Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC LUNES, 20 DE NOVIEMBRE DE 2017 abc. es opinion OPINIÓN 13 UNA RAYA EN EL AGUA EL CONTRAPUNTO ISABEL SAN SEBASTIÁN ¡INTOLERABLE! Que un policía o un guardia civil cobren menos que un mozo o un ertzaina equivale a castigar la lealtad y premiar al chantajista S intolerable. Sencillamente intolerable. Que un policía nacional o un agente de la Guardia Civil cobren una media de setecientos euros mensuales menos que sus compañeros mozos o ertzainas constituye un atentado contra la justicia de todo punto intolerable. No menos intolerable resulta ser el hecho de que ese sueldo, ya de por sí inferior, se componga, en el caso de los cuerpos nacionales, de múltiples complementos inválidos a efectos de calcular la pensión. Es decir; que nuestros policías y guardias civiles estén abocados a percibir jubilaciones de miseria mientras sus compañeros de las fuerzas autonómicas disfrutan de retiros más que dignos. ¡Intolerable! Tanto más intolerable cuanto que son ellos, los integrantes de la Policía Nacional y del benemérito Cuerpo de la Guardia Civil, quienes sacan las castañas del fuego a esta España ingrata en cuanto vienen mal dadas. Lo constatamos en la larga lucha contra el terrorismo de ETA, donde Guardia Civil y Policía Nacional, por ese orden, pagaron un tributo en sangre infinitamente superior al que recayó sobre la Ertzantza. Lo acabamos de ver con motivo del golpe de Estado perpetrado en Cataluña con la complicidad o en el mejor de los casos indiferencia del cuerpo mandado por el major Trapero. ¿Quién acudió al rescate de la democracia? La Policía Nacional y la Guardia Civil. ¿Qué protección solicitaron los jueces y fiscales catalanes amenazados por ciertas turbas independen- E tistas? La de la Guardia Civil y la Policía Nacional. Porque, a diferencia de otras, ambas fuerzas de seguridad son sinónimo de fiabilidad, disciplina y valor, incluso cuando las maltratan. ¿Cómo no van a exigir en la calle y en los despachos que se ponga fin de inmediato a la discriminación salarial que sufren? Todos los presidentes y ministros del Interior que han pasado por el Gobierno les han prometido incluir en los presupuestos la equiparación que con toda razón demandan y ninguno hasta la fecha ha cumplido. El último en hacerlo fue Mariano Rajoy, en 2009, durante su intervención en un programa de televisión: Yo me comprometo a que Policía y Guardia Civil tendrán los mismos sueldos que las policías autonómicas; exactamente los mismos. Figura en mi programa electoral y, por tanto, si llego al Gobierno, lo haré Han pasado una legislatura y media sin que ese lo haré se haya traducido en hechos. De nuevo los policías y guardias civiles han pagado el pato de las sucesivas crisis, mientras nuestros impuestos sufragaban el coste de la construcción nacional emprendida en el País Vasco y Cataluña con sendos cuerpos policiales magníficamente retribuidos, entre otras instituciones llamadas a gestionar los estados independientes que anhela el separatismo. Doblemente intolerable. No hay fondos dicen. Hay fondos para mantener en la Comunidad Autónoma Vasca un régimen fiscal arcaico, insolidario con el resto de España y basado en burdos privilegios, merced al cual un maestro de primaria, por ejemplo, gana un treinta por ciento más que otro cuyo puesto de trabajo esté en Asturias. Ha habido fondos, en plena catástrofe económica y financiera, para enviar 70.000 millones a una Cataluña oficialmente quebrada que, sin embargo, seguía invirtiendo ingentes cantidades de dinero en promover su aventura rupturista. Fondos hay y ha habido siempre; es cuestión de prioridades. Lo que falta es voluntad política. Ciudadanos ha exigido que en los próximos presupuestos se contemple en términos contantes y sonantes la liquidación de esta afrenta. Zoido ha empeñado su palabra en hacerlo. Ojalá en esta ocasión sea cierto. Porque castigar la lealtad y premiar al chantajista no solo es miserable, sino muy peligroso. Intolerable y suicida. IGNACIO CAMACHO ARBITRAJE CASERO Tras el 21- D quizá sea necesario que los españoles se pronuncien sobre el principal problema que España tiene abierto AY partido y huele a empate, pero el árbitro es casero. Si las fuerzas constitucionalistas igualan con las independentistas, como sugiere la encuesta de ayer en ABC, el Gobierno de Cataluña lo puede acabar decidiendo la franquicia de Podemos. Y no hay que hacerse ninguna ilusión al respecto: el híbrido nacionalpopulista de Ada Colau no va a investir presidenta a Inés Arrimadas ni colaborará en nada que se parezca a eso. En realidad resulta una ingenuidad voluntarista contar a los Comunes como una especie de cascos azules entre dos bloques contrapuestos; su vocación radical y su defensa de la autodeterminación los coloca en el frente soberanista a todos los efectos. El independentismo no sólo se ha estancado; probablemente sufrirá un retroceso. La revuelta de octubre ha provocado en sus bases de apoyo una mezcla de desencanto, frustración y hasta miedo. Pero la sociedad catalana está escindida en dos mitades sin vasos comunicantes, con el populismo como ambiguo embalse intermedio. El tráfico de votos sólo funciona dentro de cada bloque; de uno a otro no existe modo de moverlo por mucho que el PSC intente ofrecerse como alternativa sensata del nacionalismo descontento. La factura de la DUI la van a pagar sus promotores en forma de corrimiento de tierras entre ellos, y aunque la Cataluña no soberanista se movilice es prácticamente imposible que alcance la mayoría necesaria para liquidar el maldito proceso. Así las cosas, la conclusión provisional es que el horizonte electoral abierto por el artículo 155 ofrece muy poco margen de cambio. El Gobierno ha frenado la secesión, enfriado el calentón indepe y puesto la Constitución y la ley a salvo, pero las expectativas de consolidar una situación racional llegan a las urnas demasiado temprano. Los defensores del Estado de Derecho están aún lejos de ganar en escaños y el separatismo tiene acreditada su capacidad de sobreponerse a la falta de cohesión interna con un sentido de supervivencia adaptadizo, perseverante y táctico. Si tiene que modificar sus expectativas, lo hará con tal de no resignarse al fracaso. Reformulará su programa y acomodará los plazos. Lo más probable es, pues, que Cataluña tenga de nuevo un poder soberanista, con mayor o menor inflexión de ruptura, en enero o febrero. Y esa hipótesis más que verosímil va a reclamar una respuesta en otro terreno, en el de la energía de un Estado dispuesto a hacer frente al procès 3.0. El 155 quedará descartado por falta de consenso; lo que se va a necesitar es una nueva mayoría de Gobierno. Sí: unas elecciones generales que redefinan la correlación nacional de fuerzas con la cuestión catalana como eje del debate, sin reservas ni complejos. Una convocatoria en la que los españoles ejerzan su soberano derecho a decidir sobre el principal problema que España tiene abierto. Y sobre la actitud política con que quieren resolverlo. H JM NIETO Fe de ratas