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48 FAMILIA MIÉRCOLES, 22 DE MARZO DE 2017 abc. es familia ABC Los padres deben actuar y no solo pensar que su hijo ya cambiará Entrevista Javier Urra Doctor en Psicología y Ciencias de la Salud y escritor Considera que el 20 de los niños tienen problemas psicopatológicos LAURA PERAITA MADRID En su último libro, Primeros auxilios emocionales para niños y adolescentes Javier Urra ofrece soluciones para aquellos padres que dudan a la hora de educar a sus hijos. No puedo aceptar que se diga que los niños vienen sin una guía debajo del brazo. Ya no hay excusas porque es un libro muy práctico asegura. ¿Por qué hoy hacen falta guías si las generaciones anteriores de padres no las necesitaron? Hace años los niños se morían de polio, tuberculosis... Cuando los problemas físicos desaparecen en gran medida, nos percatamos de que el 20 de los niños tienen problemas psicopatológicos; es decir, uno de cada cinco menores de 18 años. Se habla mucho de TDAH, pero a las consultas llegan niños obsesivos compulsivos, con problemas de trastornos de personalidad, que agreden a sus padres, con pensamientos psicóticos... ¿Cuál es el motivo principal de estos problemas psicopatológicos? Se ha acortado la infancia. Hay niños de 13 años que tienen comas etílicos- -el año pasado 5.000 casos- sufren separaciones mal llevadas de sus progenitores, están sobrecargados de deberes, no tienen tiempo para jugar... Antes educaban los padres; ahora, los padres, la escuela, los medios de comunicación y las redes sociales. Las nuevas tecnologías les permiten acceder a páginas que fomentan la anorexia, la violencia, el sexo sin límites... Y quieren emularlo. Sin embargo, les crea un vacío existencial. Yo he preguntado a jóvenes ¿te merece la pena vivir? Me miraban sin saber qué responder. Si no les importa su vida, ¡qué les va a importar la de los demás! Son muy duras esas declaraciones. ¿Cómo cambiar esta actitud? Les falta aprender lo que significa el tú ponerse en el lugar del otro y descubrir realidades distintas a las suyas. Los padres, por ejemplo, deberían llevarles a un hospital y mostrarles que allí hay niños que van a morir, para que se den cuenta de lo que tienen en la vida y lo afortunados que son. ¿No se les protege demasiado como para mostrarles esa dura realidad? Los niños no conocen la muerte, el Según Urra, el 60 de los casos de depresión en niños no se tratan sufrimiento. Creen que el abuelito se ha dormido La vida hay que mostrarla como es. Hay que llevarles a ver al abuelo con demencia que dice cosas sin sentido, que huele mal por su incontinencia, pero que quiere a su nieto. Debe darle un beso. Es la verdadera vacuna para convertirle en un ser sensible, afectivo, cariñoso. No hay que ocultarle que la vida es un conflicto. ¿Se trata correctamente a los niños que sufren depresión? Su depresión cursa de manera sorpresiva para los adultos. Cuando una persona se deprime no tiene fuerza, M. BALANYA Falta de auxilio emocional Los niños que sienten depresión se suicidan, teóricamente, para mejorar las cosas está triste... Pero un niño depresivo puede confundirse con uno ansioso, nervioso. Los padres no saben identificarlo. En el 60 de casos no se tratan. El adulto sabe que hay herramientas para mejorar su situación. El niño, sin embargo, se suicida, teóricamente, para mejorar las cosas. ¿Qué se puede hacer para impedirlo? ¿De quién depende? De la sociedad. Hay que ser moral, enseñar a los niños los dilemas. ¿Hace falta que los padres hablen más con sus hijos? -Los padres hablan más que los de las generaciones anteriores. Pero hay que fomentar esa conversación y decirles que nosotros fuimos adolescente y tuvimos problemas, pero también responsabilidades. La familia no es una democracia. Es un lugar donde mandan los adultos. Pero no siempre obedecen. ¿Ha habido pérdida de autoridad? Se ha diluido en general, no solo la de los padres. La misma Policía está preocupada porque los jóvenes les insultan por la calle, sin motivo alguno. ¡Y ellos son la autoridad! Ha habido una dejación porque incluso hay docentes que tratan a sus alumnos como a amigos. Es un error. Y en la familia pasa igual, pero no hay que perder los roles. Uno es el padre y otro el hijo. ¿Qué se puede hacer? Enseñarles a mirar cómo trato yo a los abuelos, que aprecien el respeto, que no les grito... Los niños se rigen por lo que ven hacer a sus padres y la mayoría de la gente es sana. Deben darse cuenta, además, que las normas las ponemos nosotros. El mundo es un juego de poder y en ese equilibrio deben aprender. No pueden imponerse. Los choques, chulerías o empujoncitos no se pueden consentir ni siendo pequeños porque después tendrán 26 años y el empujón será peligroso. Entonces, ¿es posible cambiar a los hijos para que sean obedientes? Sí, se puede. Los padres deben invertir en educación sobre todo en los primeros años porque después los problemas se hacen más difíciles y los hábitos se instauran. Si no saben cómo hacerlo deben hablar con los abuelos o con los especialistas, pero que no piensen ya cambiará Educación Llega a España KiVa, el plan finlandés contra el acoso MÓNICA SETIÉN MADRID El acoso escolar sigue siendo una lacra presente en mucho colegios españoles. Se calcula que aproximadamente 10 de los niños sufrirán bullying en algún momento. Para intentar paliar el problema, se ha presentado en España KiVa, un programa auspiciado por el Gobierno Finlandés que ha conseguido la reducción del acoso escolar en ese país, a la vez que ha fomentado el desarrollo de otros efec- tos positivos como la empatía, la conducta constructiva, la mejora del rendimiento académico y la motivación. También se redujo la ansiedad social y la depresión en la escuela. Prevención La doctora Tiina Mäkelä. formadora KiVa de la Universidad de Turku, explicó que, mediante acciones globales dirigidas a todos los alumnos, se pretende influir en las normas del gru- po y enseñar a los alumnos a asumir su deber de no fomentar el acoso y apoyar a la víctimas. De esta manera, la prevención se convierte en un arma fundamental. Kiva tiene acciones específicas que deberán utilizarse cuando se produzcan casos de acoso escolar. Están dirigidas a los alumnos involucrados en el acoso, ya sea como perpetradores o como víctimas, así como a compañeros de clase que deben apoyar a la víctima; el objetivo es poner fin al acoso y conseguir escuelas más amables. Mäkelä aclaró que, aunque el núcleo del programa es el mismo en todos los países, se hacen pequeños cambios en función de la idiosincrasia de cada lugar en el que se implementa.