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ABC MARTES, 28 DE FEBRERO DE 2017 abc. es opinion OPINIÓN 13 MONTECASSINO UNA RAYA EN EL AGUA HERMANN DE LA LEY Y EL CORAJE De haberse impuesto la ley, la historia de España habría sido mucho más pacífica E SPAÑA podría ser el único país del mundo desarrollado en el que reclamar el cumplimiento de las leyes lo convierten a uno en impertinente, temerario y, por lo general, enseguida en marginado y castigado. En España demandar públicamente el cumplimiento de la ley rompe la armonía basada en su incumplimiento impune y granjea, al osado que lo haga, la hostilidad tanto de los violadores sistemáticos de las leyes como la animadversión del poder que incumple, también sistemáticamente, su deber y su juramento de hacer cumplir las leyes. Si eso siempre ha sido cierto en la España democrática, lo es más que nunca desde aquella catástrofe nacional que fue el 11- M, jamás del todo aclarada. La mayoría de los españoles acepta resignada esa armonía encanallada y mentirosa entre delito y poder, consciente de que cualquier denuncia o acción que pudiera alterarla conlleva inconvenientes en ocasiones muy serios. Aquellos que piden, exigen o claman en España por el cumplimiento de las leyes y la Constitución son por ello héroes. Lo son los españoles que ayer intervinieron en un acto de exigencia y demanda, precisamente en favor de la ley y la dignidad de toda la sociedad española. Se celebró en Madrid como homenaje a unos españoles ejemplares por su coraje cívico, esa virtud tan escasa en España. Organizado por las Fundaciones Valores y Sociedad y Villacisneros, allí estaban desde Ortega Lara, para mí el mayor héroe es- pañol vivo, a Consuelo Ordóñez, Jorge Campos que lucha por los valores constitucionales en Baleares; Mariano Goma y Josep Bou o Dolores Agenjo, tres grandes nombres de la firmeza constitucional frente al golpismo separatista. Convocados como sociedad civil para animar a los españoles a romper esa maldición de huida al nicho de la comodidad del no significarse que recomiendan las madres en este país. Para movilizarse, no para pedir beneficios ni privilegios, para demandar el respeto a nuestras leyes y derechos comunes como españoles. A liberarse de resignación y cobardía y unirse en ese coraje cívico a estos héroes españoles. Frente a los sentimientos manipulados, la clave está en el coraje en defensa de la ley. Allí estaban ayer los héroes patriotas, con la habitual ausencia de toda la España oficial, la que no cumple su deber. Vamos a necesitar la ley y a los héroes que la defiendan. Porque una vez más se habla de un acuerdo para Cataluña a mitad de camino entre lo que es por un lado el respeto a la Constitución y el castigo de los delincuentes, y por el otro, la consumación de un golpe de Estado para una Cataluña independiente. Es la misma solución tramposa que llevamos acordando desde 1978. Con los resultados conocidos. Es tramposa ante todo porque la independencia es imposible. Es tan imprescindible dejar claro esto como lo es la aplicación estricta de la ley. Si la República no hubiera cometido estos mismos errores y hubiera aplicado todo el peso de la ley a los golpistas de 1934 es probable que no hubiera habido más. De haberse impuesto la ley, la historia de España habría sido otra más pacífica. España nunca habría llegado a esa precariedad institucional entonces y ahora de haberse aplicado la ley desde un principio. Y si se hubiera aclarado ese siniestro malentendido sembrado por los nacionalistas, según el cual es posible una ruptura pacífica de España. No. No hay otra ruptura de España que la que nunca podrán conseguir por el uso de la fuerza. Todos deben saber por tanto que la ley se impondrá. Pero para que esta convicción desaloje al malentendido, la sociedad debe movilizarse con sus héroes por el fortalecimiento del coraje cívico en la defensa de España Y entre todos obligar al poder político a cumplir con su deber y su juramento. IGNACIO CAMACHO JARAMAGOS Al subsumir el partido con las instituciones, el PSOE ha trasladado a la autonomía la zozobra de su conflicto dinástico ACE mucho tiempo que la autonomía andaluza vive en estado de letargo. Gobernada al trantrán por el partido hegemónico, que lleva desde la Transición establecido como un régimen, una de las comunidades españolas con más competencias y mayor presupuesto vegeta en la modorra política de un monocultivo de poder en lenta crisis de agostamiento. Pero aunque el PSOE ha ofrecido ya en otras ocasiones síntomas de debilidad y fatiga de materiales, lo que en los últimos años parece cuartearse no es tanto su supremacía electoral como la estructura misma del edificio autonómico, en la que crecen visibles jaramagos de desidia. La Junta, única referencia de cohesión regional y factor omnímodo de la economía, se mueve con la lentitud y la pereza de una inmensa tortuga administrativa. Sin proyectos, sin pujanza, sin fibra; abúlica, negligente, dormida. Los recortes en servicios públicos han mermado el equilibrio social y provocado la percepción de declive en un bienestar que se sostenía con inyecciones de renta y distribución clientelar de recursos. Los diferenciales de desarrollo con la media nacional continúan estancados y el hecho autonómico se ha vuelto distante, casi esotérico, para unas generaciones desvinculadas del impulso identitario que sacudió a la población hace treinta y siete años. El desgaste de la gestión autonómica es palpable y han comenzado a brotar protestas civiles con cada vez mayor impacto. En ese clima de creciente desencanto las instituciones han perdido anclaje ciudadano. La remota efeméride del 28 de febrero es apenas un puente laboral sin significado. Al ya largo marasmo se ha venido a sumar una cierta fragilidad de liderazgo. Susana Díaz ofrece desde el principio la impresión de ser una presidenta provisional, con el pie en el estribo de un tren que no acaba de cumplir su horario. El conflicto del PSOE le reclama una atención preferente que acumula tensión a unas responsabilidades a las que no puede dar de lado. Es una dirigente atrapada entre vocaciones dispares que maneja con más instinto que cálculo. El resultado es una sensación interina que añade incertidumbre al problema de parálisis institucional, de decaimiento, de modelo agotado. El Gobierno andaluz pierde ascendiente, respeto y prestigio aunque mantenga su poder nominal intacto. Es una potente maquinaria con el motor gripado. Es el sentido mismo de la autonomía lo que está en cuestión bajo ese síncope funcional que amenaza desmayo. Al identificarse con el sistema como un partido- guía, que administraba el territorio con mentalidad de propietario, el PSOE ha trasladado a la Junta toda la zozobra de su trance dinástico. Durante décadas ha gobernado Andalucía con la comodidad de un virreinato; de repente, su agitación interna compromete la estabilidad de un armazón político envejecido cuyas grietas patentes advierten la posibilidad seria de que se venga abajo. H JM NIETO Fe de ratas