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ABC MARTES, 26 DE SEPTIEMBRE DE 2017 abc. es opinion OPINIÓN 13 UNA RAYA EN EL AGUA MONTECASSINO HERMANN ENEMIGOS DEL ESTADO Y DE LA VERDAD No eran peligrosos nazis sino españoles hartos de tanta agresión impune E L domingo pasado, los dirigentes comunistas de Podemos y diversos personajes de otros grupos afines, convocaron una asamblea para apoyar el golpismo en Cataluña. Cuyo fin es la destrucción de España. A cualquier europeo le sorprendería que se puedan celebrar así como así actos de apología y apoyo directo al crimen político. Porque no hay crimen político más grave que la sedición y la rebelión y de eso estamos hablando. Pero en España hemos llegado a ello. Porque llevamos décadas acostumbrando a la población a tolerar lo intolerable. El acto estaba convocado en un pabellón del recinto ferial de Zaragoza, donde el ayuntamiento podemita se afana por fomentar todo lo que pueda hacer daño al orden constitucional. Todo esto habría pasado inadvertido hace unos meses o años. Pero los tiempos han cambiado. Como la agresión a la unidad de España y a la legalidad en las pasadas semanas y meses ha llegado a unos niveles inauditos, son ahora muchos los españoles que están ya realmente inquietos. Y han abandonado, por fin cabe decir, la indiferencia y el desinterés por la suerte de sus compatriotas en Cataluña y de España en general. Muchos están hartos del desprecio con que tratan una y otra vez a su sensibilidad y sus sentimientos aquellos que no dejan de exigir atención y respeto a su sensibilidad y sus sentimientos. De ahí que un grupo fue a expresar su descontento por aquella cita organizada para ayudar a destruir su patria, su seguridad y el futuro de sus hijos. Ese grupo fue creciendo hasta reunir unos cuantos cientos de hombres, mujeres, ancianos y muchos niños que, con banderas nacionales, demostraban su orgullo, sí, su orgullo por ser españoles que querían defender a España de la agresión permanente y de un peligro inminente. Y su indignación ante la agresión de que es objeto la Nación por parte de un gobierno regional sedicioso en Cataluña. Dentro del recinto estaban algunos de los prebostes mayores de la franquicia comunista venezolana. Son hombres comunistas bregados como Juan Carlos Monedero que sabe bien lo que son las operaciones militares de sus camaradas cubanos y el terrorismo de sus camaradas de las FARC colombianas así como las operaciones de terror que organizan sus otros camaradas, los del régimen chavista para el que él ha trabajado. Pues todos esos comunistas se pusieron a temblar porque zaragozanos, llegados en familias, protestaban contra su miserable complicidad en los intentos de destrucción de su patria. Y esos comunistas que no parpadean cuando ven a un guardia bolivariano disparar a quemarropa a un niño venezolano estaban histéricos porque según decían habían sido rodeados por 400 nazis y no podían salir y no había policía suficiente para rescatarlos de las garras de aquellos desalmados. Siempre son iguales esos siniestros caracteres. Pues inmensa mayoría de los medios de comunicación repitió todas esas mentiras que los plañideros comunistas les suministraban allí dentro. En aquel mar de banderas españolas de gentes honradas que pedían respeto para su patria había al parecer una con un escudo del régimen anterior. Pues la multiplicaron cien veces para dar apariencia al asalto de unos peligrosos extremistas que nunca fue. Todos los medios convirtieron en ultras a quienes en su inmensa mayoría eran españoles de todas las edades hartos de ser despreciados y de que se agreda a la patria común. El periodismo volvió a demostrar el grado de iniquidad de que es capaz cuando la cobardía y el adoctrinamiento son su único criterio. Y este Gobierno volvió a quedar en evidencia por su culpa en completar la labor de Zapatero de otorgar total hegemonía informativa a una izquierda y un filoseparatismo que son enemigos del Estado y de la verdad. IGNACIO CAMACHO LA RUTINA DE GANAR El discreto encanto burgués de la rutina ya me conocéis no ha bastado a Merkel para frenar la eclosión populista ARISMA nunca ha tenido porque le gusta mandar, no seducir. Para ser una Thatcher le falta audacia política y determinación ideológica. El de Angela Merkel es un liderazgo basado en la estabilidad, la sensatez, la seguridad y, en cierto modo la rutina, el apacible trantrán democrático, alejado de aventurerismos e incertidumbres. Eficacia alemana. Muy pocos dirigentes europeos, ni siquiera el inmutable Rajoy, se atreverían hoy a hacer una campaña bajo el lema de Ya me conocéis Sie kennen mich en plena eclosión de emocionalidad populista. Puro pragmatismo conservador, el discreto encanto burgués de la monotonía; el valor de la experiencia como clave para volver a sucederse por cuarta vez a sí misma. Esta vez, sin embargo, se le ha quedado corta la inercia. Le ha alcanzado para volver a ganar, pero su proyecto continuista ha acusado fatiga de materiales y no le ha bastado para ponerse a salvo de contingencias. Le ha pasado factura el único gesto emocional de su carrera; la apertura de fronteras a los refugiados le limpió en parte su imagen de dureza moral pero acabó metiéndola en un severo problema. Por las grietas de la desconfianza social ante los inmigrados y del miedo al islamismo radical se ha colado con pujante acometividad el fantasma de la ultraderecha, que en Alemania evoca sombríos y estremecedores recuerdos de tragedia. Ahora tendrá que coaligarse con unos verdes virados al rojo y unos liberales introvertidos muy poco entusiastas con la integración europea. Merkel ha aguantado mal que bien la irrupción de la nueva- vieja política, pero la socialdemocracia se ha hundido en el corrimiento de tierras. Peligro: en el motor del bipartidismo germano también se ha averiado una de las bielas. Es probable que el retroceso del socialismo moderado, que ha recibido el castigo de su presencia en la gran coalición, se deba en parte a que la propia canciller le haya cerrado espacios al asumir ella misma postulados clásicos del paradigma de la izquierda. Pero se trata de una mala noticia porque colapsa uno de los estabilizadores del sistema, en un momento en que Alemania resulta quizá más que nunca la pieza crucial de una UE que se tambalea. Está por ver, pues, si la vencedora del domingo va a seguir siendo la que todo el mundo conoce o tendrá que reinventarse en un proceso de adaptación al nuevo equilibrio de fuerzas. Si continuará siendo Merkel la fiable, Merkel la previsible, Merkel la austera. Si la líder consistente y enérgica del pasado reciente podrá conservar en minoría sus rasgos de autoridad y firmeza de principios y de ideas. Una Europa en precario y llena de dudas internas, asediada por los populismos y pendiente de redefinición estratégica, necesita que así sea. Porque lo último que conviene al maltrecho modelo comunitario es la pérdida de su principal referente cuando más riesgo hay de que decrezca su influencia. C JM NIETO Fe de ratas