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44 CULTURA MARTES, 26 DE DICIEMBRE DE 2017 abc. es cultura ABC 40 CHAPLIN Carles Chaplin murió en su casa de Suiza el día de Navidad de 1977. Tras cuatro AÑOS SIN décadas, sigue vigente su obra, y su personaje Charlot le asegura un lugar inmortal en la historia del cine OTI RODRÍGUEZ MARCHANTE D e los muchos motivos que le dio Charles Chaplin al mundo para que no lo olvidara nunca, el que lo trae ahora hasta aquí no tiene que ver con su aportación artística sino más bien con lo contrario, su deportación el recuerdo de su muerte, un 25 de diciembre de hace cuarenta años, en su casa suiza de Vevei. Puesto que vivió y murió ya gigante, el tiempo transcurrido desde su deportación de nuestro mundo no le ha añadido más grandeza de la que tenía, pero sí se puede asegurar que, tanto él como su monumental personaje, Charlot, están ya impermeabilizados contra la agresión del tiempo e instalados para siempre en la memoria individual y colectiva del mundo. O dicho de otro modo: estancados en la eternidad. La frase difícilmente se podrá añadir de Chaplin algo que no se haya dicho ya que, además de muy cierta, produce angustia y rigidez a quien se disponga a escribir de él, la pronunció René Claire, tan chapliniano, en ¡1929! cuando el talento de Chaplin aún no había producido sus más grandes obras, como Luces de la ciudad Tiempos modernos El gran dictador Candilejas Pero hoy, todo Chaplin, su vida abierta y su obra cerrada, está sellado en una hornacina que irá pasando de generación en generación en un inalterable combinado de lo escueto y lo completo: el hueso de una imagen como de póster, un sombrero de hongo, un bigotito, una cachava, unas botas viejas de puntas romas... y la carne de un personaje infantil, romántico, vagabundo y digno que miró su siglo con una sencillez y una complejidad únicas. El de Chaplin es probablemente el único caso en la historia de cualquier arte en que un mismo artista consiguió al tiempo ser la pura vanguardia y el más rezagado... Fue la vanguardia de un arte de vanguardia en la época de las vanguardias, y milagrosamente el hombre que en 1936 hizo Tiempos modernos puro regocijo y poesía del cine mudo una década después de que el sonoro cambiara el arte cinematográfico y produjera una lluvia torrencial de obras maestras. Vanguardia La paradoja de esa vanguardia que, sin dejar de serlo, se queda muy atrás, es en Charles Chaplin solo una más de las que se pueden observar en su vida personal, íntima, y en su obra, que despidió a su personaje, Charlot, la esencia del cine mudo, con un discurso histórico en la pantalla (histórico y premonitorio) al final de El gran dictador filmada en 1939 y en la que vaticinaba mediante una grotesca caricatura lo que se cernía sobre Europa y el mundo a causa de Hitler. Lo paradójico es, pues, la sustancia con la que se construyó Chaplin y diseñó a Charlot, que eran capaces de reunir en un mismo instante lo sentimental y lo despiadado, y un paisaje extraño y único dominado por el oxímoron, por la fiereza pacífica, por la alegría tristísima, por la elegancia miserable, por la generosidad mezquina, por la velocidad lenta, por la poesía canalla, y hay tantas líneas oscuras en la vida de Chaplin que sorprende el candor blanco de su cine. Años antes de ser deportado por la vida, Chaplin sufrió una deportación más vergonzosa y dolorosa, la del Comité de Actividades Antiamericanas, que lo obligó a salir del país durante el estreno en Europa de Candilejas su obra maestra sin Charlot, aunque luego volviera veinte años después para recibir el homenaje de la Academia de Hollywood. El homenaje de ahora por los cuarenta años de su fallecimiento no tiene, claro, el propósito de que vuelva, sino el del reconocimiento a alguien que no se irá nunca. Charlot Chaplin El inmortal Charlot, a la izquierda. Sobre estas líneas, en Candilejas su obra maestra. Debajo, su entierro en Suiza. Abajo, en una corrida de toros en Las Ventas y rodeado de su esposa y sus 8 hijos ABC