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38 ECONOMÍA LUNES, 20 DE NOVIEMBRE DE 2017 abc. es economia ABC EL QUINTO EN DISCORDIA POR JOSÉ RAMÓN ITURRIAGA Al fin, la reforma fiscal americana Las idas y venidas de la reforma fiscal americana es otro de los seriales que está protagonizando el presidente Trump. En las últimas semanas, no ha habido día sin enfrentamiento con los miembros de su partido, tuits amenazantes o comentarios fuera de tono, en lo que ha sido una negociación a su más puro estilo. Al parecer, y aunque con este presidente nunca se sabe, ya existe un acuerdo. Coincidiendo con Acción de Gracias y un año después de su elección, finalmente logrará sacar adelante la primera iniciativa legislativa de calado. Algo absolutamente desastroso para el país, más aun teniendo en cuenta que las dos Cámaras están controladas por republicanos. Parecía difícil que los republicanos no pudieran ponerse de acuerdo en asuntos fiscales y, aunque han estado cerca de que no lo hubiera, al final se logró. Desde el punto de vista del partido, era importante llegar a un acuerdo de cara a las elecciones parciales del año que viene. Y desde una óptica presidencial, un primer entendimiento con el poder legislativo resultaba crucial. A falta de los detalles, no se pueden valorar todos sus efectos sobre la economía americana, aunque en cualquier caso serán positivos. Entre un 0,5 y un 1 más de crecimiento del PIB es lo previsible, por lo que Estados Unidos volverá a crecer más cerca del 3 que del 2 durante los próximos años. Así visto, no es mala noticia. Sin embargo, las autoridades monetarias americanas son menos entusiastas con la medida. La reforma llega tarde y mal: en el peor momento de la crisis, durante el mandato de Obama, los estímulos fiscales hubieran sido mucho mejor acogidos. Así, estas medidas pueden romper el equilibrio virtuoso por el que la economía crece (aunque no lo suficiente para generar presiones en precios) Ahora que la Reserva Federal ya ha comenzado la normalización de la política monetaria, el riesgo es quedarse sin la coartada de baja inflación para continuar con la retirada de estímulos de forma gradual. Los indicadores van por delante de los analistas El análisis de la evolución de las estimaciones de crecimiento de las distintas economías a lo largo del año resulta un ejercicio muy interesante. Las distintas casas de análisis y organismos institucionales tienen ya unas estimaciones de crecimiento para las economías del mundo en 2018. Y estas estimaciones irán evolucionando a lo largo del año en función de los distintos inputs que se vayan recibiendo. En el caso de España, y teniendo en cuenta todo lo que ha sucedido en los últimos años, podemos constatar que se ha infravalorado el potencial de crecimiento de forma sistemática. Durante los últimos cuatro años por estas fechas, las estimaciones de crecimiento han sido de media un punto porcentual inferior al dato Donald Trump, presidente de Estados Unidos ABC final. Y no creo que las casas de análisis o las instituciones nos tengan manía, sino que, sencillamente, se están perdiendo algo. El potencial de crecimiento de nuestra economía es más alto de lo que estiman y además es estructural. El modelo económico español ha sufrido una profunda transformación, como consecuencia de las reformas que se han llevado a cabo por el lado de la oferta así se expresa en términos macroeconómicos y que ha sentado las bases para un crecimiento más sano y con mayor recorrido. Además, la propia recuperación llama a más recuperación, como ya apuntan las dinámicas demográficas y del sector de la construcción. Por lo tanto, o se asume esta nueva realidad, o año tras año seguiremos asistiendo a este espectáculo de analistas corriendo como pollos sin cabeza detrás de la realidad económica de España. Por último, no podemos obviar el momento del ciclo en el estamos. Frente a aquellos que de forma un poco impetuosa piensan que estamos en los minutos de la basura, muchos indicadores apuntan que aún estamos en la primera parte del partido. Tanto el apalancamiento del sector privado como la evolución de los márgenes empresariales o del crédito, entre otros, nos dicen que esto no ha hecho nada más que empezar. Los patrones históricos no aplican en esta recuperación por varias circunstancias, así que, a pesar del ruido, relájense y disfruten de un ciclo que va a ser bueno, bonito y largo. LA REALIDAD DE LA REFORMA DE PENSIONES Habría que hacer mucha pedagogía para que las personas puedan planificar con más criterio su futuro financiero E n las últimas semanas hemos podido leer muchos titulares sobre las reformas anunciadas respecto a los fondos y planes de pensiones. El recorte de las comisiones y la posibilidad de un rescate más temprano han copado las noticias. Y más allá de lo que les puedan parecer estas medidas, teniendo en cuenta que las pensiones en España serán un 35 %i nferiores a las actuales en las próximas décadas de acuerdo con un estudio reciente de Funcas, lo que se esté proponiendo no dejan de ser unos parches de cara a la galería envueltos en una retórica buenista. Más que este tipo de anuncios, habría que hacer mucha pedagogía para que las personas puedan planificar con más criterio su futuro financiero. El problema no reside tanto en las comisiones de los planes de pensiones, sino en la falta concienciación sobre la necesidad de ahorro privado para mantener el poder adquisitivo que las pensiones futuras no van a poder sostener. Hay que incentivar las pensiones privadas. Hay que explicar que es necesario hacer un ejercicio de planificación financiera, para no llevarnos el susto cuando ya no sea posible solucionar nada. Y hay que desestigmatizar las inver- siones en activos financieros. Sin embargo, todo lo anterior, que suena muy razonable, resulta de muy difícil aplicación porque el coste político de remover las pensiones es enorme, más aún si se hace desde el realismo financiero. Esto supondría reconocer una realidad que ha pasado bastante desapercibida: se han recortado las pensiones. Y esa es una patata política ya en llamas, que no permite pasar página y ocuparse de lo realmente importante. El inconveniente no es que algunos fondos o planes de pensiones cobren mucho o que el dinero (lógicamente) no se pueda rescatar hasta el final. El mayor problema es que no somos conscientes de ello y los que tienen que hincarle el diente no se atreven a hacerlo.