Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC SÁBADO, 24 DE DICIEMBRE DE 2016 abc. es opinion OPINIÓN 15 mont se agravan una vez que el nacionalismo catalán de centroderecha perdió su veta negociadora, poniéndose en manos de los radicales antisistemas de la CUP. La permanente actitud de desafío al Estado de la CUP y los chantajes a los que está sometiendo al Ejecutivo catalán aumentan la inestabilidad y someten a la sociedad catalana a una tensión y a un estado de desgobierno que no puede durar. ¿Cuándo se producirá una reacción del catalanismo moderado, que se ha refugiado en los cuarteles de invierno? Reconozco que en este momento no es fácil, porque tienen copados los medios y dar la cara en unas circunstancias como la que se está viviendo es exponerse a una bestial crítica. PEDRO GARCÍA GERONA TRIBUNA ABIERTA SUS NOMBRES VIVEN PARA SIEMPRE POR IGNACIO PEYRÓ Este paso pesaroso de la Navidad de 1914 a la de 1915 es elocuente de la quiebra en la conciencia europea que supuso la Gran Guerra A civilización avanza lentamente escribe Morand en sus Diarios y después, en ocho horas retrocede ocho siglos El 25 de diciembre de 1914, ante el pasmo de sus respectivos Estados Mayores, soldados británicos, franceses y alemanes abandonaron sus trincheras para intercambiar prisioneros, víveres, pitillos, algún dulce. Era la célebre Tregua de Navidad de la Gran Guerra y allí se cantaron villancicos y no dejaron de improvisarse partidos de fútbol. Justo un año después, en la Nochebuena de 1915, un sargento británico avanzaba hacia las líneas enemigas para confraternizar con la tropa alemana. Esta vez cayó abatido un balazo en la tierra de nadie. Tras cursarse las órdenes pertinentes para evitar toda efusión navideña, quedaban sentenciados un código de conducta y un orden internacional que según medita Burleigh habían transparentado de humanidad tantos conflictos desde tiempos medievales. Sin duda, este paso pesaroso de la Navidad de 1914 a la de 1915 es elocuente de la quiebra en la conciencia europea que supuso la Gran Guerra. Pero también representa una de sus ironías macabras: detonada en agosto, nadie pensó que fuera a durar precisamente más allá de Navidad. Según dejó dicho Zweig, creer en algo más que una escaramuza entre naciones civilizadas equivalía a creer en brujas y fantasmas Por eso, a medida que la contienda dio paso a una macroeconomía de la muerte, no sólo se produjo una áspera toma de conciencia del fin de esa edad tan dulce, en la que habíamos supuesto que el mundo progresaba gradualmente Poco a poco también se hizo sentir la percepción de Bernanos, para quien esa religión del Progreso por la que se les había pedido morir no dejaba de constituir una gigantesca estafa a la esperanza Uno de los miles de muchachos que verían estafadas sus esperanzas fue John Kipling, y tiene no poco de tristeza y paradoja pensar que fuertemente miope nunca tuvo que haber entrado en combate. Fue su padre quien, a instancias del joven, logró alistarlo. Sin duda, este era un gesto fácil para Rudyard Kipling, que por entonces no sólo era el escritor más leído de Gran Bretaña, sino la eminencia gris de su misión imperial. El autor de El libro de la selva, de hecho, no tardaría en llamar a la lucha por todo lo que somos y tenemos Y tampoco dudaría en ponerse a disposición de su Gobierno para volcar su genio en la propaganda y mantener alta la moral en el llamado frente doméstico. Fruto de esa labor serían, por ejemplo, las Crónicas de la Primera Guerra Mundial que, con sabio criterio editor, acaba de rescatar Fórcola. Unas crónicas que no pueden leerse sin desazón: no en vano, en ellas vemos cómo ese narrador prodigioso que fue Kipling no duda en endulzar la crueldad de la guerra, ni en ensuciar la verdad para servir a su causa, ni en animalizar cuando no demonizar a un enemigo alemán en quien ve la encarnación del Mal absoluto y sin matices. Hacer la distinción entre alemanes y seres humanos iba a ser un momento deshonroso para la palabra sublime de Kipling. Pero la misma literatura que había servido para avivar el odio también iba a servir para ahondar en todo lo que va del luto al consuelo. En el caso de Kipling, ese fue el más doloroso de los trámites. En concreto, tuvo que sufrir un golpe del que nunca llegó a recuperarse su hijo John de apenas dieciocho años fue dado por herido y desaparecido en la batalla de Loos. Y si la pérdida del muchacho cambió el curso de la escritura bélica del padre, también iba a suponer una expiación de toda culpa. Es conocido el escepticismo resignado de sus versos: si alguien pregunta por qué hemos muerto decidle que porque mintieron nuestros padres Kipling, sin Apaños en el PSOE A la sede del PSOE le regalaron unos décimos de lotería por haber comprado un número entero. Esto suena a un apaño como también el que unos se quedaran con gran parte de ese presunto regalo; unos con poco, y otros con nada. Pero la mala suerte hizo que esos décimos fueran los del Gordo de Navidad, y surgieron las protestas y el escándalo consiguiente. La Gestora ha hecho el ridículo al declarar que no tenía nada que ver, que era irresponsable de ello. Pero quien no es capaz de poner orden y justicia en su casa e intenta excusarse, ¿cómo puede pretender hacerlo en un partido, e incluso en todo un país? JOSEFA ORTEGA OLIAR MADRID L Violencia de género Los juzgados reciben centenares de denuncias por violencia de género cada día, lo que lleva a pensar que este problema está cada vez más presente. A pesar de las constantes campañas, aún se aprecia cómo son un gran número las víctimas que lo sufren. Parece que esto se está convirtiendo en algo imparable, y más cuando cada vez son más los jóvenes que comienzan a presentar, desde edades muy tempranas, rasgos de violencia. Deberíamos concienciar a los niños desde pequeños de este enorme problema. CRISTINA QUIEIJA DOMÍNGUEZ MADRID PIEDRA Pueden dirigir sus cartas y preguntas al Director por correo: C Juan Ignacio Luca de Tena 7. 28027 Madrid, por fax: 91 320 33 56 o por correo electrónico: cartas abc. es. ABC se reserva el derecho de extractar o reducir los textos de las cartas cuyas dimensiones sobrepasen el espacio destinado a ellas. embargo, iba a recorrer íntegro el camino que lleva de la desesperanza a la piedad tras recibir el más grave de los encargos nunca encomendados por un Gobierno a un escritor: fijar la retórica del duelo público, encontrar una inscripción para las tumbas de tantos soldados desconocidos o, en sus propias palabras, sólo conocidos por Dios Sus lápidas hoy pueblan, como una geografía del dolor, rincones incontables de Europa. Y el mismo John tuvo que reposar bajo una de esas piedras anónimas hasta que recuperado su cuerpo en 2016 por fin pudo yacer bajo sus propias iniciales, como una justicia póstuma. Para entonces, sin embargo, el Rudyard Kipling sembrador de tanto odio ya se había encargado de recordar a las víctimas como homenaje a nuestra dignidad como humanos. Ya se había asegurado, sí, de que viven para siempre en nuestra memoria de europeos, el nombre de su hijo y el de tantos muchachos que nunca regresaron por Navidad. IGNACIO PEYRÓ ES PERIODISTA Y ESCRITOR