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ABC DOMINGO, 19 DE NOVIEMBRE DE 2017 abc. es deportes DEPORTES 71 Ramos, en el remate en que recibió un golpe de Lucas en la nariz Ramos, espectacular en su iniciativa, tuvo un remate claro con posible penalti de Saúl. Había sangre, pero no penalti. ¿Es eso posible? Se tuvo que retirar en el descanso por el golpe. Convertido Casemiro de nuevo en un perfecto robot antisimeone, el Madrid pudo proyectar a Marcelo. Sus jugadas con Isco y Kroos marcaron una diagonal invisible hacia Oblak. Así acabó el primer tiempo. Simeone había despertado en el Madrid su mejor juego. Pocas veces este año había combinado con tanta paciencia y método. Los cambios de Simeone La segunda mitad comenzó por los mismos derroteros y el Atlético se alejaba mucho de Griezmann. Reaccionó Simeone con Carrasco, y reaccionó el público. El Wanda se transfiguró en Calderón. El frío tenía una humedad de río. El Madrid comenzó a no sujetar tan bien las contras colchoneras y Lucas, con la ayuda de Carrasco, impidió que Carvajal pudiera subir más. El juego del Madrid empezó a delatar a sus delanteros. El partido se estiraba y ellos eran lentos. El encuentro se equilibraba. Isco pidió el balón por todo el campo. Su ir y venir es casi mejor que lo que hace con el balón. Pero Isco mueve un árbol que no da frutos ya. Asensio debió salir antes. Los cambios de Simeone fueron espasmos hacia arriba. Eso salvó al Atleti. El partido se electrizó. Con el empate perdían los dos, pero más el Madrid. Kroos, renacido, forzó a Oblak y a su rechace no llegó Cristiano, que lo volvió a intentar después. Ese arreón final topó con Savic, que hizo para el Atleti lo que Casemiro había hecho para el Madrid. El Atlético había luchado tanto que el empate parecía justo. El Madrid encontró el juego, pero le falta frescura arriba. Simeone siempre hizo pensar a Zidane, y quizás su 11 titular admita una vuelta de tuerca. REUTERS Los jugadores, en el minuto de silencio en homenaje a Rivilla REUTERS cos vip denotaban ya la actividad. El fondo sur quería agitar al personal con las tradiciones de toda la vida y un colorido espectro de banderas en tonos rojo, azul y amarillo. Madridista el que no bote, eh, eh El refugio del antimadridismo une a los colchoneros, que no necesitaron mucho para activarse. Jamás, jamás, te dejará esta hinchada, que en las buenas y en las malas, nunca deja de animar Sergio Ramos, Cristiano y el exatlético Theo agruparon la inquina rojiblanca en la presentación de la alineación blanca. El Madrid une a los atléticos. El juego de luces y sonido para la puesta de largo del equipo local mostró que el club ha ingresado en algo parecido a la modernidad. Las gentes colchoneras se sintieron en casa, como si no hubiera existido el traslado, cuando calló el speaker, se apagaron las luces, la música y el estadio entero interpretó a capela y a una sola voz el himno del Atlético. Yo me voy al Manzanares, al estadio Vicente Calderón... Himno repetido Tan fervoroso fue el momento, tal grado de aceptación tuvo la espontánea reacción de la grada, que el protocolo del club decidió repetir el himno para que el público se explayase en su gusto. Dicen que la acústica del Wanda Metropolitano es diferente a la acostumbrada del Vicente Calderón, esa sensación de espacio abierto en lo nuevo frente al recogimiento y la opresión del antiguo recinto. Y que la olla a pre- sión no es tal porque da impresión de campo neutral. No fue el caso ayer. El Wanda colocó otro peldaño en su historia reciente en el curso de un partido que empezó con el Atlético echando espuma por la boca, tal vez por el preámbulo emotivo, por el tejido de sentimientos contra el Madrid. Alé, alé, alé... vociferó el fondo en un intento por insuflar ánimos a un equipo que fue perdiendo resuello con el paso de los minutos y al que también trató de jalear Simeone con el impulso de la grada. Los brazos en alto del técnico reclamando algarabía no pasaron inadvertidos en un estadio que intenta captar el mismo pálpito que el antiguo Calderón.