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62 ABCdelOCIO VIERNES, 23 DE JUNIO DE 2017 abc. es ABC Maudie, el color de la vida El público quiere ver historias reales, y esta lo es Aishling Walsh recrea, en pleno auge del biopic, la dura vida de una artista que superó mil barreras LORENA LÓPEZ Redención por el arte MAUDIE, EL COLOR DE LA VIDA Dirección: Aisling Walsh. Con: Ethan Hawke y Sally Hawkins ANTONIO WEINRICHTER aud Lewis era una mujer alegre y vivaz pese a las circunstancias que había vivido. Sus padres habían fallecido y su hermano mayor había vaporizado la herencia fami- Vidas de película liar, por lo que Maud tuvo que mudar- En pleno auge del biopic, Maudie trae se con su controladora tía. Ella solo una peculiar historia real. El público podía soñar con independizarse, has- quiere historias interesantes empapata que llegó su salvador. Everett Lewis, das de verdad, y así es la de Maudie un huraño pescador local, buscaba una con su discapacidad añadida a la difiasistenta. Tras ver el anuncio, Maud no cultad de su tiempo y sus ganas de ser tardó en mudarse a la pequeña y aisla- artista Walsh supo, nada más leer el da casa de Everett para encargarse de guión, que la actriz perfecta era Sally las tareas del hogar. Ella solo quería Hawkins. Ya habíamos trabajado analguien que la quisiera para pasar el tes en Cambio de identidad Además, resto de su vida juntos asegura a ABC le encanta la pintura. No se pudo la directora de Maudie, el color de la negar asegura. Ethan Hawke fue vida Aisling Walsh. el encargado de dar vida al huraLo que comenzó como una difícil ño marido que equilibra la enerEthan Hawke, héroe y convivencia, terminó siendo una bogía de la pintora. No puedo villano para su mujer nita historia de amor. Maud y imaginármela con otros No Everett eran una pareja inactores reflexiona. puedo compatible que consiguió sacar lo mejor el uno del imaginarme otro. Pese a su discapacila película dad, provocada por una arcon otros tritis que la iba encogiendo actores cada día que pasaba, cuidaba la casa y pintaba mientras su marido buscaba la manera de conseguir dinero. En su nuevo hogar recuperó su libertad y la pasión por la pintura. Era Everett quien le compraba los materiales para que dibujara cuenta Walsh. A través de este hobby consiguió plasmar su peculiar forma de ver la vida. Su pintura es como ella: alegre, sin sombras, naíf asegura. Maud va coloreando, poco a poco, la vida de Everett. Él cambió cuando ella llegó a su vida, y volvió a cambiar cuando ella se fue valora. Incluso consigue ayudar a la economía familiar vendiendo pequeñas tarjetas que luego serán grandes lienzos que la llevarían a convertirse en una de las artistas folk más reconocidas, y que hasta el mismo presidente Nixon compraría. La primera vez que escuché hablar de ella fue cuando recibí el guión de la película cuenta la directora irlandesa. Tan pronto como dijo que sí, comenzó a documentarse. Visité la casa original en la que vivió en Nueva Escocia, que ahora es un museo, hablé con gente que la había conocido... Intenté obtener toda la información que pude para Sally Hawkins realiza una interpretación magistral de la pintora con artritis Maud Lewis M conocer tanto su vida como la de su marido añade. Gran parte de la información que encontró fue el documental Maud Lewis, un mundo sin sombras Sin embargo, el mayor desafío llegó cuando quiso contar su vuelta a la pintura. Se ha hablado mucho de su vida, pero se sabe muy poco de la Maud de 20 o 30 años, así que tuvimos que imaginarnos cómo podía haber sido ella antes de convertirse en la pintora tan peculiar que conocemos confesó. o de los biopics es una lluvia fina, o escocesa, que no cesa. En un mes me habrán leído defender con la debida tibieza Madame Curie o Paula y, con mayor ardor, la recreación de los últimos días de Stefan Zweig. Son biografías ficcionadas en las que, como siempre, se acaba produciendo un cortocircuito entre el obligado respeto a los hechos y la licencia artística de quien cuenta una histo- L ria. Con Maudie estamos en las mismas que con Paula aquel otro retrato de una pintora desconocida: parecen querer recrear historias que la Historia ha robado a las mujeres, y se centran en el maltrato, institucional o conyugal, que les impidió obtener, o retardó, el reconocimiento que merecían. Maud Lewis, que vivió en una apartada villa de Nueva Escocia en la segunda mitad del siglo XX, practicaba un estilo naif de la escuela cualquier niño puede hacer eso como le repiten más de una vez. Pero la película no quiere reescribir la historia del arte moderno, sino que se inclina por el lado edificante: Maud tiene una deformación artrítica en todo el cuerpo, ningún apoyo familiar, nada de dinero. Pintar para ella es un acto en defensa propia. Sally Hawkins se marca un Day Lewis, es decir, una actuación de órdago, un arco de la juventud a la vejez en la que la vemos encogerse físicamente y agrandarse espiritualmente sin perder nunca ese brillo de su sonrisa: palabras mayores. A su lado, Ethan Hawke se esfuera por no verse arrasado por este tsunami interpretativo; el mérito es que casi lo consigue, en un papel que le va tan poco como el de ese patán al salitre que fue el infierno y el cielo para la pequeña gran Maudie. ABC