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50 CULTURA MARTES, 26 DE SEPTIEMBRE DE 2017 abc. es cultura ABC Festival de Cine de San Sebastián La sombra de Schwarzenegger tapa al resto de estrellas del festival La española Operación Concha reúne en el Velódromo a tres mil personas FERNANDO MUÑOZ SAN SEBASTIÁN ambiente: No hay un aire republicano o demócrata, todos respiramos el mismo. Los políticos te hacen creer que el medio ambiente es una cuestión política, pero no es así El público, con lo español Aunque no es un gigante, Karra Elejalde sabe lo que es mirar desde arriba. Al menos desde lo alto de la taquilla. Ayer, el protagonista de 8 apellidos vascos presentaba Operación Concha en el velódromo, un espacio donde entran casi 3.000 personas. Con esta película, la gente podrá conocer las miserias de la profesión, las cosas que no se ven dijo a ABC para explicar una comedia que se desarrolla en la 64 edición del propio certamen. Jordi Mollá, sentado junto a él, apostillaba: También verán la parte más humana de los actores Fotogalería con las mejores imágenes de la jornada de ayer El edificio del Kursaal, el corazón del Festival de San Sebastián, fue proyectado por el arquitecto Rafael Moneo con el lema Dos rocas varadas Con la misma forma que cualquiera de las miles de piedras artificiales que hacen de rompeolas en la costa donostiarra, el Kursaal parece hecho a la medida de los gigantes. Y es que la 65 edición del festival ha estado dominada hasta ahora por dos de ellos: el enorme protagonista de Handia y Arnold Schwarzenegger, que ayer se llevó todas las atenciones de la ciudad. El exgobernador de California fue recibido por cientos de personas que le esperaban en las puertas del María Cristina pese a la lluvia incesante. Todos querían ver de cerca al más popular de los nombres que pasearán por aquí. Su casi 1,90 de altura, su musculado cuerpo, su desparpajo de estrella de Hollywood y sus 70 años, que no aparenta, no defraudaron a nadie. El actor llegó al Festival para hablar de su último proyecto, un documental titulado Wonders of the Sea con el que quiere concienciar sobre la necesidad de proteger los océanos. A diferencia del de Al Gore, su filme, que está en la Sección Oficial, no busca culpables. No queremos hacer sentir a nadie mal. Quiero que la gente se enamore del fondo del mar, porque cuando te enamoras de algo lo proteges defendió el cineasta, aquí convertido en productor y narrador. También, a diferencia del exvicepresidente de EE. UU. Arnold apuesta por no politizar el medio Jordi Mollá besa a Karra Elejalde, ayer en San Sebastián EFE Dos actrices demasiado serias, Bárbara Lennie y Maria Dragus OTI RODRÍGUEZ MARCHANTE SAN SEBASTIÁN Ha vuelto la cordura festivalera: ni una risa en la sala. Las risas están bien en la cara de los niños, pero, en los adultos, y más si son críticos de cine, la risa puede ser un gesto grotesco. Fuera risas. Las últimas tres películas de la competición son todo lo deprimentes que la ocasión requiere; dos de ellas, la argentina Una especie de familia y la griega Love me not parece que abordan uno de esos asuntos tan de hoy como el de los vientres de alquiler... aunque, luego, resulta que no van exactamente de eso. La argentina, dirigida por Diego Lerman, va del rostro atormentado de la actriz Bárbara Lennie que sale en todos los planos de la película una madre truncada por la desgracia que pretende reanudar esa función maternal con un recién nacido en otra mujer, y dispuesta a renunciar a él. Un dramón recocido en la pepitoria de un retrato social paupérrimo y en las aguas (de lluvia, de pileta, de dolor) que es capaz de albergar el rostro hermoso de Bárbara Lennie. Como la película apenas sale de ahí, tampoco es cosa de irse a buscar a otros lados. La película griega empieza en el mismo y polémico lugar, el vientre de una joven que renunciará a su hijo, y en una pareja muy molona que pretende el fruto... pero el director, Alexandros Avranas, pega un volantazo y choca con un thriller aunque rarito, pues los personajes, más bien bobos y blandos, no pertenecen a ese género. Hay crimen, móvil, asesinos y pesquisa, pero nada de todo ello aguan- ta en pie una sencilla pregunta: pero, ¿qué hace esa gente, son tontos o qué? Se supone que Avranas quiere hablar de otras cosas que no son la maternidad, la ambición o la fidelidad, y a poco que se pare uno a pensar en ello, seguro que da con la respuesta. Me pongo. Mejor, o al menos con alguna idea más, resultó la alemana Licht de Barbara Albert, que narra la historia (real) de la pianista ciega Maria Theresia von Paradis y su relación a tientas con la música y con el doctor Mesmer, muy adelantado a su época, Siglo XVIII, que ya imantaba de efluvios invisibles y milagrosas curaciones. Visualmente, la película tiene mucha potencia, y además propone al menos un par de ideas interesantes sobre el punto de vista y sobre los conceptos y las formas cuando los percibe por primera vez unos ojos glaucos. La actriz, Maria Dragus, que ni es ciega ni pianista, está genial entre el concierto y el desconcierto. V 1 1 TDr 6 A 17560 D 8 D 1 D 8 DB; D 1 B 56 7; BD 1 A 8 6 A 4 6 A 60; 175 9 L V z hbh Î 14 DD 651 25 CDÕ