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62 ABCdelOCIO VIERNES, 10 DE FEBRERO DE 2017 abc. es ABC C ine Un superhéroe legocéntrico LEGO BATMAN Dirección: Chris McKay. Animación ANTONIO WEINRICHTER C omo en cualquier obra de arte conceptual que se precie, el título describe y agota por completo la premisa y todo el contenido de la pieza: contar seamos precisos, volver a contar la historia de Batman con legos. ¿Una chorrada? Seguro, pero puede ser que los responsables de Warner, el estudio que lleva décadas viviendo del cuento del justiciero disfrazado de murciélago, hayan pensado que debemos estar tan hartos de dicho cuento que nos haría gracia esta novedad. Bueno, uno puede agradecer que hayan pensado en nosotros, los espectadores, aunque nadie se lo haya pedido. Es broma, claro: la lógica de las franquicias, casi la única forma de pensamiento que practica Hollywood, se alimenta de su propio universo paralelo. Y el caso, maldita sea, es que la función tiene su gracia. Y desde luego es preferible a otra nueva versión melancólica del justiciero, siempre centrado en sus neuras, siempre tan egocéntrico (aquí hay que añadirle una ele al principio... Funciona porque es una parodia salvaje que enumera sin rubor todas las batipelículas anteriores, y uno de los mejores chistes evoca aquella ocurrencia del primer y creo que mejor Batman, el de la serie de los años 60, de visualizar la onomatopeya de los tortazos. Hay tantas citas en esta batisátira que de nuevo remite performativamente al arte conceptual, al estar construida con trocitos: no es una película con legos, es una construcción, una película lego en sí misma, como diría el filósofo Benjamin que fantaseó con la idea de hacer un ensayo poniendo una cita tras otra, sin escribir una sola palabra de su cosecha. Todo esto les resbala a los niños que disfutarán con el estruendo, pero algo tenemos que hacer los demás mientras los acompañamos. Batman, en plan lego Mamma mía FELICES SUEÑOS Dirección: Marco Bellocchio. Con: Valerio Mastandrea, Bérénice Bejo A. WEINRICHTER M arco Bellocchio debe ser casi el único miembro activo de aquella esplendorosa generación de cineastas italianos de los dorados años 60; a juzgar por esta película está en mejor forma que la mayor parte de sus nietos de la generación actual. Debe llevar casi tantos años de psicoanálisis como Woody Allen, y si bien esto de la terapia es una especulación, lo cierto es que esta es la película más edípica que quepa concebir desde que Susan Sarandon empezó a hacer papeles de madre. Lo que se dice aquí es que el paraíso es la infancia y que cuando se produce la separación de la madre antes de sufrir el proceso de maduración, el resto de la vida es expulsión y exilio. Todo esto no es ninguna novedad pero no recordamos que nos lo hayan contado de forma tan elocuente, tan redonda, con un final que exprese de forma tan brillante la nostalgia del útero: el protagonista no quiere salir del armario, sino volver al armario en el que fue engendrado... Y se pasa la vida en una figurada posición fetal, enroscado en sí mismo, practicando una forma de Una escena del filme ABC autismo que solo una mujer, otra mujer que no es su madre, conseguirá quebrar. Por supuesto lo que añora Massimo, el protagonista, no es tanto la madre que le parió sino la que jugaba y bailaba con él hasta los diez años, la que le deseaba felices sueños, una frase cariñosa que acaba revelándose como una cruel despedida. Quizá con la edad, Bellocchio, experto en familias disfuncionales, ya no sienta los impulsos asesinos del inefable protagonista epiléptico de su feroz opera prima: lo seguro es que ha alcanzado un grado de reconciliación cósmica con la mamma.