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ABC JUEVES, 25 DE MAYO DE 2017 abc. es ENFOQUE 5 Un soldado armado patrulla ayer en Whitehall, junto a Downing Street y el Parlamento británico, en el centro de Londres AFP Alerta máxima Mánchester, ¡qué tiempos! JAIME GONZÁLEZ Mánchester será siempre tan oscura como la voz de Morrissey. La muerte sin razón es asesinato cantaba como si te lanzara a la cara los ladrillos de la fachada del club Salford. Las letras de las canciones de los Smiths eran ásperas como las esquirlas de las bombas, pero eso era cuando en Mánchester no se pecaba de inocencia, sino de inconsciencia. Ahora la muerte la ha golpeado mientras escuchaba a Ariana Grande, toda una metáfora sobre la candidez de las sociedades modernas. La muerte sin razón es asesinato cantaba Morrissey, pero sus letras ya no sirven como banda sonora de esta época nueva en la que la rebeldía de antaño ha sido sustituida por la demencia de un ejército urbano de seres anónimos fascinados por el odio y el espanto. Un joven suicida británico se convierte en un asesino de masas durante un concierto en Mánchester y a las pocas horas Daesh se atribuye la autoría del atentado en una vertiginosa relación causa- efecto. O efecto- causa, porque ya no se sabe qué fue antes, si el huevo o la gallina, la seducción del terror o el brutal cruce de cables del hombre- bomba que decidió morir matando en un concierto de Ariana Grande. Y en medio, Mánchester, Londres, París, Berlín, Niza, Bruselas, Nueva York o Madrid, ciudades rehén o ciudades diana de una guerra puñeteramente rara. Es verdad que la supremacía moral de Occidente es su mejor arma, pero precisamente por eso no podemos quedarnos simplemente poniendo velas y flores a los muertos. Llegará un momento en que el hermoso ritual de rendirles homenaje se convertirá en la constatación de nuestra propia impotencia. ¿Y si esta fuera una guerra infinita? ¿Y si nos viéramos obligados a aceptar que somos un blanco fácil perpetuo? Morrissey cantaba aquello de la muerte sin razón es asesinato como si te lanzara a la cara los ladrillos de la fachada del club Salford, pero ahora las cosas han cambiado y nos matan escuchando a Ariana Grande. Mánchester, ¡qué tiempos! INTERNACIONAL