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12 OPINIÓN VIDAS EJEMPLARES PUEBLA SÁBADO, 1 DE ABRIL DE 2017 abc. es opinion ABC LUIS VENTOSO SIN PERDÓN Algunas barbaridades simplemente no pueden olvidarse ECORRERSE entera Oxford Street, la calle londinense de los grandes almacenes, viene a ser como fumarse media cajetilla de Winston (o de Celtas) Es una de las vías más contaminadas del mundo y siempre está atestada, lo que invita a evitarla. Pero cuando paso por allí suelo recordar que antaño fue mucho peor. Nació como calzada romana y más tarde, hasta finales del XVIII, era Tyburn Road, la senda que llevaba al llamado Árbol de Tyburn las horcas (hoy decorosamente sustituidas por el arco blanco de Marble Arch) Si un alguacil te decía pronto harás el baile de Tyburn mal negocio, pues así se conocía el tembleque final en la soga. Los ahorcamientos constituían una enorme jarana popular, un pasatiempo que congregaba a multitud de curiosos. También había carteristas, mercaderes, sufridos deudos y médicos, que codiciaban los cadáveres para sus estudios anatómicos. El reo salía en carreta descubierta desde la cárcel de Newgate. Durante el recorrido, la plebe londinense aplaudía y vitoreaba a los criminales que no perdían el temple e insultaba y pringaba con inmundicias a los que flaqueaban ante la danza de Tyburn. En una ocasión había tanto público que los improvisados graderíos se derrumbaron. Por una vez, el reo no fue el único fiambre de la sesión. Memorable fue también la ejecución de Lord Ferrers, en 1760. Ataviado para la ocasión con su traje nupcial, al aristócrata y asesino no se le ocurrió nada mejor que dar una magnánima propina de cinco guineas al verdugo. Pero se confundió y entregó las monedas a su asistente. Titular y aprendiz se enzarzaron por la pasta. El flemático conde Ferrers tuvo que exigir orden y solicitar que atendiesen a su gaznate. Hoy todo eso nos parece del peor salvajismo. Y lo era, como la propia pena de muerte, una reminiscencia aberrante de eras oscuras de enorme violencia cotidiana. Siempre me ha desagradado la pena capital y la rechazo. Pero como tantas veces, en España el péndulo está girando a otro extremo equivocado. Ayer estaba comiendo mientras veía el telediario. Apagué por lo repulsivo de una noticia. Contaban la detención de un centenar de pedófilos en varios puntos de España. Entre otras atrocidades, habían abusado de bebés y lo habían grabado. ¿Qué condena merece algo así? En mi modestísima opinión, y salvo que medie enfermedad mental, un hombre que comete tal barbaridad, que agrede a lo más dulce de la humanidad de un modo tan abyecto, cruel y gratuito, debería pasarse sus días en una cárcel. Entendería una condena a cadena perpetua revisable. ¿Soy un retrógrado? No lo creo. Txapote, que asesinó con una frialdad que todavía estremece a Blanco, Ordóñez, Buesa, López de la Calle y tantos otros, que está condenado a 450 años de cárcel, podría salir a pasear con 72 años, hoy todavía una buena edad, y ya le han concedido un permiso. A millones de ciudadanos nos duele. ¿Somos ultras cavernarios? Para nada. Lo regresivo de verdad es que personas que ha hecho un daño imperdonable reciban un perdón que es injusto, por una elemental humanidad para con sus víctimas. No llevaría a Txapote al árbol de Tyburn no somos de su calaña pero tampoco le daría un horizonte sin rejas. R HORIZONTE RAMÓN PÉREZ- MAURA LA VICTORIA DE LA SOCIALDEMOCRACIA España es un buen ejemplo del triunfo del que ya nos habló Hayek al dirigirse a los socialistas de todos los partidos ORREN tiempos extraños. Vemos en elecciones europeas, una tras otra, la derrota de los partidos socialistas clásicos a los que identificamos con la socialdemocracia. En algunos casos el descalabro es directo y sin paliativos, como lo fue, por ejemplo, en Holanda, donde el batacazo de la coalición gubernamental fue esencialmente el de los socialistas del PVDA que pasaron de 38 escaños a nueve. Se quedaron en menos de la cuarta parte, lo que teniendo en sus filas a luminarias como el todavía presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, a nadie puede sorprender. Más entretenido se presenta el despeñe del Partido Socialista Francés. Todo apunta a que las presidenciales del próximo día 23 nos van a dejar como primer resultado algo sobre lo que muchos deberían reflexionar: van a quedar eliminados en primera vuelta los candidatos de los dos partidos que los escogieron por medio de primarias. Macron y Le Pen no perdieron tiempo, esfuerzos o dinero en esas zarandajas que engendraron a Fillon y Hamon. Y Benoît Hamon, el de las primarias, lleva al PSF camino de su mayor fracaso histórico. No sólo no va a llegar a segunda vuelta- ese éxito ya lo tuvo Lionel Jospin en 2002, cuando quedó tercero. Esta vez pueden quedar quintos, lo que va a ser una cla- C ra consecuencia del abandono de las posiciones socialdemócratas por tratar de competir con la izquierda radical. Sin duda es por ello que Manuel Valls, el verdadero socialdemócrata, le ha dado la puntilla al PSF esta semana. Todavía tenemos que ver el resultado de Alemania, donde el factor socialdemócrata es secundario frente al auge del euroescepticismo de Alternativa para Alemania que puede costar la cancillería a Merkel. Pero ella no perdería por un triunfo de las políticas socialdemócratas, sino por una división del voto conservador. Y luego está España, claro. Aquí vivimos unas unas primarias entre tres candidatos del PSOE a los que podemos fácilmente ubicar como la representación de la socialdemocracia clásica (Susana Díaz) la radicalización a la izquierda (Pedro Sánchez) y ni lo uno, ni lo otro, sino todo lo contrario (Patxi López) Por el bien de España, más no vale que la alternativa a las políticas del PP la encarne un PSOE socialdemócrata. El problema es que esa alternativa ya sólo lo es en políticas sociales, no en las económicas. Porque España es un buen ejemplo del triunfo de la socialdemocracia del que ya nos habló Friedrich Hayek al dirigirse a los socialistas de todos los partidos Aquí tenemos un gobierno que en políticas fiscales y económicas es tan socialdemócrata como lo fueron los grandes líderes socialistas europeos del siglo XX. Empezando por nuestro ministro de Hacienda, tan preocupado por recaudar más para que el Estado pueda gastar todavía más: socialdemocracia de laboratorio. El ejemplo de esta semana es apabullante: para celebrar la tímida recuperación el Gobierno anuncia la contratación de nuevos funcionarios. En este ejercicio nada menos que 67.000 de los que 19.000 serán directamente fichados por el Estado. Y unos 250.000 funcionarios que en la actualidad tienen condición de interinos o temporales, serán fijos. Y desde los liberales de Ciudadanos se pide 3.800 millones más de gasto después de haber avalado el chantaje de los estibadores... Con la derecha haciendo políticas de izquierda, ¿a quién puede sorprender que los socialistas se dediquen a cambiar nombres de calles o a arremeter contra la Iglesia? Ya no les queda otra cosa...