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44 INTERNACIONAL DOMINGO, 31 DE DICIEMBRE DE 2017 abc. es internacional ABC Evan O Neill es un doctor australiano que ha trabajado en medicina de emergencia y pediatría. Recientemente ha vuelto a casa tras trabajar como responsable de actividad médica en Bangladesh en respuesta a la crisis de refugiados rohingyas ALGUNOS CORREN, OTROS DAN ZANCADAS Y OTROS COLAPSAN Y TIENEN QUE SER CARGADOS EVAN O NEILL iro a través de la ventana de la furgoneta de MSF cuando saltamos y salimos de la clínica, lejos del campamento y de nuestro trabajo. El sol bosteza con un brillo rosa mientras se desploma tras las colinas dejando los últimos rayos del día. Desde este momento, una leve señal inconstante en mi teléfono móvil es la única manera en que puedo apoyar al médico que se queda en el turno de noche. Es su primera vez con Médicos Sin Fronteras (MSF) como médico en solitario, por lo que hablamos con regularidad. A medida que las horas avanzan hacia el amanecer, su entusiasmo y confianza crecen. Ha M ayudado a una madre a dar a luz. ¡Estaba tan orgulloso! Su contribución sirve para completar un ciclo de 24 horas de atención continuada en el campo. Pero eso es lo que ocurriría esta misma noche. Ahora mismo sigo mirando por la ventana. Conducimos lentamente, pues es la única forma de lidiar con vacas adormiladas, peatones distraídos, autobuses con exceso de velocidad, camiones pesados y enjambres de tomtom (motocarros eléctricos) y rickshaws en este camino rural. Más allá de amontonados refugios de otro asentamiento improvisado, un montículo llama mi atención. Ha sido desprovisto de cualquier vegetación, pero sigue estando vivo: una multitud de niños embarrados juegan a volar cometas. Mientras se costa. Esta mañana, el mismo sol de desvanecen en siluetas, las cometas la costa encontró a más refugiados. En amarillas, rosas y verdes bailan a tra- el punto de entrada hay alguna carrevés del crepúsculo rosado, ahora rojo. ra, zancadas y colapsos. A algunas perPronto habrá otra parsonas las tienen que llecela con más bambú y lona, var. Algunos están desGenerosidad a medida que lleguen más consolados, y la mayoría Entre los refugiados rohingyas. sin traza de expresión en refugiados hay sus rostros. Nuestra clínica móvil en el punto de entrada nos anun- huérfanos. Uno Entre los refugiados de siete meses hay huérfanos. Hoy miscia nuevas llegadas a través del canal. ¿Cuántos viafue adoptado y mo he visto a uno que tejes, cortos pero peligrosos, amamantado nía solo siete meses, cruzan el canal? ¿Cuántos por una madre adoptado y amamantamás aún esperan al otro do por una amable maque ya tenía lado? dre que ya tenía cuatro cuatro hijos El canal es pintoresco: eshijos. Como llegaron juncenas de postales de barcos tos al campamento no es de pesca de gran altura y árboles tro- una buena historia que contar: el bebé picales incontenibles bordeando la fue encontrado solo en Myanmar por otra persona. ¿Dónde? ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Qué había sido de los padres? Todo esto se desconoce, pero no importa, ahora ya está aquí. Belleza y dolor Esta madre amamantaba al débil bebé a la vez que al suyo. Se la ve muy cansada. Su leche le ha mantenido con vida hasta ahora y sin ella estoy seguro que el niño no habría llegado hasta aquí. Su desnutrición se aprecia desde el otro lado de la habitación: pliegues vacíos en la piel, cabeza triangular, costillas demasiado prominentes y ojos distantes. Algunos menores no acompañados llegan a nuestra clínica porque las madres están ocupadas atendiendo a otros hermanos. Ese es el caso de una niña de 10 años que vi agarrada a su hermano pequeño en la sala de espera. Fueron atendidos, recibieron medicinas (incluido un tratamiento de agua y galletas) y les pedimos que volvieran con un adulto. No recuerdo haberla vuelto a ver. Supongo que su hermanito debe estar mejor, al menos lo espero. Una notificación de mi iPad interrumpe maleducadamente mis pensamientos. Ignoro la intrusión y vuelvo a contemplar a través de la ventana. Me pregunto si las lustrosas colinas ofrecen alguna ruta de senderismo. El escenario es un violento contraste entre belleza y dolor. No es posible ignorarlo ni reconciliarme: este dolor sigue siendo una espina clavada en mi corazón. Un hombre ayuda a desembarcar en la costa de Bangladesh a refugiados rohingyas que huyeron de Birmania AFP