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ABC VIERNES, 19 DE MAYO DE 2017 abc. es ENFOQUE 5 Centenares de grandes pegatinas que reproducen la bandera de España aparecieron ayer en elementos del mobiliario urbano y en edificios de Barcelona y su área metropolitana FOTOS: EFE Banderas de España en Barcelona La espátula HUGHES Barcelona amanece llena de misteriosas banderas españolas El titular hacía pensar en un happening. Sólo una performance artística o un fenómeno paranormal podrían explicar algo así. Incluso llegaron a aparecer banderas en las paredes de organismos oficiales. Ante semejante alteración del orden, las autoridades debían intervenir; los Mossos identificaron con rapidez a siete personas, tres de ellas menores, y denunciaron a las otras cuatro. Españoles pegando banderas españolas en España. Saturar el espacio- tiempo de esteladas solo aspira a vulnerar la Constitución, pero llenar Barcelona de banderas españolas violaba concretamente las ordenanzas. Entre una ordenanza y una constitución es más fácil hacer cumplir la primera. Pero no hagamos demagogia ¡jamás! El debate jurídico entre ordenanzas y constitución se decanta por algo muy concreto: las banderas eran adhesivas, eran puñeteras pegatinas. De creer a las autoridades, nada hubiera pasado de ser otra cosa. Las pegatinas son muy irritantes y, sobre todo, son indelebles. Hay pegatinas de cerrajeros que llevan en los portales desde los años setenta. A todos nos sobrevive una pegatina de Naranjito en algún sitio. La pegatina es como la cucaracha publicitaria. Hay que reconocer la travesura de los siete: querían garantizar una españolidad como mínimo visual para unos cuantos años, porque no iba a ser fácil la eliminación de los restos. Es aquí, precisamente en esto, donde la, llamémosla acción patriótica, revelará toda su genialidad. ¿Qué hará el ayuntamiento para remediar la españolidad hiriente y adherente en sus calles? Una pegatina mal arrancada es una cosa fea y un poco dramática. Un jirón de bandera. Un rastro sentimental de España. ¿Rascarán con las uñas cívicamente? ¿Sacarán la espátula? El nacionalismo se va a comprender en la saña con la que se apliquen a la dificilísima tarea de eliminar del todo los restos de esas pegatinas. Sencillo no será. Habrá que rascar mucho. En ese rascar, disciplinado y puede que hasta químico, quizás se manifieste cierta propensión higienizante del nacionalismo catalán. La espátula ¡Lluís Llach! más o menos simbólica. ESPAÑA