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64 CULTURA DOMINGO, 31 DE DICIEMBRE DE 2017 abc. es cultura ABC CRÍMENES EXTRAORDINARIOS Lo extraordinario se sitúa fuera del orden o regla natural o común, según la RAE. Ese es el lugar donde anidan las mentes criminales, fuera 8. LOS MARQUESES DE URQUIJO (Urbanización de Somosaguas Pozuelo de Alarcón, Madrid viernes 1 de agosto de 1980) Un matrimonio de la alta sociedad madrileña asesinado a tiros mientras dormía en su lujosa mansión; él, un padre rígido en exceso; ella, una madre solitaria, que sufría de continuas jaquecas, y devota del Opus Dei; dos hijos veinteañeros que heredarían una inmensa fortuna; un yerno pusilánime y con terribles desequilibrios anímicos; un administrador del patrimonio familiar que lavó los cadáveres con agua caliente y quemó documentos antes de que llegaran la Policía y los forenses; un mayordomo de extrañas reacciones y con ganas de protagonismo. Y como escenario, la fusión del Banco Urquijo con el Hispano, a la que el marqués se oponía y que se acabaría produciendo meses después de los crímenes. Son los elementos del doble crimen de los marqueses de Urquijo por el que fue condenado a cincuenta y tres años de prisión el yerno, Rafael Escobedo. Cumplidos ocho, se quitó la vida en la cárcel de El Dueso. Muerte y silencio en la noche última de los marqueses de Urquijo E l teléfono sonó en la redacción del periódico de sucesos El Caso El reloj marcaba las nueve y cuarto de una mañana que se presentaba sofocante y desértica en Madrid. Era viernes 1 de agosto; el primer verano de los años 80. -Se ha cometido un crimen en el chalé de los marqueses de Urquijo. Es en Somosaguas. Vayan pronto. Aún no se ha avisado a la Policía dijo un hombre sin identificarse, que colgó sin esperar respuesta. Apenas había tráfico. Redactor y fotógrafo no tardaron en llegar a la lujosa mansión a las afueras del madrileño municipio de Pozuelo de Alarcón. Encontraron al chófer en la puerta, junto al vehículo en el que solía llevar a los marqueses, como si los estuviera esperando en un día cualquiera. Dio la triste sensación de querer mantenerse al margen de los movimientos inquietos del personal que se percibían en el interior a través de la verja. ¿Qué ha pasado? preguntó el redactor. El chófer permanecía impasible. Miraba a los ojos del joven sin inmutarse y callaba. -Venga, hombre... ¿Es verdad que han matado a los marqueses? En ese momento se oyeron gritos de fondo, femeninos. Sería alguien del personal de la casa, que habría visto ya alguno de los cadáveres. Entonces el chófer habló: -El cristal de la puerta de la piscina estaba roto. No han robado nada. Iban a por ellos... agachó la mirada echándolos de menos. La primera en llegar tras la policía fue Miriam, la hija mayor, de veinticuatro años. Hacía dos que se había casado con Rafael Escobedo, pero ya vivían separados. No podía creerse lo que le habían dicho: ¿Por Dios, qué ha pasado aquí? Esa era la pregunta que todos se hacían, ¿qué había pasado esa noche... marqueses dormían desde hacía tiempo en habitaciones separadas. Uno de los asaltantes se dirigió sin vacilar hacia el dormitorio del marqués, lo alumbró con una linterna mientras se aproximaba a él con paso firme, y a una corta distancia le descerrajó un tiro en la nuca, limpio y certero, que lo mató al instante. Hecho. Había sido fácil. Aparentemente... Muerte y casualidad Culminado su propósito iban a abandonar el lugar cuando, en la huida, tropezaron con un mueble. ¿Quién anda ahí? ¿Manuel... te ocurre algo? La marquesa se había despertado con el ruido. Nunca sabemos la fracción de segundo que aguarda a nuestro final. Caminamos con ello mientras vivimos. Está ahí aunque parezca no existir; hasta que llega. Y aquella fracción de segundo en la que los asesinos podían haber huido sin dejar rastro pero en la que, sin embargo, rozaron una silla levemente, lo suficiente para que se tambaleara y golpeara una cómoda del pasillo haciendo que la pistola de uno de ellos se disparara por accidente, condujo a María Luisa a la muerte segura. Por una casualidad un terrible final... Implacables, los verdugos entraron como una ráfaga en su habitación en el instante en el que se incorporaba para comprobar qué pasaba y le dispararon en la boca. Uno de ellos le sujetó el cuello para no errar, todavía estaba viva aunque rota por el dolor, y volvió a disparar esta vez en dirección ascendente, alcanzándole el proyectil el cerebro. Se desplomó en el lecho revuelto. Lo que creyeron que había sido un asesinato fácil y limpio derivó en una orgía de sangre, en la cama, el suelo, las paredes... El arma: una pistola pequeña con silenciador, del calibre 22. En días posteriores, los expertos en balística atestiguarían que las balas habían sido previamente manipuladas para causar mayores lesiones internas. ¿Quién podría desear tanto mal a las víctimas? Periodistas ante la casa donde se produjeron los hechos ABC La noche del crimen Amparados en la oscuridad, dos hombres saltaron la valla del chalet, de apenas un metro de altura. Sabían dónde estaba la alarma y fueron a desconectarla. Boli, el caniche, no ladró. Los intrusos rompieron con cuidado la puerta de cristal que daba acceso a la piscina cubierta, metieron la mano y giraron la llave. Siempre estaba puesta. Y eso también lo sabían. En realidad sabían demasiadas cosas, demasiados detalles que les iban franqueando el paso. Una vez dentro del edificio principal de la vivienda, se dirigieron hacia el acceso al vestíbulo y el salón en su camino a las habitaciones del piso superior. Con un pequeño soplete hicieron un orificio de diámetro suficiente para introducir la mano y quitar el pestillo de una gran puerta corredera. Enfilaron la escalera de subida con la complicidad de la moqueta, que amortiguaba el ruido de sus pisadas. Ya estaban cerca del objetivo. Los El asesinato de los marqueses de Urquijo ocupó la portada de ABC el 2 de agosto de 1980