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ABC SÁBADO, 7 DE ENERO DE 2017 abc. es opinion OPINIÓN 13 UNA RAYA EN EL AGUA EL ÁNGULO OSCURO JUAN MANUEL DE PRADA LA ÚLTIMA BATALLA Esta batalla última jamás se habría declarado sin nuestra paulatina claudicación R ECIENTEMENTE, una revista al servicio del mundialismo llevaba a su portada a un niño transexual que posaba con orgullo y miraba desafiantemente a la cámara. En su orgullo y desafío se compendiaba la exultación de quienes lo habían moldeado, que después de ganar todas las batallas (primero en el orden político, luego en el orden social, después en el orden familiar) se disponen a librar la última batalla en el último reducto que les restaba por conquistar, que es la propia naturaleza humana, nuestra misma mismidad. Y, hollando ese último reducto que es a la vez la cúspide de la labor creadora de Dios, coronan su labor destructiva. Pero esta batalla última que ahora se va a librar en los cuerpos inermes de nuestros hijos, en sus almas trémulas y atónitas, jamás se habría declarado sin nuestra paulatina claudicación. Esta batalla última no sería ni siquiera imaginable si antes no hubiésemos entregado poco a poco, de forma indolora, el orden político, social y familiar, hasta la plena disolución de todos los frenos morales. Y así como profetizó Chesterton el mundo se ha teñido de pasiones peligrosas y putrescentes, de pasiones naturales convertidas en pasiones contra natura; pues cuando la sexualidad se trata como cosa inocente ocurre inevitablemente que todas las cosas inocentes se empapan de sexualidad. Empezando, naturalmente, por la propia infancia. Y ahora nuestros hijos van a ser víctimas cruen- tas de esa batalla, gracias a las leyes que progresistas y conservaduros al servicio del mundialismo han promulgado. Pero si hoy nuestros hijos van a ser triturados es porque antes permitimos que se instaurase un orden político que promovió la ruptura de los vínculos humanos y fomentó una libertad depravada que no era otra cosa sino satisfacción egoísta de los instintos. Porque permitimos que la familia se convirtiese en un campo de Agramante, que el amor de los esposos se ensuciase de competencia sexual, que los hijos se revolvieran contra los padres, que se anulase el concepto de autoridad familiar, para que el Leviatán viniera a suplirla. Porque antes permitimos que, desde la propia escuela, se incitase a vivir en plenitud la libertad sexual porque aceptamos una propaganda mediática que escamotea las realidades más nobles de la condición humana y las sustituye por reclamos sexuales. Porque antes dejamos pasivamente muy preocupados de conservar nuestros duros, o de hacerlos progresar que envileciesen la inocencia de nuestros hijos, que les arrebatasen todo vestigio de pudor, que desnaturalizaran su sexualidad balbuciente, que los liberasen de tabúes e inhibiciones, ante nuestra pasividad de peleles progresistas, ante nuestro aplauso de alfeñiques conservaduros. Y ahora los van a apacentar hasta el baño unisex y les van a suministrar tratamiento hormonal con leyes aprobadas por los lacayos del mundialismo a los que hemos votado tan felices durante todos estos años. Y como panolis cretinizados nos consolaremos, diciendo: Pobrecito hijo mío, si es lo que él quiere... Pero no es lo que nuestros hijos quieren, sino lo que les hemos hecho querer; porque, para formar los caracteres como para deformarlos primeramente hay que crear un clima moral. Y una vez creado ese clima moral, nuestros hijos respiran en él sin darse cuenta de que los está envenenando. Y el ambiente moral que los ha envenenado lo hemos creado nosotros, votando a los lacayos del mundialismo que prometían conservarnos los duros, o hacerlos progresar. Sólo pido a Dios que, cuando al fin venga alguien a desmantelar toda esta podredumbre, deje sin duros a los que la propiciaron. IGNACIO CAMACHO EL PODIO DEL PP La neutralidad del Ejército cuestiona la idoneidad de que lo mande una figura de tan explícito rol partidario L régimen político español es una partitocracia tan asentada que la crisis de representación sólo ha logrado fragmentar su estructura pasando de dos fuerzas hegemónicas a cuatro. El papel de los partidos en el sistema de poder es decisivo, por más que la mirada de la opinión pública suele centrarse en los liderazgos. Pedro Sánchez fracasó por no haber consolidado una mayoría interna, mientras que el éxito de Rajoy se basa, tanto o más que en su célebre resistencia, en la cohesión y el arraigo de una maquinaria electoral capaz de resistir cualquier asalto. Tras el desgaste propio de la tensión de un año electoral, éste va a ser un trimestre de reajustes generalizados; un proceso instrumental siempre salpicado de luchas de facciones que sólo el PP aborda con la serenidad del objetivo cumplido, la autoridad incuestionada y el proyecto claro. Frente a la incertidumbre y el cainismo que agitan al PSOE y a Podemos, y a las incipientes grietas en la fachada de Ciudadanos, la única incógnita del próximo congreso popular es la continuidad de Dolores de Cospedal como número dos, un asunto de trascendencia menor en una organización presidencialista que se mueve al compás exclusivo del número uno. De hecho Rajoy ya resolvió en buena medida las disfunciones del pluriempleo de Cospedal traspasando muchas de sus competencias al número tres, Fernando Martínez Maíllo, un aparatchik clásico con buena mano para los conflictos. La titularidad de la secretaría general aparece por ello como una mera cuestión simbólica, vinculada a hipótesis sucesorias en un eventual posmarianismo. A este respecto, el pulso cierto entre la ministra de Defensa y la vicepresidenta Sáenz de Santamaría soslaya la existencia de un candidato a delfín cuyas posibilidades muy reales pasan por mantenerse al margen del pugilato partidista. Las dos damas se disputan la influencia visible sin tener en cuenta que en el mapa mental de Rajoy lo esencial casi nunca está a la vista. Y que su jefe, que conoce el PP mucho mejor que ambas, cuando reparte cartas siempre se guarda algún comodín en la manga. Si el dedo marianista vuelve a respaldar a Cospedal, a despecho de su responsabilidad en el Gabinete, sólo significará que concede poca importancia a un cargo amortizado en la práctica. Deuda moral con ella no tiene después de haberle otorgado la relevancia de una cartera de Estado. En el partido manda el presidente y ha encontrado en Maíllo al ejecutor de sus órdenes; lo demás son contrapesos fulanistas, equilibrios de jerarquía nominal y de iconografía política. Existe sin embargo una cuestión ética y estética de mayor alcance que cabría contemplar al margen de la teórica compatibilidad de los roles y los cargos. Y es la de si los servidores armados de la nación, de neutralidad obligada, merecen estar mandados por una figura de tan flagrante y explícita vinculación partidaria. E JM NIETO Fe de ratas