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12 OPINIÓN LLUVIA ÁCIDA PUEBLA VIERNES, 15 DE DICIEMBRE DE 2017 abc. es opinion ABC DAVID GISTAU ASESINATO El crimen de Zaragoza lo cometió su autor y nadie más. De la atmósfera hay más culpables U NA extraña convención lingüística permite usar el término fascista como eufemismo para definir cualquier forma de odio político. Aunque proceda de la izquierda. Ello ha contribuido a potenciar un fenómeno típico de Occidente desde los tiempos en que los intelectuales de la generación de Shaw y Reed descubrieron en la revolución el parque temático de la utopía y del complejo de superioridad moral: la exoneración sistemática de cualquier extremismo de izquierdas. Cuando éste se produce, resulta ser fascismo como si hubiera que conservar una presunción de pureza de la izquierda dispersando el origen de su violencia, disociándolo de doctrinas como la comunista, o adjudicándolo a los extremismos de derecha que, afortunadamente, sí salieron estigmatizados del siglo XX por más que ahora intenten mutar en lo alt con los salvoconductos repartidos por la brillante ciudad en la colina La inocencia genérica de la extrema izquierda es tan fuerte que sirve para encontrar eximentes intelectuales a dictaduras y a agresiones internas a la democracia que, de cometerse con una coartada derechista, no tendrían atenuante posible. Sirve también para circunstancias más específicas. Por ejemplo, el asesinato de Zaragoza, especialmente sórdido y cobarde, en que un activista de izquierdas inspirado por el odio político mata (todo presunto) a un hombre por la espalda golpeándolo con una barra de acero. Resulta impresionante comprobar, en un país que otorga capacidad provocadora a su propia bandera, que la narración de este crimen cambia y se llena de atenuantes para el asesino si el hombre abatido en el suelo es relacionado mediante la propaganda del Tuiter con simpatías prohibidas. En la España actual, existen tal advenimiento del odio y tal recuperación de la figura del enemigo pendiente de liquidación que se llega a justificar la ofuscación del tal Lanza. El crimen de Zaragoza lo cometió su autor y nadie más. De la atmósfera hay más culpables. Basta recordar al Pablo Iglesias de YouTube, anterior a sus fingimientos de estadista escandinavo, cuando arrancó una conferencia diciendo a los presentes que a todos, también a él, les apetecería en realidad salir a la calle a cazar fachas Que el presunto asesino Rodrigo Lanza haya encarnado una de las causas favoritas de todos estos movimientos redentores que iban a refundar España y a salvarnos del franquismo es una casualidad relativa que resume bien la paradoja de los antisistemas acomodados en el sistema y predicando desde allí la fe verdadera. Resulta necesario preguntarnos si encomendaríamos nuestros destinos y aceptaríamos la condescendencia de movimientos radicales parecidos, igualmente restauradores de la función higiénica del odio y la violencia verbal, si éstos no pudieran presentar una credencial izquierdista. Es que hasta Rodrigo Lanza, presunto asesino por la espalda, nos ha dado aquí lecciones morales. ¡Y en la universidad de Salamanca! MONTECASSINO HERMANN NO FUE PINOCHET, FUE ZAPATERO La clase política es culpable por no parar el odio revanchista hispanófobo ICEN que Rodrigo Lanza, el chileno que le asestó dos golpes, el segundo mortal, con una barra de metal en la cabeza y por la espalda a Víctor Láinez, tiene un abuelo mas facha que su víctima. Es un militar chileno que como la inmensa mayoría de sus compañeros de armas participó en aquel régimen del general Augusto Pinochet que ahorró a los chilenos hoy vivir hoy bajo miseria y terror como cubanos y venezolanos. A cierta prensa española lo del militar pinochetista les vino bien para titular con la extrema derecha y no con la extrema izquierda que es donde están los auténticos inductores de esta salvajada le lleva a Lanza a la cárcel. De nuevo. No por lesiones como en 2006 cuando dejó tetrapléjico y destruyó la vida a un guardia urbano. Por asesinato de un hombre que tachó de fascista por sus tirantes con la bandera de España. No es su abuelo pinochetista el culpable de que este joven sea un ser rebosante de odio, capaz de matar por la espalda a un desconocido. Algo tiene que ver su familia cercana, a la vista de su comunicado con argumentos de combate de la extrema izquierda criminal. Como los comunicados de ETA convierte a la víctima en el culpable que arrastra al pobre Lanza a la acción. La víctima es culpable. Como los comandos de ETA, el izquierdista Lanza actúa por necesidad y obligación. D A nadie debe extrañar el pétreo silencio inicial y las defensivas formas después con que han reaccionado ante este crimen todas las fuerzas de izquierdas. Todas, sin excepción. Porque todas se saben afectadas. Saben que los jóvenes como Rodrigo Lanza que disfrutan fantaseando con la caza del fascista ¿te suena Pablo? y que han sido formados en el odio a esa bandera que produce asco ¿verdad Iglesias? son miembros de las camadas gestadas por el socialista Zapatero. En el libro Días de ira anunciaba la violencia tras este proceso de envilecimiento de los jóvenes radicales en la izquierda que asumían con el mensaje revanchista de Zapatero la Guerra Civil, el Frente Popular, como referente ético y estético. Matar al fascista se convirtió en gesta. Eso hacía abuelos heroicos y ejemplares. A emular. Por mucho que alguno después ante el juez pretendiera que precisamente el suyo había sido un antifascista ejemplar sin ni tocar jamás un pelo a un fascista. Aunque fueran mano derecha de una máxima autoridad en sacas y ejecución de civiles como Margarita Nelken. Los jóvenes que ayer llenaban las redes de aplausos al asesinato y disfrutan fantaseando con ejecuciones solo imitan a todos estos cargos públicos de Podemos que ya han borrado sus miles de tuits con alusiones a la muerte del adversario político. Zapatero y su hijo de guerra, Podemos, nos trajeron hasta aquí. La sangre de Láinez les salpica a ellos como a todo el frente mediático que no ha hecho otra cosa que un gran negocio de agitar contra España, desacreditar sus instituciones y símbolos y ayudar a la extrema izquierda y al separatismo a crear condiciones para ganar ahora la guerra Y acosar a los fachas desde las propias televisiones. Algunos sabemos de eso. Y en Cataluña las agresiones a la bandera de España, hasta la que pudo carbonizar a una familia con tres niños, siguen impunes. Toda la clase política española es culpable. Unos por acción y otros por cobarde omisión han dejado que el veneno de la mentira, de la desmemoria histórica del zapaterismo, destruyera el tejido de afinidades y afectos creados desde el fin de la propia guerra. Así surge ahora este odio desbocado que puede hacer de la muerte de Láinez un terrible augurio.