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ABC DOMINGO, 31 DE DICIEMBRE DE 2017 abc. es estilo GENTESTILO TV 91 El abrigo de paño Carmen Polo (izda. y Carmen Franco (dcha. en marzo de 1972, durante la visita de Imelda Marcos a Madrid Sin pretensiones Carmen Franco acabó forjando un estilo correcto Duelo de formas y valores Carmen Polo, Francisco Franco y Carmencita recibieron a Eva Perón en 1947 La elegancia contenida de Carmencita El estilo de la duquesa de Franco se adaptó con sobriedad y sin aspavientos a las modas de cada década MARÍA LUISA FUNES MADRID Podría haber brillado como una princesa o presumido como una actriz de Hollywood. Hubiera conseguido tener a grandes modistos de todo el mundo a sus pies y aparecer en todas las revistas de moda y sociedad de varios países. Si lo hubiera deseado. Pero nada más lejos de la realidad. Carmen Franco y Polo, Carmencita para los españoles durante muchos años, escogió la prudencia sin desatender la renovación lógica de su guardarropa a través de los tiempos. Probablemente guiada por sus padres, acabó forjando un estilo correcto y sin pretensiones. Carmen Franco, que no era alta ni tenía un físico tan espectacular como el de sus hijas, supo sacarse partido al arreglarse, sin buscar excesivo protagonismo. Tras sus austeros trajes de chaqueta oscuros poco después de acabar la guerra, Carmen se fue adaptando a los tiempos con naturalidad, sin por ello dejar de seguir ciertas consignas de su madre. Cuando Eva Perón visitó España en 1947, en lo que se convirtió en un verdadero duelo de formas y valores con o contra Carmen Polo de Franco, Carmencita acudió a varios actos de aquellos 18 eternos días de visita ataviada con los clásicos vestidos cruzados de gran caída y seda azul de lunares blancos que la misma Evita llevaba en la época. Tanto su vestido de puesta de largo como el de novia los llevó a cabo con maestría y sencillez Cristóbal Balenciaga, y la novia portó una diadema de brillantes y perlas regalo de sus pa- Un día de cacería Carmen y su padre Francisco Franco, en 1969, en la finca de Manuel Fraga dres, unos pendientes de perlas y su pulsera de pedida. La peinó, como tantas otras veces, la peluquera Rosita Zabala. Doña Carmen Polo, su madre, más que gastar mucho en ropa, invertía en joyas, perlas, brillantes y accesorios que dieran un giro de sofisticación a sus a menudo sencillos atuendos. Su hija, que heredó la trousse de Doña Carmen Polo, no abusó a la hora de utilizar sus joyas. Durante los años 50, ya casada, se contentaba con escoger trajes de chaqueta de manga tres cuartos, tocados con algunas flores monocolor y sencillos twin- sets. Siempre correcta, pero sin salirse del guión, durante los años 60 lo mismo se fotografiaba en el campo de sport con una simple camisa blanca, que con un precioso abrigo recto de paño cuando llegó la excéntrica y enigmática Imelda Marcos a Madrid. Durante los años 70, la entonces Marquesa de Villaverde, que tiraba mucho de modista casera, se aventuró a comprar en sus frecuentes viajes al extranjero prendas y accesorios vistosos y coloridos. Sus bolsos, las flores en los vestidos y sus atuendos de playa, mezclaban perfectamente las tendencias con su estilo discreto. Carmen Franco iba impecable de mantilla, con traje regional, vestida de caza o a las fiestas del verano en Marbella. A partir de los años 80, y tras la muerte de su padre, el General Franco, Carmen simplificó aún más su vestuario. Se ha ido una mujer valiente, elegante, realista y optimista, que dedicó sus últimos años a estar cerca de familia y amigos, sin dar nunca un motivo de polémica. Carmen Franco desplegaba la elegancia contenida de quien a sabiendas de quien es, no quiere hacer ruido por ello.