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68 CULTURA DOMINGO, 19 DE NOVIEMBRE DE 2017 abc. es cultura ABC CRÍMENES EXTRAORDINARIOS Lo extraordinario se sitúa fuera del orden o regla natural o común, según la RAE. Ese es el lugar donde anidan las mentes criminales, fuera II. EL HOMBRE DEL SACO (Gádor, Almería. 28 de junio de 1910) A principios del siglo XX, a España le costó asimilar uno de los crímenes más atroces que se puedan relatar, fruto de una sucesión encadenada de mentes perversas sin límites para el mal. Para curar los ahogos del tísico Francisco Ortega, alias El Moruno la curandera Agustina Rodríguez y el barbero del pueblo, Francisco Leona, decidieron que había que abrir en canal a un niño y, manteniéndolo vivo, beber la sangre caliente y untarse el pecho con las entrañas. En el crimen también participaron el marido y los hijos de Agustina, Pedro, Julio El Tonto y José con su esposa Elena. La víctima, Bernardo González Parra, de siete años El crimen de Gádor o la inconcebible crueldad inhumana l Moruno se despertó agarrado a los ahogos que le condenaban su tísica vida. Apenas había amanecido. Su mujer, Antonia, removía un perol de achicoria en la cocina. Al verlo aparecer con medio cigarrillo pendiendo de la boca le dijo lo de siempre, ya estamos otra vez, si no dejas de fumar no curarás nunca El hombre arrancó a toser con tal fuerza que cayó desmadejado sobre una mecedora. Ahora mismo arreglamos esto le dijo Antonia mientras se cubría la cabeza con un pañuelo oscuro que anudó en la garganta, sube a la mula que nos vamos a ver a la Agustina La curandera Agustina Rodríguez vivía en un pequeño y modesto cortijo a las fueras de Gádor, un pueblo de apenas ochocientos habitantes, a quince kilómetros de Almería. Aún dormía cuando llegaron. Les recibió Pedro, el marido. Antes de entrar, Antonia le asestó un manotazo en la boca a su hombre para que tirara el cigarro. ¿Qué pasó, Moruno, que traes tan mala cara? Agustina acababa de aparecer envuelta en una manta vieja y despeinada. Que parece que está pá morirse respondió Antonia. Si quieres conservar la vida que te quede, que ni treinta años tienes sentenció la curandera has de encomendarte a la única persona que puede curarte... Fue así como se iba enredando aquel 28 de junio de 1910 que apenas comenzaba, en el que la demencia de unos llamaba a encadenarse a la de otros. Agustina les acompañó a buscar al barbero del pueblo, Francisco Leona, viudo de setenta años, hombre de la peor calaña, pero eso importaba poco si lo sanaba. Aquí traigo a Francisco Ortega, que se ahoga el hombre explicó la curandera. EL- CRIMEN DE GADOR E Mú temprano vienes, Moruno... Leona hablaba en voz baja. Pues tarde es pá su vida, que la tuberculosis lo está matando. Haga usté algo le imploró Antonia. AGUS TINA RODR ÍGUEZ GONZÁLEZ, ESPOSA DE PEDRO HERNÁNDEZ (j) FRANCISCO LEONA ROMER O. (2) DRÍGUEZ. (3) JOSÉ HERNÁNDEZ JULIO HERNÁNDEZ RORODRÍGUEZ. (4) PEDRO x HERNÁNDEZ (PADRE DE LOS DOS ÚLTIMOS) ELENA AMATE MEDINA, ESPOS A DE JOSÉ HERNÁNDEZ El mal en cadena Leona invitó a los tres a sentarse en torno a una mesa camilla. La expresión de su rostro adentraba en una sima de horror inimaginable. Tenía mirada de abismo y los pómulos hundidos. Las orejas, desplegadas como las alas de un murciélago. Le faltaban dientes. Cubría la frente con un ancho pañuelo blanco colocado a modo de fajín. Se acabaron tus males, sé lo que hay que hacer, está más claro que el agua resolvió Leona. Pero era una claridad plagada de negruras, turbia, que se fue desgranando palabra tras palabra en la receta que iba a explicarles: Tienes que beber la sangre recién sacá de un niño y vosotros le untaréis las mantecas aún calientes sobre el pecho ¿Untarle las tripas? preguntó Antonia. Eso es. Y han de estar calientes insistió Leona. La escena en casa del maligno barbero se convirtió en una clase magistral de cómo el delirio compartido por varias mentes trastornadas produce efectos más devastadores que cuando actúa una sola. Ninguno de los presentes mostró sorpresa ante semejante atrocidad. Al contrario, vieron en ella la manera definitiva de acabar con los ahogos del Moruno igual que si hubieran escuchado que con cuatro pastillas y un ungüento bastaba. Ah, y el precio por la receta son tres mil reales les aclaró Leona, para quien aquello era un trabajo más. Será fácil dar con un niño en este pueblo... Después de comer, el pequeño Bernardo, cuarto de cinco hermanos, salió de la cueva en la que vivía con su familia para acompañar a su madre a la balsa en la que lavaban la ropa. María rante la comisión del Ortega (a) el