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ABC SÁBADO, 1 DE ABRIL DE 2017 abc. es opinion OPINIÓN 13 UNA RAYA EN EL AGUA EL ÁNGULO OSCURO JUAN MANUEL DE PRADA CASSANDRA Condenar a un año de cárcel a quien escribe gracietas macabras no es sólo una desmesura, sino también una ridiculez E SCRIBÍA recientemente Santiago Alba Rico: Si uno no puede sentirse bueno amando, busca sentirse bueno odiando. Odiamos, en todo caso, por las mismas razones que amamos: para sentirnos mejores; para purificar nuestra alma; para probar las delicias de la bondad supina Sospecho que esta era la razón última que animaba a ese tuitero llamado Cassandra a escribir gracietas macabras. Que entre tales gracietas se acepte ingenuamente el burdo relato oficial que se conforma con atribuir toda la responsabilidad del asesinato de Carrero Blanco a los etarras ya nos dice mucho sobre la mente que escribió esas gracietas. Una mente seráfica que sólo anhela purificar su alma y sentirse buena; o sea, irreprochablemente democrática. ¿Acaso existe en España otro medio más rápido e infalible de ganarse una medallita que pegar lanzada a franquista muerto? ¿No es acaso lo que hacen nuestros escritores y cineastas de cabecera, nuestros politiquillos de izquierdas y derechas, nuestros sexadores de cunetas? A imitación de otros demócratas como la copa de un pino que fumigan callejeros o quieren sacar de la tumba los esqueletos de los ministros de Franco para juzgarlos y meterlos en la cárcel, Cassandra escribió en Twitter gracietas macabras sobre Carrero Blanco. Lo hizo para hacerse querer, para alcanzar la bondad supina de los demócratas. Y, para que no quedase duda alguna de sus intenciones, incorporó a sus gracietas el relato oficial sobre el asesinato de Carrero Blanco, que sólo se lo creen los monaguillos más cándidos del oficialismo rampante. Condenar a un año de cárcel a alguien que escribe gracietas macabras no es sólo una desmesura, sino también una ridiculez. Cassandra, en el fondo, sólo quería sentirse mejor alanceando un franquista muerto, para imitar el democratismo fetén. De hecho, los tuits dedicados a Carrero Blanco no eran más abyectos que otros muchos que escribió, dirigidos contra personas vivas, a quienes también deseaba la muerte. Escribía Alba Rico que las redes sociales, donde el odio ha encontrado un vivero fecundísimo son masculinas en el peor sentido imaginable del término; y, al menos en esto, Cassandra se ha comportado como un machote tremendo, por mucho rollo penevulvar que quiera poner en su vida. Pues, en efecto, sólo un machote tremendo (por bruto y por estar en un estadio previo a la civilización) se burla de la muerte del prójimo, o fantasea con ella. El más íntimo núcleo de la civilización es el respeto a los muertos. Todo muerto, aunque fuese el más vil de los hombres, merece nuestro respeto y compasión, pues nos recuerda que somos frágiles y mortales. Y cuando fantaseamos con la muerte de alguien, aunque sea el más vil de todos los hombres, estamos dejando de ser humanos. Porque, para desear algo para otro, antes tenemos que sentirlo como algo que vive dentro de nosotros, como una flor cultivada en nuestro jardín interior. Sólo quien ha sido invadido por la desesperación puede albergar dentro de sí un deseo de muerte; sólo quien ha dejado de ser humano puede cultivar flores tan pútridas en su jardín. Por supuesto, cualquier persona sana puede en alguna ocasión por padecer una enajenación transitoria o atravesar circunstancias difíciles descarriarse y dejarse invadir por deseos aciagos de muerte que anulan nuestra humanidad y nos convierten en alimañas. Pero una sociedad sana se preocupa de reprobar esos deseos, para encarrilar a quien los padece. Sólo una sociedad envilecida y des- civilizada aplaude y ensalza el deseo aciago de muerte; sólo una época que busca sentirse buena odiando puede erigir a quien cobija deseos de muerte en modelo heroico y protomártir de la libertad. IGNACIO CAMACHO RECURSO DE AMPARO La nación de las Cortes de Cádiz encarna la última esperanza de amparo político y moral para millones de venezolanos O se puede decir que el Gobierno español, más preocupado de nuestros inversores en Venezuela que de la suerte democrática de los venezolanos, haya reaccionado con mucha contundencia ante el autogolpe de Maduro. Aunque de poco servirá la prudencia oficial, siempre tiene la coartada (moralmente dudosa) de los intereses de Estado. Más libre de manos, y tampoco las ha usado para escribir una condena concluyente, está en teoría el Partido Socialista si no fuera porque, vaya por Dios, ha sido el ex presidente Zapatero el presunto mediador que lleva meses zascandileando por Caracas con el resultado habitual de todas sus gestiones: un rotundo fracaso. Es asombrosa la capacidad de este hombre para malograr cualquier iniciativa o proyecto en que se halle embarcado. En este caso la suposición de incompetencia le beneficia porque los miembros de la oposición antichavista sospechan que su misión tenía objetivos menos desprendidos de los que se le supone a un árbitro. Con todo, y pese a la tibieza, los partidos constitucionalistas han cumplido su obligación de repulsa más o menos matizada por el tacto diplomático. Ésta es la hora en que falta Podemos por subirse siquiera en el estribo de ese carro. Cada desmán de Maduro, y mira que han sido frecuentes, ofrece al partido de Pablo Iglesias una nueva oportunidad de marcar distancias ideológicas con su antiguo tutor venezolano. Una tras otra las desperdicia con un tesón que no puede resultar sino voluntario; estos días anda volcado en defensa de la tuitera Cassandra y sus chistes macabros sobre Carrero Blanco. Disculpas, casuismos, pretextos, elipsis; en cuanto Venezuela anda por medio todo se vuelve un despliegue de evasivas y circunloquios en la retórica de unos dirigentes que blasonan de su lenguaje directo y franco. La asociación con el chavismo les irrita tanto como les cuesta repudiarlo. Alguna clase de vínculo ha de existir que justifique esa terca renuencia a la emancipación, esa vacilación continua ante el parricidio psicológico freudiano. Y sí se trata de una cuestión importante: primero por decencia democrática y segundo porque España no se puede quedar al margen del destino de un país hermano. La influencia moral española en Latinoamérica es inexcusable y hay que ganarse el liderazgo. Millones de venezolanos esperan encontrar en nosotros un anclaje de apoyo, una referencia de amparo para su libertad amenazada por los abusos de un régimen criminal y patibulario. Hugo Chávez siempre supo compaginar su deriva autoritaria con una débil fachada democrática en las instituciones que su sucesor ha dinamitado. El golpe contra el Parlamento acaba con todas las simulaciones y coloca a la sociedad civil en situación de indefensión frente a una tiranía en colapso. La nación de las Cortes de Cádiz es casi su ultima ratio; de Podemos nada cabe esperar pero los demás no tendremos perdón si les fallamos. N JM NIETO Fe de ratas