Dabi. No hizo tanto ruido como el Salvator Mundi que sacudió con su precio a la opinión internacional, pero la víspera de Navidad podría haber escondido otro movimiento millonario en el mundo del arte. Se sospecha que la obra Marilyn Naranja de Andy Warhol, ha sido vendida por un total de 250 millones de dólares. Al menos, eso cuenta el periodista especializado en arte Josh Baer, que asigna el rumor a los círculos más selectos del mercado. El supuesto nuevo propietario del cuadro sería Kenneth Griffin, inversor y uno de los compradores de arte más activos del mundo. Ya en 1999 pagó una cifra récord por un Cézanne 60 millones de dólares y en octubre de 2006 desembolsó 80 millones de dólares por una obra de Jasper Johns False Start que pertenecía al cofundador de Dreamworks, David Geffen. Sin embargo, Baer sostiene que de haber pagado 250 millones por la obra de Warhol, esta compra sería para Griffin una completa ganga. ¿Por qué? Porque se se trata de un cuadro que, hace ahora 20 años, cambió el mercado del arte, según señala la revista Art Market Monitor Marilyn Naranja Andy Warhol (1964) ABC Una subasta histórica En mayo 1998 la obra se vendió en Sotheby s por 17,3 millones de dólares. La cifra hoy nos parece baja todo se ve muy pequeño si se mira desde las cumbres de Da Vinci pero en su momento se convirtió en el precio más alto que alguien había pagado por un Warhol. De hecho, la casa de subas- tas apenas auguraba un precio de 6 millones en sus más optimistas predicciones. En efecto, la venta fue toda una sorpresa. La crónica del The New York Times de entonces lo narraba así: Dos compradores telefónicos no identificados lucharon en una batalla tensa, y cuando terminó, la concurrida sala de ventas estalló en un estruendoso aplauso Aquella se convirtió en la subasta de arte contemporáneo más importante de la década para Sotheby s, que sumó 35,7 millones de dólares en ventas. Tal y como cuenta el mismo el mismo diario, Marilyn Naranja fue pin- Precio de 1998 17,3 millones de En mayo de 1998 Marilyn Naranja se convirtió en el Warhol más caro hasta entonces, protagonizando la subasta de la década. tada por Warhol en 1964. El artista utilizó como plantilla una imagen de la película Niagara con la que alumbró cinco retratos de la actriz, todos en un formato cuadrado de 1 x 1 metros y en colores distintos: rojo, naranja, azul claro, azul grisáceo y turquesa. Hasta entonces, ninguna de esas obras había superado los 6 millones de dólares. ¿Por qué, entonces, la naranja reventó aquella subasta? Aunque algunos señalan que el naranja es sin duda el retrato más sexy (eso dijo un especialista de arte contemporáneo de Sotheby s a a pesar de hablar de una obra hecha en serie) parte de la razón de su éxito está en su procedencia, en su linaje. En el 98, el cuadro fue vendido por un descendiente del alemán Karl Stroher de Darmstadt, uno de los primeros europeos en adquirir arte pop estadounidense. A su vez, Stroher se lo había comprado a Leon Kraushar, que en la década de los 60 era un coleccionista de arte pop profundamente respetado. Quizás iluminado por este pedigrí, o por el atractivo anaranjado de Monroe, aquella venta no fue ninguna locura para Tobias Meyer, director de arte contemporáneo de Sotheby s y responsable de la subasta en cuestión. Al ser preguntado por el desembolso, este se mostró tan tajante como premonitorio: Ha sido una compra acertada. Pronto valdrá tanto como un Picasso o cualquier obra histórica de este siglo A lo mejor se quedó corto. De cumplirse los rumores, ni las Mujeres de Argel le harían sombra a Marilyn. FERNANDO CASTRO FLÓREZ PARA MÁS INRI Lo bueno de la Marilyn Naranja es que se ríe por nada, con menos misterio que la Gioconda resto de los americanos: la estrella estrellada (icono trágico de la época de la juventud rebelde sin causa) prometía todos los placeres y, especialmente, soñaban con que les cantara, a su manera, el happy birthday to you La serigrafía anaranjada del maestro de ceremonias de La Factory rompió el techo de las cotizaciones del arte contemporáneo y, desde entonces, sus cuadros se han convertido en la medida más fiable de la salud de una rea- N ada vale más que Marilyn. Sobre todo si está ruborizada por el don Tancredo del arte contemporáneo. Warhol nunca la retrató pero sentía, como declaró en 1966, auténtica fascinación por ella; en eso no se diferenciaba nada del lidad que en muchos momentos es delirante. Incluso cuando todo se iba por garete, en plena debacle del turbocapitalismo, Damien Hirst consiguió vender el vellocino de oro por un pastizal. Parodiando a Marx podríamos decir que todo lo etéreo se torna sólido en el mercado artístico global. Los enteraos recomiendan acopiar vaqueros eyaculadores de Murakami o cualquier broma neo- infantil de Cattelan, las gigantomaquias que Koons perpetra con globos de helio son exvotos fundamentales del ritual estético y hasta un cansino barrido de pintura de Richter puede dar el tono en el casoplón de un ricachón. Pero, para aclarar a desnortados, sin un Warhol no se puede aspirar a ofrecer una merendola respetable. Eso es algo que hasta debió aprender Pitita Ridruejo en aquellos ochenta de la movida madrileña cuando se codeó con el gurú neoyorquino. El martillo subastero adora las repeticiones compulsivas warholianas, asumidas como el culmen de lo decorativo pseudo- transgresor. Las películas de ese tipo son demasiado guarreras y aburridas a más no poder; basta con aprenderse algún título (no son díficiles: Trash flesh y tal y tal) y declarar que hasta tenemos en las estanterías de casa el libro aquel de Mi filosofía de A a B y de B a A Lo bueno de la Marilyn Naranja es que se ríe por nada, con menos misterio que la Gioconda. Acaso se burla de nuestro papanatismo irredento, irrisorio, irisado. Para más inri.