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ABC VIERNES, 15 DE DICIEMBRE DE 2017 abc. es opinion LA TERCERA 3 F U N DA D O E N 1 9 0 3 P O R D O N T O R C UAT O LU C A D E T E NA EL FALSO PROGRESO POR JORGE EDWARDS Yo me pregunto si los chilenos habremos recaído en el simplismo de hace algunos años, en esa antigua idea de la etapa del allendismo de avanzar sin transar que consistía, en la práctica, en avanzar sin pensar, o si actuaremos con madurez, con mirada lúcida, en el momento de depositar nuestro voto adentro de la urna rata. Sebastián Piñera nos anuncia que piensa crear 600.000 puestos de trabajo, y creo que lo dice con cautela, con seriedad, porque conoce el costo y la dificultad real de hacerlo, y Alejandro Guillier, de inmediato, sin hacer el menor cálculo, anuncia que él va a crear 900.000. Pues bien, confieso que esa respuesta rápida, fácil, utilitaria, no me convence. Piñera, después de conversar largo con Manuel José Ossandón, anuncia que tratará de acercarse a la gratuidad. Me parece correcto que cambie de orientación y que use el término acercarse esto supone saber que es un objetivo enormemente difícil, y que alcanzarlo sin desmedro de la calidad de la educación es un tremendo desafío. Pues bien, Alejandro Guillier, sonriente, mira hacia las cámaras y pone la gratuidad de un golpe encima de la mesa, como si fuera una carta que tenía escondida debajo de la manga. E L lenguaje se utiliza en estos días con una especie de blandura, con escaso rigor, con toda clase de lugares comunes inaceptables. Cuando tal o cual personaje político de la Nueva Mayoría, que hace rato empezó a ponerse vieja, o del así llamado Frente Amplio, equivalente criollo del Podemos español, se presenta como encarnación del progreso, y argumenta, con curiosa pedantería, que todos sus adversarios son representantes del retroceso, debería decirnos con claridad de qué retroceso nos habla, y de qué progreso. Desde luego, lo sabemos bien, aun cuando el exceso de claridad no sea su lado fuerte. El progreso en la izquierdización del país no se identifica en propiedad, en rigor, con el auténtico progreso. Son conceptos esencialmente diferentes y demasiado a menudo divergentes. Desconocer esta noción esencial, analizada por los mejores pensadores modernos desde hace décadas, es ignorar la historia del siglo XX y del siglo XXI. Los dirigentes comunistas chilenos, que en esos días se encontraban de paso en el Moscú de Leonidas Breznev, fueron los primeros dirigentes marxistas del mundo conocido que aprobaron la invasión de Checoslovaquia por los tanques del Pacto de Varsovia. Nos tratan ahora como si fuéramos encarnaciones del retroceso social, pero no nos han dado nunca una explicación razonable sobre ese flagrante retroceso, provocado por la fuerza las bayonetas soviéticas en uno de los países más cultos del centro de Europa, con el aplauso de nuestros dirigentes y del entonces reverenciado e idolatrado Fidel Castro. Fue un retroceso brutal, un acto de barbarie, seguido de una represión bautizada con el nombre tramposo de normalización El héroe de la salida democrática de su país se llama Vaclav Havel, humanista, dramaturgo de talento superior, a quien sus enemigos soviéticos acusaban de provocar un retroceso Ahora conocemos mejor las cosas. ¿Quién provocaba un retroceso y quién un progreso, Fidel Castro, Vaclav Havel? Me gustaría mucho conocer la respuesta de la Nueva Mayoría, la del Frente Amplio. En estos días se publica en México un ensayo del gran historiador cubano Rafael Rojas sobre la censura intelectual en la revolución de Cuba: censura implacable, terrorífica, mantenida durante más de medio siglo. ¿Nuestros jóvenes comisarios, nuestros partidarios de aquello que Octavio Paz bautizó como el Ogro Filantrópico, entidad que se fortalece en la Venezuela de hoy y en otros lugares cercanos, no creen que nosotros, modestos electores chilenos, merece- o me pregunto si los chilenos habremos recaído en el simplismo de hace algunos años, en esa antigua idea de la etapa del allendismo de avanzar sin transar que consistía, en la práctica, en avanzar sin pensar, o si actuaremos con madurez, con mirada lúcida, en el momento de depositar nuestro voto adentro de la urna. Mi ambición, después de una larga vida pasada en Chile y fuera de Chile, en contacto con el vasto mundo, pero regresando a cada rato al redil criollo, al cerro de Santa Lucía, a las costas, acantilados, edificios rocosos del OcéaNIETO no Pacífico, consiste en que el país se acerque al primer mundo, a la futura Argentina de Mauricio Macri, a nuestros vecinos de la mos una explicación mínima? Octavio nos de- Alianza del Pacífico, a Francia, Alemania, Espamostraba, con enorme paciencia, con profundi- ña, guardando todas las distancias, y no a la Cuba dad, con estilo incisivo, que el marxismo, tal de los hermanos Castro, ni a la Venezuela de como se había desarrollado a mediados del si- Hugo Chávez y de Nicolás Maduro, con perdón glo XIX, no era más que la crítica de la ilustra- de mis numerosos, sufridos, acongojados amición y del liberalismo burgués del siglo anterior, gos cubanos y venezolanos. Chile siempre ha y que ya había llegado el momento de hacer la sido un país de influencia superior a sus cifras, crítica de la crítica. Yo la hice después de estar a su tamaño en el concierto internacional, a su tres meses en el interior de la revolución cuba- número de habitantes. No me convencen muna, tres meses que me bastaron y me sobraron, cho las actuales propuestas culturales de nuesy me cayeron encima los anatemas, las amena- tros candidatos, inferiores, en líneas generales, zas, los vetos de toda clase. Amigos comunistas a nuestro pasado como centro de cultura en Hisfranceses, italianos, sudamericanos, se me acer- panoamérica, pero puedo conversar y discutir caban y me decían al oído: tú tienes razón, pero con los sostenedores de una democracia liberal, no conviene decirlo todavía. Me pregunto si es- de un pensamiento abierto, de una revisión crítos jóvenes que nos descalifican con tanta arro- tica de los grandes temas. Confieso que me cuesgancia, con tanto simplismo, y agreguemos otra ta mucho, en cambio, encontrar lenguajes coidea clara, con tanta ignorancia, han compren- munes con populistas y voluntaristas variados. dido algo de los dilemas profundos, desgarra- El único progreso real, a mi juicio, consiste en dores, de las sociedades contemporáneas. Ma- administrar el país en forma seria, con energía, riana Aylwin se da el trabajo de formar un gru- con ideales y hasta con ilusiones, pero con una po de progresistas con progreso que creen en conciencia debida, necesaria, de los límites; acerel progreso efectivo de los países, no en el pro- carse a los objetivos mejores, más humanos, más greso de pura palabrería, de pura retórica. Me justos, pero, además de eso, posibles. No tirar parece un trabajo interesante, de iluminación cartas encima de una mesa verde. No creer que necesaria, de apertura de rumbos. Chile necesi- se nos puede impresionar con cuentas de vidrio. ta pensar con honestidad intelectual, con amor a la verdad, sin propaganda ideologizada y baJORGE EDWARDS ES ESCRITOR Y