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ABC VIERNES, 29 DE DICIEMBRE DE 2017 abc. es opinion OPINIÓN 13 UNA RAYA EN EL AGUA EL BURLADERO CARLOS HERRERA ME PARTO CON LO DE TABARNIA Tabarnia es una broma absurda que pone de los nervios a quien usted puede imaginar UÉ hubiera sido de Ionesco, Backett, Genet o Mihura sin el absurdo? Sin el sentido del sinsentido, sin el abandono del relato dramático racional, sin el rechazo del lenguaje lógico, sin la realidad grotesca o las tramas circulares, ellos habrían perdido un modo de vida y nosotros un teatro esencial. No hay que ser existencialista como Camus para usar filosóficamente la palabra absurdo y volcarla en la política. Más concretamente en la española y, en particular, a la que hace referencia a Cataluña y sus disparates. Es absurdo que algunos dirigentes catalanes quisieran abandonar la UE, absurda la tempestad de odio visceral con que se despacha a la disidencia del nacionalismo, absurdo que un electo pretenda erigirse en presidente desde otro país con mando a distancia, absurdo el independentismo en sí, y, ahora, que unos cuantos ciudadanos hayan tenido la idea de ponerles un espejo a los nacionalistas con la idea de desacreditar su proceder es acogerse al absurdo para denunciar al absurdo en sí. Eso es Tabarnia, la ocurrencia que corre como la pólvora entre la risa de muchos y la irritación de otros tantos. Tabarnia es una broma absurda que pone de los nervios a quien usted puede imaginar. Que una parte de Cataluña, la más urbana y de voto mayoritariamente constitucionalista, se constituya en un territorio independiente de la Cataluña independien- ¿Q te es una muy brillante ocurrencia ya que evidencia las muchas contradicciones del llamado procés que está dejando esa comunidad en los huesos. Dicen sus impulsores que llevan recogidas ya miles y miles de firmas en change. org que actúan exactamente igual que lo hacen los independentistas respecto a España y que, por lo tanto, exigen también un referéndum para decidir su exclusión de la República Catalana. Al no ser el sentido del humor un fuerte de los nacionalistas, estos responden con cierta irritación apelando al Estatut y al no reconocimiento de ese derecho para ningún territorio de la hoy aún Comunidad Autónoma, sin darse cuenta de que la respuesta es muy sencilla: tampoco la Constitución reconoce derecho a fraccionar España sólo con el voto de la parte pretendiente, y sin embargo ellos ha seguido adelante. Y así todo. Si a eso le añadimos que mañana surgirá alguna plataforma parecida en el Valle de Arán y que dentro de Tabarnia surge ya un movimiento para hacerse independiente de Tabarnia e incluirse en el territorio catalán Catabarnia el absurdo total está servido. Imagino un futuro en el que el barrio de El Clot se separe de Barcelona y el de Vilaroja lo haga de Gerona. Y que haya calles del barrio de La Guineueta que se independicen de las perpendiculares. Que mapa más divertido. Ciertamente, es para partirse la caja. Por demás, se presiona a Inés Arrimadas para que intente formar gobierno a sabiendas de que no podrá hacerlo. Yo, en mi modestia, sí que lo haría: es una forma de visualizar tu victoria, tu triunfo que no ha sido menudo y de mostrar un programa de gobierno sin monsergas. Es la forma de hablarle a un Parlamento de mayoría independentista, campuza y surrealista de lo que le interesa a la Cataluña constitucionalista; y de ver cómo ese mismo independentismo dividido hace esfuerzos hercúleos por disimular la inquina que le tienen. Lo haría simplemente por poner de los nervios a los xenófobos supremacistas que no pueden concebir que una muchacha nacida en Jerez de la Frontera, tan lejos de todo, pueda encabezar la lista más votada. Esa es la clave de las cosas: hay que evidenciar que el recuento le dio a su partido el mayor número de votos. Y que su victoria se produce en el territorio que unos cachondos quieren poner a buen resguardo de la insufrible Cataluña de los indepes Vente arriba, Inés. IGNACIO CAMACHO LA MATRIOSKA La Constitución define como sujeto soberano al pueblo español, no a los pueblos de España y el matiz tiene relevancia L pueblo catalán no existe. Existen los ciudadanos de Cataluña, pero en términos jurídicos, que son los únicos que deben regir en los debates sobre soberanía, en España no hay más pueblo que el español, única fuente de legitimidad política. La Constitución instaura como sujeto soberano al pueblo español, no a los pueblos de España y el matiz tiene expresa y primordial relevancia. Por tanto, el derecho a la autodeterminación tampoco existe ni existe un titular político que pueda reclamarlo en nombre de nada. El concepto de pueblo de Cataluña, como el de Andalucía, el de Valencia o el de Navarra, no es más que una metáfora: un artificio lingüístico, una convención retórica, una construcción semántica. La broma de Tabarnia, aunque algunos políticos no hayan debido de fomentarla, ha servido para situar a los independentistas contra la pared de su desvarío. Los ha puesto nerviosos porque revela la contradicción de un delirio: el derecho a la diferencia, llevado al absurdo, podría empujar a autodeterminarse hasta a una comunidad de vecinos. En Quebec, el ejemplo en que gusta de mirarse el secesionismo, esa idea funcionó como freno de la ruptura cuando el ministro Stephan Dion la incluyó parcialmente en la Ley de Claridad y los separatistas comprendieron que si se emancipaban de Canadá podían correr el mismo peligro: que la próspera región de Montreal reclamase el control de su propio destino. Pero existe una pequeña diferencia: que la Constitución canadiense sí contemplaba la posibilidad de ruptura, y lo que hizo Dion fue reclamar para el Estado el derecho a establecer el porcentaje de voto mínimo. Fijó reglas: los soberanistas tenían que reunir una mayoría bien cualificada y arriesgarse además a sufrir el efecto matrioska de la secesión de sus territorios más ricos. Todo esto es hablar por hablar, un mero ejercicio especulativo. En España simplemente no resulta posible porque no lo permite el marco normativo. Y así debe ser: si los puchimones llegasen a consumar su proyecto, lo primero que harían sería prohibir la autodeterminación en su flamante república porque ningún Estado puede fundarse sobre la posibilidad de destruirse a sí mismo. Pero como viven instalados en la ley del embudo quieren imponer a los españoles lo que ellos no permitirían en su particular dominio. Son reyes de la doblez, maestros del sofisma y de la impostura, artistas del cinismo. A partir de ahí llegarán hasta donde se les deje llegar, hasta donde el Estado quiera permitir la cháchara de la nación milenaria y del destino manifiesto. Las señales no son positivas porque los partidos constitucionalistas en caído en una pájara postelectoral, en un depresivo desconcierto. Y si algo ya deberíamos haber aprendido todos es que los nacionalistas siempre ocupan, con terquedad y entusiasmo dignos de mejor causa, el terreno que los demás le dejan descubierto. E JM NIETO Fe de ratas