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12 OPINIÓN LLUVIA ÁCIDA PUEBLA VIERNES, 30 DE DICIEMBRE DE 2016 abc. es opinion ABC DAVID GISTAU GALÁCTICOS A la pobre señora Fisher le ha robado protagonismo una ficción palomitera en su mismo mutis existencial IEMPRE me pareció una cosa triste que los actores relacionados con un solo personaje no puedan ni morir siendo ellos mismos. Lo pensé cuando un infarto mató a James Gandolfini en Roma y el fallecimiento se interpretó como si hubiera sido revelado el desenlace de Tony Soprano que nos escamoteó una serie con final abierto. El boss de Nueva Jersey moría en Italia después de un viaje a Nápoles para cerrar negocios con la Camorra en el que aprovechó para hacer una digresión turística en Roma. Pues mire, no: murió un actor versátil que en ese momento estaba con su hijo porque se habían prometido hacía tiempo un viaje mano a mano de conocimiento mutuo, sin más parientes. Está sucediendo lo mismo con Carrie Fisher, quien, por cierto, fue una persona más divertida, compleja, sexual y humana que su personaje de Leia Organa. Pero nada. Para toda una generación que fue educada por La guerra de las galaxias y que se ha esforzado por no salir del estado infantil ni aun pasando de los cuarenta, la que ha muerto es la princesita peinada como la Dama de Elche que rascaba la barriguita a Chewbacca y se enamoraba de un contrabandista mientras ambos luchaban contra una adaptación sideral del nazismo. A la pobre señora Fisher le ha robado protagonismo una ficción palomitera en su mismo mutis existencial. Bien mirado, ver sólo la extinción incruenta del personaje es un modo terapéutico de seguir negándose a aceptar la cruda finitud del ser: continuamos en la infantilización. De las reacciones durante estos días, uno obtiene dos conclusiones. Que hay una generación iletrada que extrae sus referencias políticas e históricas de simplonas sagas de entretenimiento adolescente como esta: lo que ha dicho el Espinar podemita ha sido casi tan ridículo como cuando Iglesias pretendió enseñar historia a un Rey de España con Juego de tronos no en vano, ya habían disfrazado al pobre guiñapo del Jemad de piloto galáctico, como si fuera más honorable que serlo del Ejército español Y que muchas personas llenas de prejuicios religiosos han podido dar una pátina espiritual a su despedida amparándose en el credo de La Fuerza. Iba a decir que esto me parece particularmente loco. En el momento de tu fallecimiento, un montón de chicos con la mente medio escacharrada te desea de veras una eternidad en un panteón inventado, no ya por evangelistas, sino por un guionista de Hollywood. Alucinante. Pero resulta que la religión Jedi, o el jediismo, es la cuarta de Inglaterra según las encuestas. Y tiene una implantación especial entre las tropas americanas, que la han acogido como antaño hicieron las legiones romanas con el mitraísmo. Yo entiendo que es difícil aceptarles una veracidad científica e histórica a los evangelios. Pero, hombre, puestos a incurrir en culto y en aceptación de un misterio, dar más crédito al Lucas George que al Lucas que caminó junto a Pablo de Tarso no deja de ser tan extravagante como creer que hace un par de días murió Leia Organa. S MONTECASSINO HERMANN LA FE DE ERRORES La izquierda totalitaria desconoce la fe de errores y la enmienda E L lunes cometí un error. En mi columna Montecassino atribuí al Ayuntamiento de Madrid la gestión de un comedor que solo da comidas para extranjeros. Solo para no españoles se tituló el artículo. Por unos mensajes y un anuncio de dicho comedor en la página web del Ayuntamiento di por hecho que era parte del mismo. Pues no era así y me equivoqué. Es evidente que no hice la necesaria comprobación. El comedor es una iniciativa de la Comunidad de Madrid y es gestionado por ella. En cuanto fui advertido del error lo anuncié en las redes sociales. Y pedí en ABC que publicaran una fe de errores. Desde que estoy en esta profesión, aún más, desde que de niño comencé a conocerla y amarla en mi casa y en la redacción de mi padre, hay fundamentos en ella que no son asuntos de prestigio profesional, son cuestiones de honor personal. Y entre los compromisos personales está la enmienda pública si se tiene conocimiento de haber publicado una información no correcta. Por eso no me puse de perfil para dejar que el torrente de noticias hiciera olvidar al día siguiente el desaguisado, tal como hacen hoy la inmensa mayoría de los dedicados a este negocio. En el que hace tiempo que la palabra honor ya solo se usa para alguna guasa. La publicación de la fe de errores movilizó, como yo bien sabía que pasaría, a toda la inmensa jauría que en las redes sociales me honra con un odio pleno de dedicación, intensidad, lealtad y constancia. Es cierto que todo aquel que opina y escribe tiene que tener enemigos para no ser irrelevante. Pero nunca osaría arrogarme tantos méritos como las nutridas filas de mis odiadores pudieran sugerir. Los esfuerzos por destruirme profesional e incluso personalmente vienen de muy lejos. No aburriré con detalles, pero sí puedo decir que en España en esta profesión ha habido pocos intentos de character assassination más intensos y constantes. Aun para alguien tan experimentado como yo, lo de estos dos días pasados ha sido notable. Después de que agitadores y periodistas izquierdistas, notorios por sembrar mentiras, medias verdades y manipulaciones permanentemente y a los que, eso sí, no se conoce una sola fe de errores lanzaran el artículo errado y la fe de errores a las redes, he recibido una catarata de insultos, descalificaciones y vejaciones verbales de cientos de agresores, en su mayoría, claro, desde el anonimato. Su odio y brutalidad solo se explica con el mensaje de resentimiento que reciben en los abrevaderos de las ideologías más abyectas y fracasadas que son hoy en España tantas escuelas, facultades y televisiones. La izquierda totalitaria no conoce la fe de errores ni la enmienda, ni el me he equivocado salvo en imposturas como la grotesca carta de Pablo Iglesias a la militancia. Tanto desconoce la práctica de enmienda esa izquierda que sigue obcecada con imponernos una ideología que ha causado cien millones de muertos en el siglo XX. Y en cada generación resurge con la sangrienta marmota del fanatismo, la miseria, la mentira y el crimen. En mi columna decía que comunistas y nazis siempre comparten métodos y fines. Así es. También son ciertas todas las demás consideraciones sobre la catástrofe que supone una inmigración caótica que la sociedad no puede integrar. Y sobre la vocación de utilizar a la inmigración para destruir la sociedad abierta occidental. Lo terrible es que, siendo verosímil que ese comedor fuera del Ayuntamiento, lo cierto es que es de la Comunidad. Lo que demuestra hasta qué punto la derecha ha entrado en la absoluta inanidad y falta de músculo y brújula moral que emula a la izquierda hasta en sus peores perversiones.