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DOMINGO 27.8.2017 Editado por Diario ABC, S. L. Juan Ignacio Luca de Tena, 7, 28027 Madrid. Diario ABC, S. L. Reservados todos los derechos. Queda prohibida la reproducción, distribución, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta publicación, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa. Número 37.131 D. L. I: M- 13- 58 Apartado de Correos 43, Madrid. Teléfono de atención 901 334 554. VISTO Y NO VISTO Pueblos únicos: Villalar de los Comuneros Escenario de la batalla que lleva su nombre, en su plaza Mayor resuenan aún los ecos de quienes en 1521 murieron enarbolando la palabra libertad IGNACIO RUIZ- QUINTANO EL FARO Vuelve a la jerga política la convergencia europea por la que España vendió su alma al diablo E Donde acabó la rebelión castellana ABC Datos de interés MONTSE SERRADOR M il quinientos veintiuno en abril para más señas en Villalar ajustician quienes justicia pidieran Los versos de Los Comuneros el poema de Luis López Álvarez al que puso música el Nuevo Mester de Juglaría, relatan la batalla de Villalar de los Comuneros, el pequeño municipio vallisoletano que se ha convertido en un símbolo de la libertad y donde cada 23 de abril Castilla y León celebra el Día de la Comunidad. En estas tierras de las llanuras del río Hornija, al abrigo de los Montes Torozos, donde la Castilla que cantó Machado extiende su mar de cereal, fueron prendidos Bravo, Padilla y Maldonado, los tres comuneros que encabezaron la rebelión contra las tropas imperiales de Carlos I de España en la llamada Guerra de las Comunidades. Revolucionarios para unos, señores feudales para otros, protagonizaron la sublevación por la excesiva presión fiscal impuesta por el monarca y la pobre participación de Castilla en la política del Reino. En Ávila, habían constituido la Santa Junta aunque En 1521, los comuneros, encabezados por Bravo, Padilla y Maldonado, se enfrentaron a las tropas de Carlos I (V de Alemania) 440 habitantes 42 kilómetros cuadrados Para no perderse. La plaza Mayor con el monolito, la Torre del Reloj y la iglesia MAÑANA, Añora después se instauró en Tordesillas, donde estaba encerrada la madre del Emperador, Juana I, de quien pretendían obtener su apoyo. Quiso el destino que las tropas comandadas por Padilla, apostadas en el cercano Torrelobatón, al amparo de su imponente castillo, se encaminasen hacia Toro, localidad zamorana a la que no pudieron llegar porque en Villalar el ejército real salió a su encuentro y se libró la batalla. Un obelisco construido en 1889 recuerda en la plaza Mayor el lugar en el que los tres comuneros fueron ajusticiados y sus cabezas expuestas, aunque el pináculo del rollo original que lo culminaba se encuentra en el Ayuntamiento. En este punto, cada 23 de abril se repiten las ofrendas políticas y sociales y los homenajes hacia quienes se han convertido en un símbolo de las libertades y, con la llegada de la España autonómica, sirven para reivindicar la identidad de Castilla y León. No es el único vestigio de la batalla. A las afueras de Villalar, en el lugar conocido como Puente del Fierro, otro monumento alude al punto exacto en el que los comuneros sucumbieron a las tropas reales. Junto al monolito, la Torre del Reloj, cuya traza original es del siglo XIII y era utilizada en otro tiempo para llamar con su campana al Concejo, y la iglesia parroquial de San Juan Bautista, de ladrillo y tapial del siglo XVI, que posee un Cristo románico bizantino y un órgano del XVII. La calle principal, que sale de la plaza, lleva al segundo de los templos, el de Santa María, del siglo XVI, hoy convertido en Casa de Cultura, donde son frecuentes las exposiciones. Y a las afueras del pueblo, tradicionales palomares ofrecen la mejor de las estampas. Verbolario POR RODRIGO CORTÉS Encuesta, f. Partido de ida. l atropello de Barcelona ha puesto España patas arriba. En Gijón, Levy, una de los dos ideólogos peperos (el otro es Lassalle) se ha marcado un Yeltsin en lo alto del tanque de pensamiento del partido: Nuestra grandeza radica en ser tolerantes, porque luchamos contra la intolerancia. ¿Y el futuro? ¡La convergencia europea! Estos kikos del 78 se entretienen en el desván de la abuela revolviendo baúles de la democracia que con tanto trabajo nos dimos todos y han encontrado unos botines de tacón cubano que son los de la convergencia europea una cosa por la que España vendió su alma al diablo, pero que todavía andamos esperando. Hughes, que es economista (hay que serlo, para escribir hoy de fútbol) echó el otro día las cuentas y resulta que, en pleno Reich de frau Merkel, la convergencia europea la tenemos como en el 75. Vigilamos avisa Levy en la playa para evitar esta radicalización frente al modelo de sociedad tolerante que queremos implantar. El otro vigilante de la playa, a lo David Hasselhoff, es Lassalle, que no gusta de que voten los pobres ¡populismo caravanero! y como son los más, advierte: La democracia o es republicana o es la tiranía de la mayoría. Levy y Lassalle son los dos fareros del faro de Eddystone, en el canal inglés, que contaba Franklin. Inaccesible en invierno, recibían las provisiones en otoño; en primavera, un barco fue a visitarlos, pero en la puerta sólo había un farero: ¿Qué tal? Muy bien. ¿Y tu compañero? No lo sé. ¿No está aquí? No podría decirlo. No lo he visto desde el otoño. ¿Lo has matado? Yo no, desde luego. Iban a prenderlo, pero él les pidió que subieran, y al hacerlo descubrieron al otro farero. Habían disputado poco después de haber sido dejados allí, se habían dividido, asignado las tareas de arriba a uno y las de abajo al otro, y no habían vuelto a verse o hablarse desde entonces. La derecha española se ha hecho un pareo con el taparrabos de Rousseau.