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ABC MIÉRCOLES, 12 DE JULIO DE 2017 abc. es opinion OPINIÓN 15 TRIBUNA ABIERTA LAS MONARQUÍAS RAZONABLES París- Los Ángeles El COI se reinventa por puro negocio Los miembros del Comité Olímpico Internacional decidieron ayer cambiar las reglas y aceptar la posibilidad de la elección simultánea de las sedes de los Juegos Olímpicos de verano para 2024 y 2028. La condición es que las candidatas para 2024 Los Ángeles y París se comprometan por escrito y públicamente antes de la elección en septiembre en Lima a que aceptarán ser sede de los Juegos en ambos años. De modo que un COI desprestigiado por los casos de corrupción cambia de formato para elegir las sedes olímpicas tras renunciar varias capitales a ser moneda de cambio y desvelarse que el proceso de elección de los Juegos de 2016 estuvo marcado por los sobornos. La candidatura de Madrid compitió entonces en buena lid, pero los miembros del COI no primaron la ilusión o el trabajo bien hecho, sino sus propios intereses. Ahora, cercado por las sombras de sospecha, se reinventa para garantizarse el negocio. POR IGNACIO PEYRÓ La visita de Felipe VI a Londres será una de esas ocasiones en que la Corona no se mantiene escondida como un misterio sino que se pasea como un desfile UANDO Isabel II y Felipe VI saluden a las buenas gentes de Londres, alguno recordará aquella vieja frase según la cual la monarquía endulza la política con la justa adición de acontecimientos hermosos La consideración es de Walter Bagehot, autor de ese oráculo victoriano La Constitución inglesa que iba a alzar el entramado teórico sobre el cual todavía reposan las monarquías parlamentarias del mundo. En virtud de la ligereza que acompaña lo mejor de lo británico, su libro aún se lee como una charla amena y no como un áspero digesto. Y, ante todo, nos sirve para pensar en la monarquía moderna menos como construcción racional, hija de la abstracción, que como institución razonable, hija de la experiencia de la historia. Ese carácter razonable es algo que podrá apreciarse en Londres en toda su utilidad e inteligencia. Véase que, en plena refriega del Brexit, con la controversia inamovible de Gibraltar y el recuerdo de las enemistades del pasado, el encantamiento místico que observa Bagehot en la monarquía volverá a ser operativo en ese posado de los reyes capaz de simbolizar el encuentro de dos pueblos. Como adivinó el eminente victoriano, si la monarquía es la luz por encima de la política es entre otras cosas porque a veces llega donde la política del día a día no es capaz de llegar. La visita de Felipe VI a Londres también será una de esas ocasiones en que la Corona no se mantiene escondida como un misterio sino que se pasea como un desfile Más pervivencia que anacronismo, la institución monárquica mantiene sus activos incluso en tiempos de tan severo escrutinio mediático como los nuestros: baste pensar, todavía, en la potencia que, a efectos de imagen- país, puede tener un brindis en el palacio de Buckingham. Es algo que también supo intuir Bagehot: a cualquier nación, a cualquier gobierno, el digno uso de la Corona le puede aportar un valor incalculable en términos de representación y reputación. La propia monarquía deja patente su funcionalidad en casos como estos: no hacen falta grandes esfuerzos teorizantes cuando es suficiente, como gesto visible de continuidad a la europea, juntar a dos jefes de Estado de dos antiguos países que son conscientes de la dignidad y la historia que representan. La propia diferencia de edad Isabel II llevaba quince años de reinado al nacer Felipe VI abona esa magia que, pese a todo, aún conserva la monarquía. La magia, sin embargo, va de la mano de la ejemplaridad: si los victorianos también entendieron que la exaltación de la monarquía sólo es posible por el carácter personal del C soberano ni el republicano más entusiasta puede reprochar ligereza a Isabel o a Felipe en el ejercicio de sus funciones. Ese es un rasgo con calado en las opiniones públicas, y responsable de un fenómeno que suele escapar a los estudiosos de la filosofía política el afecto que une a tantas personas con los reyes. Incluso en Reino Unido, ejemplo habitual de pasión monárquica, ese será un afecto mediado por la inteligencia: al fin y al cabo, la historia de las monarquías puede leerse como la historia de los intentos por embridar el poder real. De ahí surge lo que Pendás llama un milagro jurídico- político la monarquía parlamentaria como ejemplo de transacción con la que todos ganan más que pierden. Con ella, la sociedad puede respaldar a sus reyes sin temor a su intervencionismo en la política. La nación logra mezclar el refinamiento de la constitución con el viejo sentimiento de la monarquía heroica Y la propia Corona gana en prestigio con sus atribuciones hoy clásicas de ser consultada, exhortar y prevenir Esas son realidades que vivimos cada día, pero el tiempo iba a ir sedimentando otras utilidades en la Corona. Por ejemplo, para ver reconocida su autori- taxistas engañan a nuestros clientes. En la mayoría de las ocasiones les cobran de más, incluso treinta euros, mintiendo sobre pluses por maletas o salida del aeropuerto, y en otras los apean del taxi lejos de la vivienda con la excusa de no poder acceder a la calle (sitas en Alhóndiga y Aire) Con estas prácticas se te quitan las ganas de recomendar el servicio. Y no me vale aquello de que pagan justos por pecadores, pues insisto en que casi son más los casos de engaño que los de conductores honrados. ÁLVARO MARVIZÓN AGUILAR SEVILLA AFP Pueden dirigir sus cartas y preguntas al Director por correo: C Juan Ignacio Luca de Tena 7. 28027 Madrid, por fax: 91 320 33 56 o por correo electrónico: cartas abc. es. ABC se reserva el derecho de extractar o reducir los textos de las cartas cuyas dimensiones sobrepasen el espacio destinado a ellas. dad, la monarquía dependerá de su neutralidad: como explica Bagehot, un soberano no debe entrar en los combates de la política, o dejará de tener la reverencia del resto de combatientes No en vano, la nación puede tener cuantos partidos quiera, pero la Corona no es de ninguno he ahí su única manera precisamente de ser de todos. Junto a ello, se hace predominante la conciencia de que como dijo nuestro Cánovas la Corona no puede estar tan alta que se pierda entre las nubes De ahí que su necesaria vertiente filantrópica haya contribuido a prestigiar a una institución capaz de acoger y apoyar iniciativas de la sociedad civil que rara vez resuenan entre las prioridades de la política. Sí, siempre habrá, sin duda, coartadas para apoyar o no apoyar a la monarquía. Pero no faltan acciones que miremos a España y Gran Bretaña la hacen razonable a ojos de la sociedad. IGNACIO PEYRÓ ES PERIODISTA Y ESCRITOR