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12 OPINIÓN LLUVIA ÁCIDA PUEBLA MIÉRCOLES, 15 DE NOVIEMBRE DE 2017 abc. es opinion ABC DAVID GISTAU FRANQUISTAS Si la socialdemocracia pega estos respingos es sólo porque ella no está acostumbrada SISTO estupefacto a la expresión de un malestar en los órganos socialdemócratas. En ese ámbito, que durante décadas manejó en monopolio los valores colectivos y concedió o negó credenciales de pertenencia a una democracia sobre la cual tenía sentido patrimonial, ha escocido ser motejados todos de franquistas por sus posiciones durante las turbulencias catalanas, cuerdas de presos incluidas. Que eso no puede ser, dice la socialdemocracia. Que la adjudicación de una naturaleza franquista es una villanía si lo que se pretende es desacreditar a un adversario hasta conseguir su liquidación civil. Para defenderse de esta agresión que la tiene desconcertada porque jamás supuso que pasaría por franquista, la socialdemocracia ha llegado a editorializar sobre la conjetura de que Franco podría llevar muerto desde 1975. Sí, el mismo Franco que, durante la Guerra Civil retrospectiva de Zapatero, fue puesto en averiguación de paradero, y poco menos que en un cartel de Wanted por Baltasar Garzón. Ese Franco. Tom Wolfe se refirió a la palabra fascista como una pistola láser universal que permitía fulminar rivales políticos o intelectuales a mansalva. ¿Que estabas perdiendo un debate o una elección? La desenfundabas, disparabas y el antagonista se quedaba como uno de esos moldes humanos de Pompeya. En España, fue tal el abuso de la pistola láser que llegado un momento, si uno vivía extramuros de la socialdemocracia, llevar adosada la palabra fascista franquista facha era un simple gaje del oficio. De hecho, si la socialdemocracia pega estos respingos es sólo porque ella no está acostumbrada. Porque sólo ahora que Podemos y el independentismo han metido la radicalidad en el eje vertebral de la izquierda, en la que antaño era hegemónica la socialdemocracia, ha empezado a notar abrasiones en la espalda, munición láser que le pasa rozando, adjetivos franquistas que les entran por las ventanas como proyectiles, poniendo redacciones enteras cuerpo a tierra. Antes, la pistola la empuñaba la socialdemocracia. Menuda balacera. Para moldear la sociedad ideal con las prerrogativas fundadoras de la Transición, la socialdemocracia hizo, en dimensiones masivas, exactamente aquello de lo que ahora se queja: usar el término franquista para liquidar a todo cuanto respirara a su derecha. Qué tiempos, los de los herederos directos de los asesinos de Lorca calificación en la que eran concentrados, como entre alambradas morales, todos los disidentes del gauchismo divino. Se disparó la pistola con tal profusión que a veces se ametrallaba ciudades enteras, como Madrid, la ciudadela de la extrema derecha que fue baleada con el término franquista como cuando en las películas de gángsteres sacan la metralleta Thompson por la ventanilla del coche. Aparte de la rehabilitación constitucional de la pertenencia a España, he aquí otro aprendizaje que la socialdemocracia saca de esta crisis: está feo llamar facha a todo el que no te gusta. Aplíquese el cuento. A VIVIMOS COMO SUIZOS ROSA BELMONTE PELOS EN EL CORAZÓN Colau, convertida al soberanismo y entregada a los bárbaros, ni siquiera tiene la gracia de Pich i Pon ICE Michel Houellebecq que Macron es una persona extraña. Que nunca terminas de entender lo que piensa. Que no se deja descifrar. Que no se le puede sacar ninguna convicción formulada con claridad. Mira qué afortunados los franceses. Ellos tienen a Macron y nosotros, a Colau. Mi impresión es que todo se reduce a su optimismo. Se ha hipnotizado a sí mismo y, a la vez, a todo el país concluye el escritor francés del presidente en XL Semanal Quizá Colau también se ha hipnotizado a sí misma. Y a Rommy Arce, la concejal del Ayuntamiento de Madrid que aplaude a Colau por romper su pacto con el PSC en el Ayuntamiento de Barcelona. Como si en Madrid no necesitaran a los socialistas, que siguen sosteniendo el Carmenato y aguantando las bofetadas de la muchachada que rodea a la señora Manuela. No sé si esa Colau convertida al soberanismo y que acaba de mandar al Ayuntamiento a la parálisis, acabará siendo peor alcalde que Joan Pich i Pon. Pero sí tiene menos gracia. Ninguna. Es verdad que al analfabeto Pich i Pon lo nombraban sus protectores políticos de Madrid y que a Nada Colau la han elegido. Como ella siempre dice, es una cuestión de democracia, término que en boca de tantos es un limpiador multiusos. El cómico Ignatius Farray tiene una teoría sobre por qué ganaron Carmena y Colau: porque votaron los borrachos, que empalmaron los bares con las urnas. D Vinculado al Partido Republicano Radical de Lerroux y al servicio de los intereses empresariales de la ciudad, Pich i Pon fue alcalde de Barcelona entre enero y octubre de 1935. ¡Cuánta propiedad urbana! dijo una vez desde el Tibidabo. Y a Alfonso XIII en la Exposición Internacional de 1929: Majestad, a sus pies la ubre En lugar de lapsus decía lapislázuli. Y Calígula por canícula. Su tirano favorito era Tirano de Bergerac. Me acuerdo de cuando empezamos a ver a Ada Colau. Fue en una comparecencia en el Congreso. Era 2013, iba en representación de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca y llamó criminal a Javier Rodríguez Pellitero, de la Asociación Española de Banca, que había intervenido antes. Eso le dio notoriedad. La desconocida que hablaba de corrido (eso a los españoles nos gusta mucho, aunque se digan idioteces) se convirtió en una estrella. Estando ya en su cargo actual, un concejal del PP en Palafolls (Barcelona) sentenció que en una sociedad seria Ada Colau estaría limpiando suelos y no de alcaldesa de Barcelona Qué fijación la de los hombres españoles, independentistas o no. También está el pedecato alcalde de Premià de Mar soltando a Griso que con su manera de pensar (distinta a la suya, atrasada) lo lógico es que estuviera limpiando la ropa, haciendo la comida en casa y nada más. De acuerdo, la frase era esta: Si usted continúa pensando de esa manera, estaría limpiando la ropa y haciendo la comida en casa y nada más Él debería estar haciendo dictados y recibiendo clases de sintaxis. En todo caso, prefiero a Colau de alcaldesa de Barcelona que limpiando mi casa. Me da que sabe lo mismo de una cosa que de la otra. Y vale que Macron no es Adenauer. Ni De Gaulle. Ni Mitterrand. En su magnífica Tercera Amnesias europeas Serafín Fanjul escribió que todavía no entiende por qué toda la derecha política del continente se lanzó a apoyar la candidatura de este hombre, cuyo único mérito es no apellidarse Le Pen. Yo ya veo una virtud no ser Ada Colau. Pich i Pon decía a propósito del himno francés: Al oír cantar la Marsellesa se me erizan los pelos del corazón Ni siquiera descarto que Colau tenga pelos en el corazón.