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ABC MARTES, 7 DE MARZO DE 2017 abc. es cultura CULTURA 51 Charlie Parker Este genio revolucionó el jazz en los 40, al introducir el estilo del bebop con su saxo alto John Coltrane El saxofonista fue uno de los grandes del bebop en los 50 y 60, junto al pianista Thelonious Monk Miles Davis Siempre en la vanguardia del jazz, el trompetista fue pionero en varios estilos, hasta que murió en 1991 Dizzy Gillespie. Otro de los genios del jazz moderno, responsable de su fusión con la música cubana, que dio lugar al jazz latino cionar algo que la clase alta asociaba a la baja cultura. Fue un gran error, pues el primer tema que grabaron, Livery Stables Blues se convirtió de inmediato en un enorme éxito que vendió millones de copias, superando a estrellas como el tenor Enrico Caruso. Y eso que el disco era una chorrada, típico de improvisación colectiva de la época. Un experimento para ver si podían hacer dinero con él comenta Phillips. Éxito comercial Columbia y Victor Records hicieron después mucho dinero con otros discos de jazz, protagonizando una suerte de revolución cultural de la que muy poco después se alejaron. La presión pudo con ellos, pero el agujero ya estaba hecho y aquella epidemia se extendió a Chicago, Nueva York y el resto del país. Bandas de negros, blancos y criollos, muchas veces mezclados, cruzaron el charco y llegaron a Europa. Publicaciones que habían reprendido a Victor Talking Machine por producir jazz coronaban a músicos como Paul Whiteman como el rey de la música. A finales de los años 20 había registradas 2.656 grabaciones de 497 grupos diferentes. Y conquistó el mundo entero. En los años 40 ya se consumía en masa, con músicos como Benny Goodman, Tommy Dorsey, Count Basie, Duke Ellington y todas esas big bands con las que el mundo entero bailaba. En Estados Unidos era la música recuerda Phillips. Tuvieron que pasar 70 años, desde que el jazz dejó los burdeles de Storyville, para que en 1987 el Congreso de los Estados Unidos lo declarara destacado modelo de expresión y excepcional tesoro nacional Quién lo iba a decir... un siglo después. Noya sobre las tres compañías que dominaban el mercado de Estados Unidos a principios del siglo XX: Edison Phonograph Company And Works (fundada en 1887) Columbia Phonograph Company (en 1891) y Victor Talking Machine (en 1901) Ninguna de ellas se atrevió a publicar discos de jazz hasta 1917. Su catálogo se centraba únicamente en la música popular y clásica. Pudo haber sido un negro el que se llevara ese honor, pues la Victor Talking Machine le ofreció la grabación al popular cornetista Freddie Keppard un año antes, pero este se negó por miedo a que le copiaran su estilo. Su dueño, Eldridge R. Johnson, habló entonces con la ODJB, que un mes antes había grabado una sesión con Columbia, pero el sello decidió no publicarla, porque no pensaba que aquella música alocada y poco convencional fuera a ser del gusto del público y, además, por miedo a ser atacado por promo- desarrollar su agitada vida nocturna tocando por cada rincón. En los burdeles y cabarets que se abrieron, propiedad de mafiosos como Tom C. Anderson- -que incluso llegó a editar un Libro azul con las direcciones de todas las prostitutas de la ciudad- -se mezclaban músicos negros, criollos y blancos para dar forma a un estilo demoníaco y sin precedentes, cuyas connotaciones sexuales eran evidentes para la sociedad más conservadora. Por allí deambulaba un jovencísimo y todavía anónimo Louis Armstrong, recogiendo chatarra por las mañanas, aprendiendo a tocar la trom- peta por las noches y metiéndose en problemas siempre. O figuras capitales en la historia del jazz como Buddy Bolden, Jelly Roll Morton o el grandísimo Joe King Oliver. Toda esta mezcla que ya se daba en los primeros años de Storyville es lo que hace que el jazz se mantenga fresco. Ese intercambio cultural que se dio en aquella Nueva Orleans entre músicos de diferentes procedencias, razas y generaciones fue muy importante para la historia cuenta a ABC el gran saxofonista Joe Lovano, sobre todos estos primeros amantes de la improvisación y autodidactas que de- bían trabajar por la mañana en los empleos más variopintos (albañiles, cargadores de fardos en las embarcaciones del Misisipi, carpinteros u obreros de alguna fábrica de cigarros) y esperar a las noches para desenfundar sus cornetas, trompetas, clarinetes y saxofones con el objetivo de ganar algunos dólares extra. En los años que precedieron a su clausura, entre 1910 a 1917, los locales de Storyville fueron las incubadoras del jazz. En los burdeles más o menos elegantes, generalmente tocaba un solo pianista o, como máximo, un trío. Mientras que en los cabarets y salas de baile, bandas de siete u ocho músicos. Todos estos acabaron mezclándose con algunos instrumentistas formados en el conservatorio, produciendo una auténtica explosión de conocimiento cuenta Andy Phillips. En 1917, en plena Primera Guerra Mundial, la Marina de Estados Unidos ordenó su cierre y demolición, preocupado por las peleas, los robos y los homicidios en que se vieron implicados los soldados. Las 38 manzanas desaparecieron, produciéndose la primera gran emigración de los músicos hacia Chicago, Nueva York o Los Ángeles. El jazz comenzaba su viaje.