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12 OPINIÓN LLUVIA ÁCIDA PUEBLA VIERNES, 10 DE FEBRERO DE 2017 abc. es opinion ABC DAVID GISTAU LA LLAMADA Al cierre de esta edición, ignoramos si Trump ha comenzado ya la construcción de un muro alrededor de Rajoy EBE de resultar emocionante que te llegue el turno de hablar por teléfono con Trump. En Casino Scorsese hacía decir al corredor de apuestas Sam Rothstein que nunca estabas muy seguro de cuáles eran las posibilidades de regresar con vida cuando Nicky Santoro, el gánster inspirado en Anthony la Hormiga Spilotro, te citaba en el desierto. Una incertidumbre parecida ha de acongojar cuando suena el teléfono y es Trump y nada puede garantizar que no vaya a estallarte en las manos una crisis bilateral como resultado de la cual, para empezar, Steve Bannon te pasará por la quilla de Breitbart. Entre este miedo comprensible, y que además tenía que hacerse perdonar su observación de que él no cree en las fronteras, Rajoy sobreactuó ante Trump su disposición a serle útil. No creo que, en lo formal, la cosa alcanzara cortesías de presentación comparables a las de López Vázquez en Atraco a las tres Un admirador, un esclavo, un siervo Pero, probablemente mientras Trump guardaba silencio, tamborileaba la mesa con los dedos y pensaba si decir ya You re fired y colgar, Rajoy hizo méritos como en una entrevista de trabajo ofreciéndose como intermediario y desfacedor de entuertos al servicio de la Casa Blanca en medio mundo. En lugares, incluso, donde para evocar qué es España resulta más eficaz mencionar a Sergio Ramos que a Rajoy. Al cierre de esta edición, ignoramos si Trump le ha dado el trabajo o si ha comenzado ya la construcción de un muro alrededor de Mariano Rajoy. Es significativa la mentalidad de Rajoy según la cual los países iberoamericanos, que al parecer tendrían sin completar su emancipación, aún necesitan la intermediación de España para relacionarse diplomáticamente con los Estados Unidos. Como si ellos no tuvieran teléfonos, ni cancilleres ni embajadores. Como si aún estuvieran en un proceso constituyente de sus naciones que les impide proyectarse al mundo sin ayuda. Es una visión paternalista parecida a la que animó al Rey Juan Carlos a luchar para que las cumbres iberoamericanas nunca dejaran de celebrarse ni de potenciar un sentido de pertenencia que para las nuevas generaciones americanas, cada vez más distantes en lo sentimental del abuelito emigrante, es menos importante y necesario en la construcción de la identidad. Iberoamérica, que tampoco es un bloque monolítico de países idénticos, no necesita a España para esperar turno en la diplomacia telefónica de Trump. En realidad, y aunque fuera a costa de asumir el riesgo de que Trump colgara el teléfono, lo que probablemente habría sido necesario es que uno de los últimos líderes ortodoxos que le quedan a una UE agonizante declarara la intención de la Unión de resistir pese a las intenciones disolventes de los Le Pen y los Farage a los que Trump patrocina como si se tratara de sucursales suyas que ya se pasaron por la Torre de Gotham a obtener la bendición. Esperar ahí a España era esperar demasiado. D MONTECASSINO HERMANN UN DÍA PARA EL ODIO La mentira de la Guerra Civil de buenos y malos atenta contra la paz UE el PSOE anunciara ayer que considera urgente desenterrar a Francisco Franco revela las prioridades de quien no tiene hoy otra idea que ofrecer que la de una revancha contra todos los que no sean ellos. Cuando Europa y el mundo entran en una revolución de dimensiones incalculables y fascinantes y efectos aun ignotos, la izquierda española es incapaz de articular ni una idea que movilice salvo el resentimiento y el odio a su enemigo favorito, a Franco. No pueden perdonarle al dictador que muriera en la cama, sabedor que su funeral atraería a multitudes. No le perdonan esa muerte plácida porque desmiente toda la montaña de mentiras fabricadas durante cuatro décadas después para justificar el hecho de no haber existido como resistencia a la dictadura. Los españoles no sometidos al gota a gota de ignorancia, fabulación y sectarismo, los que aun tienen memoria, conocimiento y honradez, saben cuánta resistencia hubo al régimen y de quién fue la poquísima habida. Los abuelos de casi todos los españoles vivieron el franquismo desde mediados del siglo con normalidad y creciente provecho, colaboración y toda la complicidad y ventajas derivadas que el régimen permitiera. Después, los españoles prefirieron casi todos, para no sufrir señalamientos ni represalias, por comodidad o cobardía, repetir la burda milonga de que habían sido grandes antifranquistas. Y con la grotesca equiparación de franquismo y na- Q zismo han pretendido explicar que la resistencia de esos abuelitos fuera tan clandestina que no la percibieron ni ellos mismos. Es la gran mentira antifranquista que ha hecho impune toda mentira posterior en España. No creo que nadie deba convertir en un problema la exhumación de Franco y su enterramiento posterior con su mujer y familia en el cementerio de El Pardo. Es lo que él había previsto. Aunque nadie dude tampoco de que, como necesitan a Franco esté donde esté, el PSOE y otros solicitarán dentro de unos años que se le exhume de El Pardo y poco menos que se lancen los huesos a una rehala de perros como acto de justicia histórica. Al tiempo. Con la otra iniciativa sí deberían tener cuidado todos, desde el PSOE a ese PP, hoy más progresista que ayer, pero menos que mañana. La propuesta de un día de memoria de las víctimas del franquismo busca imponer al Estado la exaltación de media España en humillación de otra media. Y crear dos clases de españoles, según su cercanía al Frente Popular. Ni ese día ni nada podrá imponer la obscena falacia de la guerra de la democracia contra el fascismo Ni borrar la verdad del choque entre dos opciones dictatoriales y golpistas ambas. No podrán hacerlo a no ser que logren prohibir el saber la verdad y decirla. Si hay un día para las víctimas del franquismo, ha de haber otro para las del Frente Popular. Y otro para las de ambos. La transición asumió que todas las víctimas de guerra entre españoles, desde los primeros curas asesinados en 1931 a los últimos fusilados republicanos, eran los caídos de todos. Que la guerra fue una tragedia común con culpables, criminales, víctimas y héroes en ambos bandos que juntos debíamos recordar, lamentar y honrar. Desde hace años, la izquierda impone como historia una mala película de buenos y malos que es una agresión y un insulto a la verdad, a los españoles y a la inteligencia. Lo hace sin resistencia. Es una mentira que, so pretexto del antifranquismo, hace apología de una ideología criminal y justifica y blanquea su feroz lucha contra la libertad. Institucionalizar esa mentira nada inocente, supone instituir un día de odio entre españoles. Habrá quien piense que es lo que necesitamos.