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ABC SÁBADO, 7 DE ENERO DE 2017 abc. es cultura CULTURA 43 Muere Ricardo Piglia, el escritor argentino que alumbraba la complejidad del mundo Autor de Respiración artificial y Los años felices falleció ayer en Buenos Aires a los 75 años víctima de ELA EDUARDO BECERRA PROFESOR DE LITERATURA U. AUTÓNOMA DE MADRID gliana y un catálogo excepcional de lúcidas reflexiones sobre diversos temas literarios y culturales. Los diarios de Emilio Renzi constituyen sin duda la culminación de una trayectoria deslumbrante por su complejidad, por la lucidez a la hora de abordar diversas problemáticas que se mueven en torno a la literatura y por la diversidad de las temáticas que su literatura enfrentó. La enfermedad Con la muerte de Ricardo Piglia perdemos a uno de los nombres fundamentales de la literatura del presente. Nacido en Adrogué (Argentina) en 1940, estudió Historia en la Universidad de la Plata. Narrador, ensayista, editor, guionista de cine y profesor universitario en Buenos Aires y Princeton, entre otros centros, su trayectoria se caracterizó en todos estos campos por su carácter transgresor y por sus planteamientos renovadores. Su primer libro de cuentos, Jaulario (1967) recibió una mención en el concurso Casa de las Américas de Cuba y luego se publicaría con algunas modificaciones bajo el título de La invasión Años después, con la publicación de su siguiente libro de relatos: Nombre falso (1975) su narrativa daría un giro significativo al incorporar en la nouvelle que da título al volumen un aspecto que será muy característico de su obra a partir de entonces: el cruce entre crítica y ficción, la presencia del discurso ensayístico y la inclusión de fragmentos digresivos en sus obras. Es complicado resumir mínimamente el legado de Ricardo Piglia, pero parece claro que resulta imposible pensar sobre diferentes temas sin tener en cuenta sus aportaciones en debates como la teoría del cuento y la narración, las relaciones entre literatura y política, entre relato y experiencia, el significado de autores como Roberto Arlt, Macedonio Fernández, Rodolfo Walsh o Manuel Puig para la tradición narrativa argentina, las vinculaciones entre escritura y oralidad en la narración y sus significaciones políticas, o el modelo policial, entre otros muchos. Hace unos pocos años se le diagnosticó ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica) una terrible enfermedad degenerativa. Lejos de postrarse y tirar la toalla, en estos pocos años aceleró su ritmo de trabajo y publicó sus dos últimos volúmenes de ensayos y los dos volúmenes de sus diarios. Fue especialmente trágico que a un escritor como Ricardo Piglia en sus últimos años la enfermedad le privara de la voz fue un orador deslumbrante como pudimos comprobar los que escuchamos alguna vez sus clases y conferencias afortunadamente no se rindió y siguió regalándonos por escrito su palabra hasta el último momento. Ricardo Piglia, en Cartagena de Indias en 2014 han visto la luz dos de ellos: Años de formación (2015) y Los años felices (2016) el tercero: Un día en la vida estaba previsto que fuera publicado en este mismo 2017. Además de su biografía vital y literaria, los diarios que Piglia llevaba escribiendo desde su juventud constituyen un testimonio excepcional de la vida cultural y política de la Argentina de los años sesenta y setenta, pero además son un auténtico laboratorio de la ficción pi- EFE Los diarios Son su obra magna; para este mismo 2017 estaba previsto un tercer volumen El legado Aportó claves al debate sobre las relaciones entre literatura y política Un clásico contemporáneo Esta poética de la narración obtendrá sus mejores resultados en su siguiente novela: Respiración artificial (1980) título que produjo una enorme sacudida en el panorama editorial argentino. En ella, Piglia abordó el periodo de terror de la dictadura argentina del Proceso y a la vez desarrolló una reflexión enormemente lúcida sobre las relaciones entre literatura e historia, lo que convirtió a Respiración artificial en un clásico de la narrativa contemporánea en español. A ella siguieron Prisión perpetua (1988) La ciudad ausente (1992) Plata quemada (1997) Blanco nocturno (2010) y El camino de Ida (2013) Su obra ensayística es también de una extraordinaria magnitud, y está recogida en los volúmenes Crítica y ficción (1986) Formas breves (1999) Diccionario de la novela de Macedonio Fernández (2000) El último lector (2005) La forma inicial (2015) y Las tres vanguardias (2016) Pero su obra magna han sido sin duda sus diarios, recogidos en tres volúmenes con el título de Los diarios de Emilio Renzi y de los que hasta ahora solo Entre el debate y la letra BLAS MATAMORO L os escritores argentinos que debimos iniciarnos en la década de 1960 intentamos situarnos ante un rico panorama cultural y un país en constante inestabilidad que condujo a una tremenda dictadura. Estructuralismo, neovanguardia, intercambios entre la literatura y los medios masivos, se sumaban a la guerra fría, la descolonización, la constante relectura de los marxismos, el psicoanálisis y la seducción de la violencia política. En este entretejido apareció Ricardo Piglia con un carisma personal que desde siempre lo señaló como la figura más notoria de su generación. Sumirse en el debate, apretado por la actualidad, obligado por la circuns- tancia, no era fácil de conciliar con el tempo de la literatura, acaso tentada de perdurar, reclamando la inmortalidad. Comprometerse con una facción partidista y salvar la autonomía de la escritura, resultaba a menudo muy conflictivo. De algún modo, la obra de Piglia busca constantemente sintetizar estas tensiones. Escribir es, como el título de su novela más conocida, un ejercicio de respiración artificial para sobrevivir en medio de la densa atmósfera asfixiante de la historia. Esta obra, que apareció en plena dictadura, pudo ser leída con las necesarias claves indirectas que también permitieron respirar de modo asistido a una sociedad. Fue, de paso, una manera de situar a aquella generación ante la necesidad de establecer sus clásicos en una historia literaria con un pasado tan breve como el argentino. Piglia hizo una clara opción, dejando resonar en sus páginas ecos de Borges, Arlt y Marechal, tres escritores de una misma promoción que proponían las herencias del realismo, de la vanguardia ultraísta y la literatura como autorreflexión de la palabra en el tiempo. La muerte, a la vez rutinaria e inesperada, en todo caso siempre inoportuna, permite cumplir la tarea de îniciar un balance de aporte generacional a las letras latinoamericanas desde el extremo sur del continente. Si nos tocaron, según la fórmula borgiana, malos tiempos como a todos los hombres, la marca dejada por la letra justifica el drama temporal y ayuda a convertirlo en historia, la única recompensa que nos dejan los años.