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12 OPINIÓN VIDAS EJEMPLARES PUEBLA JUEVES, 18 DE MAYO DE 2017 abc. es opinion ABC LUIS VENTOSO QUÉ COSAS Aventuras de un día cualquiera en España UÉ gran país es España, capaz de sobrevivir con éxito a sus políticos, jueces, televisiones, empresarios, botellones y gallos eurovisivos. Basta repasar una semana cualquiera para constatar que somos un pueblo formidable, que prospera y es feliz en medio de la inseguridad jurídica, la demagogia barata, las prácticas bananeras, los manguis de despacho, los dirigentes mediocres y un chapucero golpe de Estado en Cataluña. Un país donde el juez que lleva los casos de corrupción más sonados, Púnica y Lezo, se apea en marcha y se busca un currillo spa, que esto es muy cansado. No sin antes ofrecer la libertad bajo fianza a Granados, que lleva dos años y medio en prisión preventiva (un abuso inadmisible en cualquier democracia, aunque se trate de un pícaro) Un país donde guardias civiles pasados de rosca machacan con un par de informes la presunción de inocencia de la presidenta de Madrid, justo ahora que sacaba cabeza en la carrera sucesoria. Donde el presidente del Gobierno despachó ayer a Riverita en el Congreso diciéndole que no le dé la lata con medidas anticorrupción, siendo el desdoro que abochorna a los votantes del PP. Un país donde Homs, hasta ayer un cargo público, declara que estamos en guerra contra España. Donde un felón antipatriota, Iglesias, se aviene a hacer de palmero en Madrid de Puidgemont, enemigo manifiesto de su nación. Un país con un modelo televisivo psicodélico, con cadenas comerciales consagradas a apoyar a un peligroso partido comunista, en una maniobra que nació con el astuto beneplácito de alguna egregia cabeza del PP. Un país con algunos gurús empresariales cuyo único talento consiste en expandirse a crédito, dejando pufos ingobernables, que les dan igual, pues cuando toque pagarlos el genio ya estará en babuchas en su dacha con una jubilación inexplicable (y hasta dando consejos) Un país donde el vidrioso jefe del fútbol, Villar, lleva 29 años al frente del tinglado y quiere seguir con 67. Donde a Banderas, un patriota español que se hizo hueco en Hollywood y nunca olvidó su tierra, lo despellejan los comunistas de su ciudad, carcomidos por la envida, porque ha tenido la generosa idea de proponer un gran proyecto de rehabilitación cultural para Málaga. Un país donde los aspirantes a dirigir el PSOE debatieron sin aportar ni una cifra ¡hasta Corbyn echa alguna cuenta! y sorprendieron con su ramplonería y su choni- dialéctica no mientas, cariño no mola Donde se enfrentaron un enterrador (Pedro, doble récord negativo en las urnas) un ingrato (Pachi, que nunca agradeció al PP su cargo de lendakari y que se hundió por filonacionalista) y una miope, Susana, que llamó partido tóxico al PP, cuando ella se forjó en la gloriosa cantera de los ERE, los cursos de formación y las redes clientelares de funcionarios. Pero crecemos al 3 exportamos más que nunca, somos líderes en buen humor, contamos con literatos magníficos, disfrutamos de unas ciudades preciosas y unas infraestructura únicas gracias, Alemania hemos inventado enormes multinacionales, queremos a nuestros padres y abuelos y sabemos que siempre escampa (y si no, tampoco pasa nada) Un gran país. En realidad, un milagro. Q CAMBIO DE GUARDIA GABRIEL ALBIAC EL ENVITE DE MACRON Construir una imagen y una mitología: que es posible hacer política sin los viejos partidos ACE unos pocos días, Alain Finkielkratut dejaba caer su desasosiego tras las elecciones francesas: Cuando vi los resultados, experimenté un doble sentimiento de alivio y de abatimiento. Alivio, porque la elección de Le Pen hubiera sido una verdadera catástrofe. Nos habría hundido en el caos y en la guerra civil... Había que penalizarla. Yo lo hice sin un atisbo de duda. Pero el abatimiento domina en mí... Todo, en el comportamiento y en las propuestas de Emmanuel Macron, tiende a hacerme pensar que no es el hombre que la actual situación exige La ambivalencia de Finkielkraut es espejo del malestar que envuelve a los ciudadanos franceses. En un altísimo porcentaje, han votado contra aquello de lo cual era imprescindible defenderse: un emergente populismo de matriz fascista. Y se han visto obligados a hacerlo en unas condiciones de indefensión cuyas causas es todavía demasiado pronto para entender. Volados en paralelo los dos partidos que han sido soporte constitucional de Francia desde 1958, ninguna alternativa que no fuera Macron quedaba abierta para cerrar el acceso de Marine Le Pen a la presidencia. La reacción electoral fue la previsible. El riesgo de suicidio era demasiado obvio. Pero, la verdadera pregunta se plantea ahora: ¿qué han votado los franceses? ¿A quién y con qué objetivos? Ninguna de esas interrogaciones tiene respuesta fácil. H Macron trataba ayer de dar un primer atisbo del envite en la designación de su primer gobierno. A su cabeza, como primer ministro, un conservador, Édouard Philippe, procedente de la coalición Les Republicains del derrotado Fillon. Hasta hace poco, había sido el delfín de Alain Juppé, uno de los conservadores franceses con más largo recorrido en el poder. A Édouard Philippe lo une con Macron el vínculo generacional: 39 años el presidente, 46 el primer ministro. Nada, en lo ideológico. Pero, ¿es que lo ideológico sigue jugando algún papel en la política francesa? ¿Sigue acaso jugándolo en la política de todos y cada uno de los países que componen la hoy bamboleante UE? De un modo muy inquietante, no hay ya corpus ideológicos más que en los dos núcleos totalitarios que se expanden sobre Europa: populismos tercermundistas y populismos criptofascistas. La primera tarea de ese inaugural gobierno de Macron, con Philippe al frente, tiene necesariamente que ser la de atenuar esta inquietante percepción de que, frente al anacronismo populista, no queda ya más opción que la de una tecnocracia de la cual estarían por completo ausentes los principios. Finkielkraut tiene razón al subrayar que la retórica exhibida por el nuevo presidente ha sido tan brillante cuanto vacía. Yo añadiría que la escenografía spaghetti- western de la noche electoral ante la pirámide del Louvre, dejó una impresión de frivolidad penosa. Y hasta Beethoven sonaba a Morricone. El gobierno que Macron proclamó ayer es, todos lo saben, un gobierno provisional. No podrá ir más allá de las legislativas de junio. Pero el valor simbólico de este gobierno de notables es grande, para entrever si el tiempo de la autocomplacencia ha terminado: paridad entre hombres y mujeres, presencia indistinta de conservadores, liberales, socialistas y ajenos a la casta política... Su función no es gobernar: eso vendrá tras el 18 de junio. Su función es construir una imagen y una mitología: que es posible hacer política sin los viejos partidos, esas máquinas a las cuales el ciudadano odia más que a ninguna otra cosa. Es hora de cerrar, en suma, un ciclo.