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44 CULTURA MARTES, 30 DE MAYO DE 2017 abc. es cultura ABC Farideh Lashai, en el Prado Los Desastres de la Guerra de Goya, deconstruidos La última obra de la artista iraní Farideh Lashai, fallecida en 2013, inspirada en los Desastres de la Guerra de Goya, se exhibe en el Prado. Se trata de una videoinstalación, procedente del British Museum, que forma parte de la serie La obra invitada patrocinada por la Fundación Amigos del Museo del Prado y que está adscrita a PHotoEspaña. Lashai deconstruye los Desastres goyescos y los reinterpreta en 80 fotograbados. Deja vacíos sus fondos y anima digitalmente las figuras, que se proyectan, por azar, a través de un foco de luz. Cuando éste se posa sobre cada uno de los Desastres aparecen, por arte de magia, las figuras que habían desaparecido. Además, cobran movimiento. Cuando se retira el foco vuelven a desaparecer. Todo ello sucede al ritmo de un Nocturno de Chopin. Fragmento de la videoinstalación de Farideh Lashai en el Prado MUSEO DEL PRADO Pagué el precio de la soledad por ser libre, pero ahora me alegro Susanna Tamaro Escritora La autora italiana se adentra en el terreno de la fábula con La tigresa y el acróbata BRUNO PARDO PORTO MADRID A Susanna Tamaro (Trieste, 1957) el corazón la llevó a vivir lejos del ruido, cerca de la naturaleza más apacible, que en su caso se encuentra en una finca de la Umbría italiana. Allí ha conseguido ser libre (su mayor preocupación existencial) y escribir una obra tan vasta como exitosa. Con La tigresa y el acróbata (Seix Barral) la autora se adentra en el terreno atemporal de la fábula, un lugar que le ha costado mucho construir. -La tigresa de la novela es un ser incomprendido, que evita siempre el camino impuesto. ¿Hay algo de usted en ella? -Por supuesto. Yo nunca acepté recorrer el camino que me imponían los demás. De hecho, a mí si me decían que hiciese algo siempre me negaba. ¿Qué le imponían? -Querían que fuese más normal. Para empezar, que fuera una niña muy fe- menina con lacitos en el pelo. Pero yo quería ser exploradora. Quería llevar pantalones, pero en mi época que una niña llevase pantalones era un escándalo. Recuerdo que una vez cuando cumplí ocho años me regalaron una falda azul. Me quería morir. Quería prenderle fuego. -En el libro se habla mucho del valor de la libertad. ¿Cómo de importante es para usted? -Es fundamental. Yo siempre he hecho elecciones de libertad desde la libertad. Y luego tuve que pagar un precio: la soledad. Ahora que tengo sesenta años estoy contenta de haber pagado ese precio. Si miro atrás y veo mi vida, estoy contenta con lo que he logrado. ¿Por qué la soledad es el precio a pagar por la libertad? -No hay muchas personas que tengan la valentía de ser libres. El conformismo es mucho más fuerte. -En toda la novela estamos viendo al hombre desde fuera, desde el punto de vista del tigre. Se habla de él como un ser que mata por matar. ¿Cree que el ser humano es así? -Sí. Entre todos los seres vivientes del mundo los únicos que matan por el placer de matar son el hombre y el chimpancé. Los demás animales solo matan para sobrevivir. ¿Desconfía del ser humano? Susanna Tamaro BELÉN DÍAZ ALONSO -Creo que tenemos mucho potencial y muchas veces no nos damos cuenta. Es mucho más fácil seguir el camino del mal, el negativo, porque seguir la senda del bien exige un gran esfuerzo. Aparentemente, seguir el camino negativo parece más natural. -No siempre. -Si uno conoce a la gente adecuada, la bondad sale a flote. Es fundamental a quién conocemos en nuestras vidas, como ocurre en el libro con la tigresa y el chamán. Él cambia el rumbo de su vida. -Él le revela la existencia de la eternidad. ¿Cómo de importante es la trascendencia para usted? -Es fundamental. Si no tenemos esa dimensión, no logramos ver las cosas desde la perspectiva justa. El ser humano vive 80, 90 o incluso 100 años. Pero es poco tiempo. Yo tengo 60 pero me parece como si fuera ayer cuando era una adolescente. La vida va muy rápido y cuando envejeces demasiado te preguntas: ¿ya va a terminar? Es imposible para mí que todo el mundo, toda la naturaleza, toda la existencia, sea solo un espectáculo de 80 años. No puede ser, es demasiado corto. Yo creo que hay una inteligencia que guía toda la naturaleza y que la vida continúa más allá. No sabemos cómo, pero yo estoy segura de que continúa. Y esto me relaja mucho. ¿Qué buscaba adentrándose en el género de la fábula? -Un tipo de narración distinto. Estamos llenos de historias superficiales en el mundo de los medios de comunicación, en televisión e internet. Sin embargo, las palabras pueden transmitir experiencias muy profundas. Para mí, la fábula es la manera de contar historias más profundas. ¿Le ha costado encontrar el tono que merecía la historia? -Es el libro más difícil que he escrito. Lo abandoné durante un año y llegó un punto en el que pensaba que no lo iba a terminar. Para mí, la referencia ha sido la naturaleza, que es atemporal. No tenía referencias literarias. ¿Cómo es su relación con la naturaleza? -La adoro. Cuanto más pasan los años, más difícil se me hace estar lejos de ese mundo. Me encuentro completamente sincronizada con la naturaleza. Si, por ejemplo, salgo a dar un paseo por Madrid, puedo escuchar el zumbido de las abejas aunque estén a 100 metros. Y las encuentro.