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12 OPINIÓN VIDAS EJEMPLARES PUEBLA DOMINGO, 27 DE AGOSTO DE 2017 abc. es opinion ABC LUIS VENTOSO EN LA ZONA GRIS Mientras el yihadismo glorifica la muerte, el mundo regala gestas de vida A L tiempo que sufrimos con un terrorismo cebado por chifladuras religiosas medievales y yo sí tengo miedo el mundo también regala historias extraordinarias de amor a la vida y avance científico. Adrian M. Owen es un neurocientífico inglés de 51 años, que investigó en Cambridge y hoy trabaja para el Instituto del Cerebro y la Mente de Ontario. En 1996 rompió con su primer gran amor, Maureen, también investigadora. Poco después ella contrajo un virus que la dejó en estado vegetativo Inmóvil y ausente, no ofrecía señales de vida interna. Conmovido, Owen se propuso que algún día lograría comunicarse con personas sumidas en tan terrible postración. Ahora cuenta cómo lo logró, en un libro titulado Dentro de la zona gris, un neurocientífico explora la frontera entre la vida y la muerte de extraordinarias críticas en el orbe anglosajón. Kate, profesora de enfermería en Cambridge, se encontraba en estado vegetativo por un virus en el cerebro. El final fue feliz, pues tras unos años despertó. Antes, cuando se la daba por mentalmente off, el profesor Owen logró trabar contacto con ella. En realidad Kate tenía plena consciencia, pero estaba enjaulada en su cuerpo y hasta había intentado suicidarse dejando de respirar. Owen me encontró. Fue algo mágico recuerda. El experimento tuvo lugar en 1997. El neurólogo la sometió a un escáner cerebral mostrándole fotos de familiares y de desconocidos. El cerebro de Kate, en teoría apagado, crepitaba, digámoslo así, ante las imágenes de sus seres queridos. Se suele creer que estas personas tienen la conciencia de una piña de brócoli lamenta el científico que logró demostrar que a veces no es así. Según su cálculo, una quinta parte de los enfermos en estado vegetativo perciben lo que ocurre. Como chascarrillo, cuenta el caso de una joven que durante su letargo tuvo como constante banda sonora un disco de Céline Dion, pues su madre creía que le encantaba. Cuando despertó, sus primeras palabras a su progenitora fueron: ¡Si vuelvo a escuchar a Céline Dion te mato! Owen continuó avanzando y lo hizo mediante algo muy inglés: el tenis. Constató que si una persona pensaba en que estaba dándole a la raqueta se activaba una zona concreta de su cerebro y si imaginaba que caminaba por su casa se estimulaba otra. En 2010 logró entrevistar mediante ese método a un hombre en estado vegetativo desde hacía un lustro. Le dijo que para responder sí pensase en el tenis y para el no en que recorría su vivienda. Le hizo varias preguntas y el escáner fue cantando así sus respuestas. El científico cuenta también que la mayoría de los pacientes conscientes atrapados en tan atroz tumba corporal prefieren vivir a la eutanasia, un dato que debería invitar a reflexionar a los apóstoles de la subcultura de la muerte, extraña fascinación de nuestro progresismo. ¿Tengo miedo de los nuevos bárbaros? Claro que sí, como todo vecino consciente de una gran urbe europea. Por eso hoy prefiero hablar de la hermosa aventura de Adrian Owen antes que del salvajismo sunita ávido de propaganda que emponzoña la entraña de Occidente. ¿Valores? Los de Owen: el culto a la vida, la razón y la esperanza. PROVERBIOS MORALES JON JUARISTI NIÑOS Cuando asesinos y niños coinciden en las mismas personas, el caos moral está garantizado umisión, la novela de anticipación que Michel Houellebecq publicó en 2015 y que viene a ser al islam político lo que 1984, la distopía de George Orwell, fue al estalinismo, sitúa en 2017 el comienzo de la hegemonía musulmana en Europa occidental. Acertara o no en sus previsiones, lo que todavía está por ver, es innegable que la reacción social a los atentados de Barcelona y Cambrils ha sido muy diferente a la que se produjo tras las bombas del 11 de marzo de 2004. Los del pasado 17 de agosto golpearon sobre una nación derrotada cuyos consensos básicos se han descompuesto, de modo que todas las respuestas, e insisto en lo de todas (políticas, mediáticas, religiosas) salvo las estrictamente policiales, se han despeñado sentimentalismo abajo. Lo único que han tenido en común con las respuestas al 11- M ha sido una sucesión en cadena de imputaciones mutuas, que, si acaso, han desmantelado todavía un poco más los muy maltrechos consensos, sin traducirse en cambios políticos apreciables (al contrario de lo que sucedió en 2004) Y es que ya nadie espera nada. El Gobierno no puede suscitar y mucho menos dirigir una resistencia social al terror, y la oposición no puede, como hiciera trece años atrás, movilizar la conmoción colectiva contra el Gobierno. En 2004, Juan Goytisolo, islamo- izquierdista sin complejos que ansiaba ver a España convertida en un protectorado marroquí, lanzó la especie de que S en distintos puntos de nuestro país se había desatado la violencia contra los musulmanes y en particular contra niños musulmanes en represalia por los atentados de Atocha. Como entonces indiqué, el infundio de Goytisolo se inspiraba en una secuencia de La batalla de Argel (1966) película de Gillo Pontecorvo, en la que un pequeño limpiabotas argelino sufre los golpes de un grupo de pied- noirs tras el estallido de una bomba en el Casino de la Corniche. A mí me denunciaron por islamófobo los habituales lameculos del Instituto Cervantes (que siguen donde estaban o más arriba) y a Goytisolo le dieron el premio Cervantes. La honradez siempre es recompensada en España. Hoy, Goytisolo no habría tenido que esforzarse improvisando literatura de terror. Toda España está conmocionada por la suerte de lo que un columnista de El País llama los niños asesinos Si los asesinos y los niños coinciden en las mismas personas, el barullo es abrumador e inextricable, porque los niños sólo pueden ser víctimas y, si son niños musulmanes, víctimas de islamofobia, por lo que, concluida por ahora la caza del terrorista, se abre la veda del islamófobo. O sea, de todo aquel que no admita que los pobres niños asesinos de Barcelona y Cambrils han sido víctimas de corruptores adultos. Esta última es la tesis que sostiene Riay Tatary, presidente de la Comisión Islámica de España, en su tribuna de el pasado viernes en El País. Para evitar que tales depredadores capten a nuestros hijos dice Tatary, hay que desarrollar la enseñanza religiosa para el alumnado musulmán en la mayoría del Estado: Es vital la cooperación de funcionarios y dirigentes relacionados con la educación para contratar profesores de religión, algo notablemente trascendente en Cataluña Con bastante razón y algo de retórica, Tatary aduce que no estamos pidiendo algo que no tengan ya nuestros hermanos católicos Vale, el argumento no es flojo, aunque la enseñanza de la religión católica esté desapareciendo de la escuela pública gracias a la presión de unas AMPA tomadas por cristófobos militantes que se oponen a que los enseñantes católicos corrompan a sus hijos impartiéndoles, no ya lecciones de catecismo, sino versos de Gonzalo de Berceo. En esto, como en todo, unos mueven el árbol...