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ABC JUEVES, 2 DE FEBRERO DE 2017 abc. es opinion OPINIÓN 13 UNA RAYA EN EL AGUA EL CONTRAPUNTO ISABEL SAN SEBASTIÁN EN TIERRA DE NADIE Me opongo con igual vehemencia a los dogmas del pensamiento políticamente correcto y al ultranacionalismo de Trump M E declaro huérfana política. Apátrida ideológica. Cada vez más marciana en este mundo polarizado entre extremos enfrentados igual de repugnantes a mis ojos. Soy feminista, siempre lo he sido, porque estoy convencida de que las mujeres, también las que somos o quieren ser madres, merecemos las mismas oportunidades, los mismos derechos e igual trato que los hombres, cosa que dista mucho de ser una realidad. Precisamente por eso, por ser mujer, madre y feminista, defiendo ardientemente la vida de cualquier ser humano, incluidos los no nacidos y hasta los peores delincuentes. Lo cual me lleva a oponerme con todas mis fuerzas al aborto y la pena de muerte. Soy patriota, quiero profundamente a España, un país maravilloso, pero no lo considero el mejor sobre la faz de la Tierra ni tampoco, desde luego, el peor. Solo el mío. Y me gusta verlo integrado en el seno de la Unión Europea, compartiendo un espacio común en el que la circulación es libre, como lo son el trabajo, las opiniones, las creencias y el comercio. He aprendido de la Historia que las barreras proteccionistas acaban causando conflictos, al igual que el nacionalismo y los totalitarismos de uno u otro color. Soy liberal. Creo con toda mi alma en el individuo por encima de la masa, llámese esta clase social, etnia, religión, partido, nacionalidad, tribu o cualquier otra forma de agrupamiento reduccio- nista. Dicho esto, rechazo una sociedad de ganadores y perdedores en la que el débil sea marginado y abandonado a su suerte. Me parece indispensable el colchón del Estado del bienestar, especialmente en materia de sanidad y educación, con límites que distingan entre la necesidad real y el abuso. Me opongo al cierre de fronteras tanto como al papeles para todos ¡Claro que debemos filtrar a los demandantes de asilo susceptibles de representar una amenaza! De ahí a quebrar la tradición secular de brindar refugio a los fugitivos de una guerra, empero, dista un trecho evolutivo que no estoy dispuesta a salvar, aunque solo sea porque millones de españoles y europeos fueron refugiados hace pocas décadas y no se les cerraron las puertas. Soy agnóstica de familia cristiana. Prefiero mil veces el credo tolerante en el que me eduqué a las enseñanzas del islam, donde todos los asuntos son de dios, un dios ferozmente machista, y nada se deja al César. Me parece muy injusto, no obstante, tildar a cualquier musulmán de presunto terrorista, por más que eche en falta con cada atentado de Daesh una condena más enérgica de los que se dicen practicantes de una religión de paz Detesto la violencia. Es contraria a mi concepción de la vida. Sin embargo, no creo en el apaciguamiento como modo de combatirla. Al terror y la intimidación se les planta cara con valor, con dignidad y con justicia; no se inclina la cabeza ante ellos en señal de sumisión cobarde. Resumiendo. He luchado contra la mayoría de los dogmas que impone el pensamiento políticamente correcto encarnado por Obama: derecho al aborto, ideología de género, diálogo apaciguador frente al terrorismo o la dictadura, inmigración ilimitada, renta básica, etcétera. Con la misma vehemencia me opongo a las fórmulas mágicas recetadas por el ultranacionalista Trump como remedios para la crisis: el proteccionismo xenófobo, la chulería en las formas, la conversión del vecino en un enemigo a humillar, el primero los americanos Frente a estas posturas, igualmente dañinas, yo invoco la sensatez, la dignidad, el pluralismo y la libertad como herramientas de progreso. Lo dicho; soy marciana. IGNACIO CAMACHO LA EDAD DEL PAVO En su debate caníbal, Podemos sólo habla de Podemos. Su bronca interna es una exhibición de narcisismo político Y JM NIETO Fe de ratas A no son pláticas de familia. A medida que la tensión estrechaba la correlación interna de fuerzas, la bronca de Podemos ha derivado en un ejercicio de canibalismo político. El debate sobre el modelo organizativo ha pasado a un pulso de poder. Iglesias y Errejón comparten, con diferencias de matices, un mismo objetivo que es la destrucción del régimen constitucional, pero lo que en principio fueron diferencias estratégicas se han convertido en una pugna abierta por el control del partido. Una porfía retransmitida en directo porque la afición a la política- espectáculo impide a sus dirigentes alejarse de los focos y los empuja a una permanente exhibición de narcisismo. De lo que nadie está discutiendo en esa polémica es de un proyecto de país o de sociedad. En el prolijo arsenal de documentos que confrontan las partes en liza hay una clamorosa ausencia de soluciones o de simples ideas sobre la gobernación de España. Podemos sólo habla de Podemos: de su naturaleza, de su estructura, de su carácter, de su misión geopolítica (sic) de su futuro, de sus relaciones consigo mismo. El populista partido de la gente se ha olvidado de los problemas de la gente para entregarse a una terapia grupal autocontemplativa. Su lenguaje es endogámico, casi tribal, de un alambicamiento incomprensible para quien no participe de su protagonismo ensimismado. Una empanada mental de universitarios con ínfulas doctrinarias que se pelean con la banal arrogancia de la edad del pavo. Pero esta es la superestructura, que dirían ellos, del conflicto. Bajo ese fárrago autorreferencial late un pulso cainita por el dominio de un potente aparato político. Aunque da la impresión de que ninguno de los bandos enfrentados sabe muy bien cómo y para qué administrar el notable capital electoral acumulado, sí son ambos conscientes de su capacidad de influencia en una masa social que hasta ahora les ha seguido con fidelidad ciega, impermeable al desánimo. Eso sí lo tienen claro: pablistas y errejonistas combaten por los galones para liderar una pujante fuerza de choque. Por la supremacía, por la autoridad, por el mando. Y lo hacen con todos los vicios de la vieja política, engordados por una propensión ególatra al endiosamiento desbordado. Su rápido crecimiento les ha provocado una crisis posadolescente que viven enfrascados en el petulante disfrute de su sobredimensionado rol mediático. Tan entregados a su propia contemplación que no trascienden sus propios ombligos ni se dan cuenta de hasta qué punto se parecen a los demás partidos, a los que no sólo imitan en las intrigas conspirativas y en la guerra de facciones, sino en el más descarnado fulanismo. Lo escalofriante de la situación, la perspectiva ucrónica que vista desde hoy produce pánico, es que esta gente que no sabe qué hacer con su invento estuvo hace sólo cuatro meses a punto de gobernarnos.