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ABC MARTES, 28 DE FEBRERO DE 2017 abc. es estilo GENTESTILO TV 77 TELEVERITÉ HUGHES DIVERSIDAD Los Oscar multirraciales y el estreno de Dani Flo T Julius preparando una de sus recetas en 22 minutos CANAL COCINA Los 22 minutos de Julius recetas para principiantes en tiempo real ABC visita la grabación del programa con el que el cocinero GH VIP regresa a Canal Cocina HELENA CORTÉS MADRID Garbanzos thai con gambas Ingredientes: Un bote de garbanzos en conserva, gambas o gambones al gusto, pasta de curry rojo tailandés, ajetes, un chorrito de coco, un chorrito de caldo de pescado, cilantro, lima, brandy para flambear, un yogur natural, aceite de oliva virgen y una pizca de sal. Modo de hacerlo: Se sofríen las cabezas de las gambas, se flambean con el brandy y se apartan. En esa misma sartén, se marcan a la plancha las gambas y se dejan a un lado. En otro fogón, se sofríen los ajetes y se añade la pasta de curry y los garbanzos, ya escurridos. También se echa la leche de coco y el caldo de pescado. Al final, se incluyen las gambas. Mientras el plato principal reposa, se prepara la salsa de yogur, resultado de mezclar en un bol el propio yogur natural, lima y cilantro picado. Los 22 minutos de Julius es prácticamente el 24 de los programas de cocina: prima el tiempo real y la sencillez, y el resultado final siempre es bueno. También cuenta con un carismático protagonista, el cocinero Julius Bienert, que con su estilo cercano y desenfadado prepara un menú completo de dos platos en menos de media hora, sin cortes y contra reloj. Garbanzos thai con gambas, mejillones en salsa de cerveza, secreto con pera, gorgonzola y nueces y cuajada maqueada son algunas de las recetas que elaborará en esta nueva entrega del formato que presenta desde 2006 y vuelve mañana (13.00) a Canal Cocina. El éxito radica en Julius. Gusta tanto a las señoras como a los jóvenes, que se identifican con él, porque se ven igual de grandotes liándola en la cocina. Al principio, el programa estaba dirigido a solteros, sin tiempo para cocinar, pero luego nos dimos cuenta de que todos queremos preparar la comida en diez minutos explica Sara Buelga, directora de programas de Canal Cocina y cicerone en este recorrido por un plató en el que apenas trabaja una decena de personas. El equipo, que funciona como una máquina perfectamente engrasada, tarda cuatro días en elaborar las recetas, y graba cuatro o cinco programas cada jornada. Otros cocineros vienen antes porque elaboran platos con cocciones muy complicadas o lar- gas. Pero aquí todo es real, no quitamos ni el tiempo que tarda en buscar los ingredientes y cortarlos añade. La inspiración nace de restaurantes a los que voy, amiguetes, revistas, viajes hace dos meses estuve grabando en Asia y de investigar, comer y jugar mucho apunta Julius, que confiesa que lo más difícil es ajustarse a un tiempo que le impide preparar arroz o un guiso, incluso teniendo aliados como la olla exprés. No somos rockeros Curtido en la escuela de Karlos Arguiñano, Julius se reivindica como un chef tradicional, al que le gusta más comer que cocinar y que aprendió a moverse entre fogones gracias a su familia, medio vasca medio gallega. Me da un poco de rabia que nos comparen con rockeros. ¿Cómo no va a estar de moda algo que hacemos todos los días? afirma. Cuando ves a un cocinero piensas que no vas a estar a la altura, pero si ves a un tipo normal como yo te planteas que si él es capaz, tú también. La cocina debe ser divertida y eso hace que el producto funcione reflexiona en una pausa del rodaje, mientras su perro corretea por el plató. Vino para una sesión de fotos y se quedó bromea el que fuera colaborador de La mañana de La 1 y concursante de GH VIP Sobre esta última aventura, prefiere pasar página. No es mi mundo ni mi rollo, mi verdadero ambiente es este zanja. Tampoco quiere atarse, de momento, a un restaurante. Prefiere seguir preparando recetas en la televisión. Muchos, como Jamie Oliver, nos intentaron copiar presume la directora. LOS 22 MINUTOS DE JULIUS En Canal Cocina, mañana a las 13.00 horas. ras las reivindicaciones de otros años, la ceremonia de los Oscar tuvo una gran presencia de actores afroamericanos. Fue más que eso. En la sala había una mezcla racial completa. En cada plano aparecían como mínimo tres tonos de piel: hindúes, asiáticos, latinos, caucásicos, un Bardem... El efecto era agradable, pero al cabo del rato cansaba la vista. Era como pasar un día en el metro de Nueva York viendo gente muy distinta. Era la imagen de la diversidad, pero la diversidad es visualmente cansada, aun cuando fuera una diversidad monorracial como la de Nicole Kidman y su pareja. El otro efecto era que, uno por uno, todos daban la sensación de ser una minoría. Incluso los blancos. Warren Beatty estaba en tanto varón hetero blanco anciano. Fue la apoteosis del obamismo: todos clasificados por raza, sexo y orientación sexual. Era la diversidad, algo que no tenemos en España, donde en la tele se imponen varones blancos, progres, graciosos y con barba forzosa, a veces pintada, como Dani y Flo, que estrenaban ayer su programa, y decir estrenar ya es conceder mucha originalidad. Florentino Fernández ya ni siquiera es gordo. Se parece mucho al cocinero Paco Roncero, otro ex. Dani es Dani Martínez. Un chino difícilmente podría distinguirlo de Dani Mateo o Dani Rovira, que también salió ayer junto a Casillas, Paco León y otros portentos de lo majo. Dani Flo es un intento de Cuatro por competir con Zapeando el programa favorito de Maduro, pero parece otro programa de La Sexta. Zapeando respondió con Chenoa hablando como Ana Morgade el equivalente femenino a llevar barba y Mario Vaquerizo, del que solo puede extrañar su ausencia. Lo mejor fue cuando Dani imitó a Inda y cuando Flo hizo un doblaje con su voz de Crispín, hito cómico que le ganó la posteridad como epígono de Chiquito y quizás antecedente vago de los Nui (el interregno de Flo habría que estudiarlo) Dani y Flo están en una mesa que siempre es la misma mesa a la que van acudiendo mujeres guapas como en una comedia de Raúl Sénder, pero en feminista. Se reían nerviosamente de Trump y una de ellas repetía mucho brutal Ya casi todo el mundo es así. Aquí se aplaude, pero nunca llega, la diversidad.