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ABC MIÉRCOLES, 13 DE DICIEMBRE DE 2017 abc. es opinion OPINIÓN 13 UNA RAYA EN EL AGUA EL RECUADRO ANTONIO BURGOS LOS MOZOS YA NO SON NUESTROS Si los mozos de escuadra aplican la ley contra los manifestantes de la CUP, son la policía militarizada por el 155 S I nos hubieran dado 5 euros por cada vez que nos han puesto por la TV, ora pública, ora privada, las escenas de las cargas de la Policía Nacional contra las huestes de la CUP que cercaban y tenían virtualmente secuestrada a la comisión judicial que registraba la Consejería de Economía de la Generalidad de Cataluña, seríamos todos tan ricos que nos podríamos ir a pasar la Nochevieja a esa isla caribeña donde se ha casado la niña de Isabel Preysler. La táctica es tan antigua como la de los moros de Queipo, pero con televisión. Sabido es que al general don Gonzalo Queipo de Llano y Sierra, alzado en armas en Sevilla en julio de 1936 contra el Frente Popular de la II República y quizá aconsejado por su jefe de Estado Mayor, José Cuesta Monereo (un genio militar a rescatar y valorar) ocurriósele montar en unos camiones a las primeras mías de un Tabor de Regulares que acababan de cruzar el Estrecho desde el Protectorado de Marruecos y llegado a Tablada. Los hizo subir y bajar en distintos camiones, que puso a dar vueltas por la parte de Sevilla ya liberada de las milicias del Frente Popular. Y creyóse la gente que, con tanto camión y tanto moro dando vueltas, era poco menos que el Ejército de África entero el desembarcado en Sevilla para unirse a Queipo de Llano. Fueron los famosos moros de Queipo Técnica que es la misma, pero la mismita, que han utilizado contra el Gobierno de Madrid los indepen- dentistas catalanes, a propósito de las citadas cargas de la Policía Nacional contra los violentos separatistas de la CUP que tenían cercada a la Comisión Judicial en Economía. Tú pones una y otra vez por la TV las mismas escenas de los antidisturbios arreando la estopa de reglamento a los sitiadores de los registrantes y te crees, como los sevillanos republicanos con los moros de Queipo, que es la Policía Nacional entera, con todos sus efectivos, la que está dándole hasta en el carné de identidad a los asilvestrados separatas que destrozan coches y más coches de la Guardia Civil. Mucho después de aquellos hechos en los que la Policía Nacional no hizo más que actuar en nombre de la ley, los moros de Queipo, digo, los policías contra Puigdemont, siguen aporreando separatistas violentos en las televisiones, especialmente en TV 3. Pero en cambio cuando son los mozos de escuadra quienes tienen que aplicar una sentencia judicial contra los que cercan el Museo de Lérida para que no se ejecute la devolución a Sijena de los bienes artísticos expoliados por la Generalidad, y liberen de su cerco a los camiones que han de llevar a Aragón su centenario tesoro, y arrean la candela reglamentaria, entonces eso no sale en TV. No una y otra vez, sino ninguna. Tome usted la silla que tenga más cerca, para esperar sentado a que la tele saque una y otra vez a los mozos de Puigdemont que se fueron a arar temprano, a los mozos de escuadra ya no mandados por el felón Trapero, disgregando a los sitiadores manifestantes. Con una técnica como de lucha libre americana, que eso se lo vi yo hacer a Marcos el Maldito: coger los dedos como los ponía sir Winston Churchill para hacer la señal de la victoria frente a los nazis, e introducírselos en los ojos, a modo de doble estilete, a las levantiscas huestes de la CUP. ¿Pero sabe usted qué pasa, hablando de ojos, a los ojos del independentismo militante del 1- O? Que entonces ya no son nuestros mozos de escuadra. Si son los mozos de escuadra quienes aplican la ley contra los violentos manifestantes de la CUP, entonces son la policía militarizada por el 155 desde el odiado Madrid de la España que nos roba... casi tanto como la familia Pujol. Los mozos, entonces, ya no son de los nuestros. Son de Zoido. Y ni siquiera son mozos, que se enteren: son la policía militarizada del 155, por lo que no deben salir para nada en la tele largando fiesta. Faltaría más... IGNACIO CAMACHO LA CORRUPCIÓN DISTRIBUTIVA La esencia del caso ERE es el uso como combustible electoral de un fondo de reptiles, una cuenta opaca del presupuesto E JM NIETO Fe de ratas S la hora de la Justicia. El escándalo de los ERE llega a juicio tras una instrucción eterna, laberíntica, a veces heroica y a veces chapucera, de la jueza Alaya, y un aclarado final con centrifugado pro domu sua, es decir, a favor del sistema, de su sustituta. Tras un largo alboroto político ya casi amortizado en la opinión pública. Una veintena de altos cargos socialistas andaluces en el banquillo, entre ellos dos expresidentes de la Junta. Un baile de cifras astronómicas de millones presuntamente malversados y un régimen hegemónico, un verdadero latifundio de poder, bajo la sombra de algo más grave que la duda. La tesis de Mercedes Alaya, que aunque descafeinada y troceada después de su abandono sigue siendo el eje argumental del sumario, es la de un gigantesco mecanismo clientelar sustentado en el manejo discrecional de fondos públicos para obtener un lucro político. La vista oral que hoy comienza se ciñe sólo a la cúspide de esa pirámide institucional, en la que se sitúa la jerarquía del sistema autonómico de Andalucía durante la primera década larga de este siglo. Casi doscientos imputados más intermediarios, sindicalistas, abogados, comisionistas esperan turno al final de un inadmisible bucle procesal empantanado en el caos jurídico. Esos, sus garantías, su probable indefensión, su confusa suerte penal, a nadie parecen importar cuando se ventila la legitimidad de ejercicio de Chaves, Griñán y sus respectivos equipos: la nomenclatura pata negra del socialismo. Esta pieza es el núcleo de la causa, la que generará el máximo ruido, una santabárbara institucional cargada hasta los topes de potencial explosivo. La peligrosa simplificación del populismo mediático reducirá el juicio a la condena o absolución de los dos principales exmandatarios acusados de conocer, promover o consentir un ardid sistemático, un engaño metódico y duradero. Sin embargo, la esencia del caso reside en el procedimiento: el uso como combustible electoral de una partida opaca el célebre fondo de reptiles cebada durante años a costa del presupuesto. La corrupción distributiva, el nanofraude en serie, que captaba voluntades y pagaba favores con expedientes arbitrarios de regulación de empleo. La trama de clientelismo sindical y empresarial que la Junta construyó para cimentar su supremacía en el tráfico ventajista de intereses y privilegios. Ante un sumario tan enrevesado y complejo conviene abandonar los prejuicios, las conjeturas y los presentimientos: la justicia se basa en pruebas, testimonios y hechos. En ocho años de diligencias retransmitidas casi en directo se han aventado demasiadas suposiciones, indicios e hipótesis que han dado base a diversos relatos y hasta de veredictos paralelos. Éste es el momento de escuchar, por inevitable que sea el espectáculo, con la serenidad que requiere el Derecho. Llega tarde, muy tarde, pero va en serio.