Moruno, crimen; Francisco bebió la sangre del niño que fue el que se y se cho las mantecas del pobreaplicó al peBernardito, creyendo que así sanaría de sus dolenci y, por último, Antonia López, esposa as, del Moruno y cómplice del asesinato. El 13, como número favorito, como leto, como portador de buena sombraamu había decaído. Pero los yanquis no nuevo le. -han proclamadoseelresignan, y de número de la buena dicha. ¿Por qué? Porque uno de los 13 socios de la dad de los 13 que se reúnen á comer Socielos días 13 de cada mes, en la comida todos del mes pasado leyó una memori del 13 a, en la que hizo constar: Primero. Que los Estados que principio formaron la Unión eran en un 13. Segundo. Que dichos Estados fueron descubiertos en día 13. Tercero. Que la primera bandera que tuvo la Unión tenía 13 estrellas y 13 franjas. Cuarto. Que el lema americano E pluribus unkim tiene 13 letras. Quinto. Que los rayos que oprime con sus garras el águila america hojas de oliva 13 también. na son 13 y las Sexto. Que cada una de las alas FRANCISCO ORTEGA RODRÍ del águila tiene 13 plumas. (A) MORUNO, QUE BEBIÓ LA GUEZ SANGRE De ahí la moda del good luck, DEL NIÑO BERNARDO chem, vulgo amuleto, número 13. porta bouAquí, sin embargo, seguirá siendo númeResulta, pues, el nuevo saludo muy ro fatídico. higiénico, pero muy poco económico. En el lenguaje poético de nuestra gente del bronce, el número de la mala pata Ahora resulta que Mr. Gaynor, el de Nueva York, á quien hirió días alcalde Ya saben ustedes que los pasados fundado una Liga contra el alumnos han un ciudadano yanqui, piensa presentar su que obli- candidatura á la preside ga á quitarse el sombrero ysaludosegún ncia de la repúque, Eisociados, es origen de reumas, resfriadlos blica. os, A que resulta ahora que el atentad etcétera. o, col sus consecuencias y todo, fue un reclamo Uno de los asociados, doctor en Derech á o, la americana. funcionario en el ministe de Hacienda ¡De menos tíos hizo el tío San del gran ducado de Hesse, rio encontr! se ó pasados al ministro y le saludó militarm días En la libre y federal Suiza prenden ente, cuadrándose, llevándose á que escriben en anarquizante é incitanlos pero sin descubrirse. la mano á la frente, crimen. al Su excelencia, que no es de la liga, Alfredo Singer había publicado impuso á su subordinado una multa ¡de 25 Voix du Peitple un artículo furibundoen 1 marcos. contra Fallieres, con motivo del viaje del pro- MUNDANAL! DADES ANTONIA LÓPEZ DELG ADO, ESPOSA DEL MORUNO Y PRESUNTA CÓMPLICE Fots. Fernández Pérez. Como complemento de fuimos los primeros en la información que al madrileño del espantoso ofrecer de público crimen publicamos hoy los retratos de los Gador, que han intervenido en el salvaje suceso. Son éstos: Francisco Julio Hernández RodríguLeona Romero y al niño Bernardo Gonzále ez, que cogieron un saco y se lo llevaron z, le metieron en al cortijo de Pedro Hernández, donde el Leona cuchillada y recogió con una ollale dio una la sangre que brotaba de la herida; José Hernán dez, hermano de Julio, que tomó parte activa en el crimen; Pedro Hernández, padre de Julio y José, encubridor; su esposa, Agustin a Rodríguez, que se ocupó en agitar la sangre del niño Bernardo lara; Elena Amate para que, no se coaguMedina esposa Jósé Hernández, que estuvo vigiland de o du- Página dedicada en ABC al crimen de Gádor iba cargada con varios bultos de ropa y su hijo, de siete años, se le escapaba al mínimo descuido. ¡Venga y corre a ayudar a tu madre! lo reprendió su padre al encontrárselo de casualidad jugando en el campo lejos de la balsa. Criatura inocente Pasada la media tarde, Leona y Julio El Tonto lo vieron a lo lejos. Decidieron que iba a ser él. Julio se acercó al niño para entretenerlo mientras de súbito el barbero le tapaba la boca con un pañuelo impregnado en cloroformo y lo echaban después entre ambos a un saco cabeza abajo. Con él cargaron camino del cortijo de San Patricio, morada de Agustina y Pedro Hernández, que los esperaban acompañados de su otro hijo, José, y de Elena, la mujer de éste. Con ellos, El Moruno y Antonia. Cayendo la tarde llegaron el barbero Leona y Julio El Tonto con el niño metido en el saco. El Moruno y Antonia, deseosos ya de empezar, se lanzaron entre sí una mirada cómplice que delataba la esperanza de un loco. Leona llevó la iniciativa dirigiendo lo que había que hacer en cada momento. Al ir recobrando la consciencia, el niño no paraba de gritar llamando a su madre, y para que se callara fue golpeado con insistencia por Agustina hasta dejarlo de nuevo inconsciente. La curandera y sus hijos juntaron dos mesas y colocaron sobre ellas al pe-