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12 OPINIÓN LLUVIA ÁCIDA PUEBLA MARTES, 7 DE MARZO DE 2017 abc. es opinion ABC DAVID GISTAU BUS El carguito público cura las almas rebeldes o las corrompe E N Argentina usan mucho el verbo histeriquear Nació para definir ciertas actitudes en las relaciones sentimentales, sobre todo la reticencia para conceder una cita, no digamos una rendición mayor. Pero ha evolucionado hasta referirse a situaciones donde alguien reacciona sin templanza, sobreactuando, como quien se sube a una silla y chilla al ver un ratón. La palabra histeriquear fue la que me rondó durante la semana pasada cuando un autobús naranja hizo en Madrid la entrada de un ratón en una peluquería. No hace falta ser un gurú de la comunicación para saber que el desdén y la indiferencia amortiguan el sonido de las campañas de propaganda artesanales: a los burgueses sólo se les epata si los burgueses se dejan. En esta ocasión, la pretensión de escándalo del autobús naranja se ha multiplicado hasta proporciones insólitas por culpa del histeriqueo, es decir, porque una serie de líderes regionales y de tertulianos entraron en competición por ver a quién repugnaba más aquello, como si el premio por obtener fuera un salvoconducto progresista. A organizaciones como la del autobús naranja no se las puede fortalecer regalándoles semejante triunfo. A ver si la próxima vez hay más templanza y un desdén parecido al que Bogart dispensaba a Lorre en Casablanca No te desprecio. Para despreciarte, debería detenerme a pensar en ti No quiero ni imaginar los chillidos si, visto el éxito, los ratones proliferan ahora como una plaga. El experimento del autobús naranja ha sido revelador. No ya por lo divertido que resulta ver a Cifuentes suplicando que se lo saquen de una pantalla porque no soporta verlo ¡Las sales, las sales! como si fuera una de las fotografías escatológicas de las cajetillas de tabaco. Sino porque ha terminado de consagrar el viaje interior de la Juventud Sin Futuro que se nos institucionalizó en el ayuntamiento de la capital. Aquellos feroces contestatarios que vindicaban la abrasión del humor salvaje, la gallardía de la rebeldía y hasta la acción en la calle ahora son unas beatas que patrullan la corrección política y sufren soponcios cuando alguien la quebranta. No es la primera vez que la historia nos enseña procesos como éste que ahora se repite en un grado menor de importancia. La insurgencia es sólo una herramienta para conquistar la forma de poder que esté al alcance, así sea sólo en un ámbito municipal. En cuanto lo logra, la insurgencia abomina de los cauces que ella misma usó y los reprime, pues no en vano ha pasado a ser lo establecido, incluso en lo doctrinal. El carguito público cura las almas rebeldes o las corrompe, esto depende de la perspectiva de cada cual. Por eso, y mientras persiguen un autobús naranja por las calles de la ciudad, los militantes de Juventud Sin Futuro disuelven la organización. El Estadito les procuró un futuro e incluso les otorgó la custodia del canon de corrección. No debe extrañar que Rita Maestre diga que la mujer que asaltó la capilla era otra, inmadura, sin carguito. COSAS MÍAS EDURNE URIARTE LA DERECHA FRENTE AL ANTI- TRUMPISMO La derecha que lamenta el trumpismo tiene la sensación de quedarse con cara de imbécil astantes lectores de este periódico están irritados por algunos artículos contra Trump y les entiendo, aunque yo misma me encuentre entre los críticos de Trump. Como entiendo el fortalecimiento del apoyo a Trump entre sus votantes. Y no porque lo esté haciendo mejor de lo que esperábamos, sino por la doble vara de medir de las críticas progresistas y su insoportable hipocresía. La derecha moderada que lamenta el populismo de Trump y sus ideas sobre los musulmanes, las mujeres, los inmigrantes, Europa o el proteccionismo, tiene una creciente sensación de quedarse con cara de imbécil, y no es para menos, cuando la izquierda sigue sin aplicar una sola de sus ideas anti- Trump al populismo y extremismo de sus propias filas. ¿A qué conduce la crítica de la derecha a Trump si la izquierda es incapaz de una autocrítica comparable? ¿A fortalecer su percepción de superioridad moral? O, pregunta igualmente pertinente, ¿adónde conduce el rechazo al populismo de derechas si no va acompañado de un rechazo semejante al populismo del otro lado? Por el momento, a lo de la percepción de cara de imbécil por ejemplo, cuando leemos a todo un expresidente del Gobierno de España, Felipe González, calificando de psicópata al presidente de Estados Unidos. Y cuando recordamos que este mismo expresidente socia- B lista estuvo callado durante meses ante el sectarismo, el populismo y el extremismo de su compañero Pedro Sánchez, que impidió la presidencia del ganador de las elecciones durante casi un año y que no formó Gobierno con la ultraizquerda y los independentistas porque no logró que le cuadraran los números. También se opuso una parte del socialismo, cierto, pero no recuerdo a nadie, tampoco a Felipe González, dedicándole las perlas que le han aplicado a Trump. O cuando vemos a toda la prensa progresista mundial escandalizada porque Trump, escriben, ha acusado sin pruebas a Obama de haberle pinchado el teléfono durante la campaña electoral de 2016. The New York Times hasta le dedicó un durísimo editorial ayer por su indiferencia hacia la verdad y la integridad moral Maravillosa novedad, resulta que ahora la prensa progresista exige las pruebas que no han importado un comino en cientos de acusaciones contra los líderes de la derecha, incluidas las acusaciones de acuerdos con Putin para intervenir en la campaña electoral estadounidense contra el propio Trump. O cuando tampoco han importado para eso de la integridad moral las fuentes anónimas o los hackeos de delincuentes informáticos contra políticos y partidos de derechas porque entonces, decían, lo que primaba era el derecho a saber Y por si la derecha no tuviera bastantes motivos de asombro con el antitrumpismo, estamos a punto de entrar en la campaña del antilepenismo, dada la cercanía de las presidenciales francesas. Veamos lo que van a llamar a Marine Le Pen los mismos que encuentran interesantes y perfectamente respetables a Pablo Iglesias y a Podemos. O qué movilizaciones anti- Le Pen exigirán quienes acuerdan con la extrema izquierda en España y quisieran sustituir el Gobierno de Rajoy por una alianza entre socialistas, ultras e independentistas. No sugiero que la derecha moderada apoye a Le Pen ni rectifique su desacuerdo con Donald Trump, pero sí debe dedicar más atención y tiempo a esos otros populismos a los que nadie llama psicópatas que en España sobrepasan el 20 por ciento del voto, en Francia apoyaron a Hollande y en Estados Unidos han constituido una parte significativa del voto a los demócratas.