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14 OPINIÓN MONTECASSINO PUEBLA DOMINGO, 31 DE DICIEMBRE DE 2017 abc. es opinion ABC HERMANN ESPERANZA NACIONAL DE 2018 Un año muy peligroso ha hecho despertar a España C ONCLUYE hoy un año en el que España vivió peligrosamente. Porque durante el mismo se cumplieron muchas de las amenazas que se han gestado en años, lustros y décadas anteriores. Sin que nadie hiciera absolutamente nada por desactivarlas. Por el contrario se permitió que se consumara un golpe de Estado organizado durante años a plena luz. Hemos estado en 2017 cerca de la catástrofe. Porque pudimos lamentar muertos en enfrentamiento civil entre españoles. En lo que habrían sido daños irreparables. Sobre todo el día 8 de noviembre, cuando grupos separatistas con la complicidad de los Mozos de Escuadra paralizaron las comunicaciones en Cataluña. Fue paradójicamente la asistencia al delito por parte de la policía autonómica lo que evitó tragedias. Porque las víctimas de aquella operación masiva de coacción, los españoles de bien bloqueados en las carreteras, hartos en Cataluña de ver pisoteados sus derechos, estuvieron a punto de recurrir a la fuerza para defenderlos. Lo habrían hecho en muchos cortes con barricadas en autopistas y carreteras si los mozos de escuadra no hubieran ejercido un apoyo tan contundente a los delincuentes que cortaban el tráfico y cercenaban las libertades. Esa fuerza armada de 17.000 miembros participó en esas y otras acciones necesarias para el golpe de Estado llevado a cabo por la Generalidad. Ahí es nada. Lo vieron todos los españoles el día 1 de octubre y después. Hasta llegar a la nefasta y vergonzosa proclamación desde el parlamento regional de la república catalana, como Estado independiente y soberano Nadie impidió esa página negra en la milenaria historia de la Nación Española y en cinco siglos de estado moderno. Pero aunque hayamos vivido 2017 con peligro y ofensas insufribles, 2018 se abre con una esperanza que España no gozaba desde los comienzos de la transición. Se ha roto la permanente deriva antinacional que impuso el consenso político bajo el síndrome del antifranquismo. La grave agresión y la humillación sufridas han despertado a la nación. Capital fue el para muchos inesperado y soberbio liderazgo moral de un Rey Felipe VI que expresó el juicio y la voluntad nacional al tachar de intolerable lo intolerable frente a la insufrible política pusilánime y cobarde. Al discurso del Rey se unió el pueblo en Barcelona. Y el gobierno tuvo que reaccionar. La sociedad española se ha reencontrado con España. Que es una nación milenaria a la que se ha tenido maniatada y vejada a fuerza de identificarla con un régimen, el del general Franco, que duró 35 años y concluyó hace 42. La crisis en Cataluña está lejos de solucionarse. Pero España comienzan este año de forma muy diferente a los anteriores. Las banderas nacionales siguen en las ventanas y la defensa de la nación, de su unidad, de su historia y de su lengua común, es ya prioridad para muchos millones de españoles. Quienes no reaccionen podrían verse pronto arrollados por esta nueva realidad tan esperanzadora. PROVERBIOS MORALES JON JUARISTI MAPAS Nada nuevo bajo el sol. Ni Tabarnia L nacionalismo va de delirio cartográfico. De disneylandias fantasmagóricas, improvisadas a lo Frankenstein mediante la combinación de mapas comarcales a escala microscópica, cuya toponimia ha sido vertida a alguna lengua zombi. Una geografía majareta más afín a los desarreglos paranoicos de aquel presidente Schreber de los juzgados de Dresde, precursor doméstico de Hitler, que a los esfuerzos de honrados cosmógrafos medievales que echaban mano de los bestiarios para exorcizar el horror vacui de la numerosa terra incognita, salpicándola de bichos imaginarios bajo los que ponían el rótulo hic sunt dracones u otros parecidos, como hic habitant leones. Rótulo, este último, que mis queridos Fernando Savater y Sara Torres trasladaron al castellano de Donostia Aquí viven leones para titular una serie documental sobre escritores, nunca realizada, que se convirtió en una maravillosa colección de ensayos. Durante casi cuatro décadas, la televisión autonómica vasca, por ejemplo, ha recurrido en sus meteorologías a un mapa nacionalista de un país inexistente, la Euskal Herria poblada por una raza cromañoide hablante de un idioma paleolítico, y conste que no me invento nada: así consta en los libros de formato coffe table que el Gobierno autónomo vasco regalaba y supongo que seguirá regalando a los guiris ilustres de visita en Vitoria. Este género de distopías, que comenzaban siendo puramente turísticas para derivar en corto plazo a irredentis- E mos racistas, suscitó parodias literarias desde su misma aparición. Como cualquier linaje de ficción, el nacionalismo engendra aspirantes a sepultureros. Ni más ni menos que los libros de caballerías o las pelis de superhéroes cuando devienen inaguantables pesadillas reiterativas, días de la marmota. Las parodias llaman la atención, divierten, hacen gracia, pero se olvidan pronto. Quién se acuerda hoy, pongamos por caso, de los desopilantes cuadros vascos de Manuel Aranaz- Castellanos (1875- 1925) o de Le Mammouth Bleu (1935) la novela espeleológica de Luc Alberny, nombre de pluma del oftalmólogo provenzal Edmond Astruc (18901969) que soñó una Gran Euskaria subterránea bajo el pico de Bugarach, reino independiente de mamuts vascoparlantes gobernados por un inconmensurable espécimen de color azul (los evoco aquí, en Hong Kong, ante el escaparate de una tienda donde se exhiben magníficos relieves budistas esculpidos en colmillos de mamuts exhumados del permafrost siberiano) Con todo, confieso mi preferencia por aquella propuesta barojiana contra la Euzkadi levítica: una república del Bidasoa (o Bidasoadi) sin frailes, sin moscas y sin carabineros. Conviene recordar que tal propuesta corona y cierra un breve ensayo (bajo forma de conferencia ficticia) Momentum catastrophicum, publicado en 1919, donde Baroja respondía a la efervescencia suscitada en los medios nacionalistas de Bilbao y Barcelona por la catastrófica aplicación del derecho de autodeterminación (auspiciado por Wilson y Lenin) a los imperios centrales, con la defensa de una amplia y sólida autonomía para las ciudades (como Bilbao y Barcelona, precisamente) que las protegiese del embate separatista fraguado en el rencor de la provincia carlista. Se trataba, creía Baroja, de defender la revolución liberal, que, como en el siglo anterior, resistía en unos cuantos islotes urbanos en medio de un mar de contrarrevolución agraria. En fin, que lo de Tabarnia no representa novedad alguna. Nada parece que pueda sacarnos del atolladero prehistórico. No, por lo menos, mientras se siga dando crédito a la tabarra de los mamuts subpirenaicos. Ni Tabarnias ni repúblicas del Bidasoa. Lo siento.