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ABC MIÉRCOLES, 31 DE MAYO DE 2017 abc. es internacional INTERNACIONAL 27 Muere Manuel Antonio Noriega, el dictador que se revolvió contra EE. UU. El que fuera hombre fuerte de Panamá en los 80, fue operado de un tumor cerebral JAVIER ANSORENA CORRESPONSAL EN NUEVA YORK ¡Ni un paso atrás! gritó Manuel Antonio Noriega, machete en mano, golpeando con el espadón contra el atril, en plena arenga populista y antiestadounidense, desde el escenario del centro de convenciones Atlapa, en la ciudad de Panamá. Era el 30 de abril de 1988 y el dictador panameño, amigo de Washington durante años, acusado de narcotráfico, asesinatos de opositores y latrocinio, se sabía acorralado dentro y fuera de su país, pero dispuesto a huir hacia adelante y meterse en un descenso a los infiernos que acabaría con Panamá invadido por el ejército estadounidense y con sus huesos en una prisión de Florida. Noriega murió este lunes por la noche en situación de arresto domiciliario, después de complicaciones surgidas tras la eliminación de un tumor benigno en el cerebro. Tenía 83 años, o eso se cree, porque se sitúa su nacimiento el 11 de febrero de 1934, aunque Noriega llegó a colocarlo en 1938 y otras fuentes lo retrasan hasta 1940. Quizá era una reacción de coquetería de un hombre marcado por su apariencia física: un acné juvenil le agujereó el rostro y cargó con el apodo de cara de piña y una apariencia de malo de película que encajó a la perfección en su biografía. Colin Powell dijo de él que era puro mal Sus orígenes fueron modestos. Su padre, un contable de la ciudad de Panamá, abandonó a la familia, su madre murió cuando él tenía cuatro años y se crió con su madrina en un barrio El dictador Manuel Antonio Noriega saluda a las tropas en 1985 humilde. Pero el entorno no fue un obstáculo para su ambición: en el libro de graduación de su instituto eligió como objetivos ser psiquiatra y presidente de la república Sus ambiciones médicas se acabaron a las primeras de cambio; las de estadista las desarrolló desde la carrera militar, en la que se embarcó gracias a una beca en una academia en Lima (Perú) que consiguió gracias a los contactos de un medio hermano destinado en la embajada panameña: fue la primera de sus maniobras en la sombra. Al regresar de Perú ingresó en la Guardia Nacional, donde demostró una EFE Sus propios intereses Mientras pasaba secretos de Cuba a EE. UU. vendía a Fidel Castro pasaportes panameños para agentes cubanos y soviéticos habilidad inigualable para la intriga: se anticipaba a sus enemigos y descifraba el caballo ganador. Su principal acierto fue ponerse al servicio del entonces mayor Omar Torrijos Herrera, que con el tiempo y un golpe de estado se convertiría en el dictador del país. Noriega fue su hombre de confianza y el jefe del G- 2, el servicio de inteligencia del ejército. Se sospecha que desde entonces estaba Noriega a sueldo de EE. UU. como informante. La muerte de Torrijos en accidente de avión Noriega no se libró de las sospechas de su participación le abrió la puerta hacia el poder control en Panamá: en 1983 tomó el control del ejército e instauró su propia dictadura: gobiernos a dedo, negocios con el narco, corrupción y acoso a la oposición combinadas con una vida histriónica y libertina, con mansiones, fiestas y excentricidades como su colección de muñecos de peluche disfrazados de paracaidistas. Su fortuna se estimaba por encima de los 700 millones de dólares. EE. UU. sabía de sus desmanes, pero Noriega también le sirvió como un elemento estabilizador en Centroamérica, convertido en un caldo de insurrecciones izquierdistas. Pero el dictador siempre tuvo claro que solo se debía a sí mismo: mientras pasaba secretos de Cuba a EE. UU. vendía a Fidel Castro pasaportes panameños para agentes cubanos y soviéticos. Noriega tensó la cuerda, sobre todo a partir 1985, cuando asesinó a Hugo Spadafora, un opositor que le acusaba de sus vínculos con el narco. Aumentó la represión a sus contrarios, resistió dos golpes de estado, anuló el resultado de unas elecciones que no le convenían y amenazó con no respetar los acuerdos con EE. UU. sobre el canal de Panamá. En 1989, las presiones desde EE. UU. por sacar a Noriega del poder se dispararon y George H. W. Bush ordenó la invasión del país, que dejó un puñado de muertos estadounidenses y centenares panameños. Noriega trató de escapar, se refugió en la embajada del Vaticano, pero acabó por entregarse. Allí comenzó un periplo de juicios por narcotráfico, homicidios y corrupción en EE. UU. Francia y Panamá por el que sirvió condena en los tres países.