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12 OPINIÓN VIDAS EJEMPLARES PUEBLA JUEVES, 15 DE DICIEMBRE DE 2016 abc. es opinion ABC LUIS VENTOSO SÍNDROME DE MERITXELL Lo que dijo resume bien cierta empanada ambiental A biografía de la socialista barcelonesa Meritxell Batet, de 43 años, supone un feliz ejemplo del país de esperanza y oportunidades que ha sido la España democrática del 78. Hija de divorciados, llegó a la Universidad en Barcelona gracias a las becas de ese tremebundo Estado español que ha machacado a Cataluña. Su formación incluye incluso una estancia en Estados Unidos. Salida de una generación de españoles ávidos de currar para prosperar, la joven Meritxell completaba los ingresos familiares poniendo copas en la noche barcelonesa. Hoy es abogada, profesora de Derecho Constitucional y lleva doce años como diputada en Madrid. Durante dos lustros permaneció casada con Lasalle, secretario de Cultura con Rajoy hasta el mes pasado. Madre de mellizas, delgada y de pelo rubio ensortijado, aseguran que es sosegada y de trato correcto. Conclusión: una española trabajadora y sensata, una socialdemócrata moderada y con trayectoria académica. Ayer Meritxell, que fue promocionada por Sánchez a número dos por Madrid, ofreció su valoración de la sentencia del TC. Como saben, el Constitucional ha paralizado la convocatoria de un referéndum para la separación de Cataluña, por la sencilla razón de que vulnera nuestras leyes, algo que entendería un teletubbie. La diputada catalana arrancó bien: Las decisiones judiciales deben cumplirse. Era una temeridad hacer caso omiso al TC Hasta ahí, todos de acuerdo. Pero entonces Maritxell, ¡profesora de Derecho Constitucional! añadió algo más: Judicializar la política no es bueno, no conduce a nada y no aporta ninguna solución real. Hay que abrir paso al diálogo Muy interesante. Imagino que Maritxell, española y diputada en el Parlamento que representa al pueblo español, desea que su país siga existiendo. Entonces, si un Gobierno autonómico se subleva para romper España, ¿cuál es su receta? Dado que imponer la ley es judicializar la política (y eso para la candorosa Maritxell no es bueno la alternativa es permitir que los sediciosos hagan lo que quieran incluso contra la voluntad general y concederles barra libre para pisotear la soberanía del pueblo español que consagra la Constitución. En resumen, debemos ser amables y dejarlos avanzar hacia la destrucción de nuestro país, enarbolar el diálogo Admirable Maritxell: ¿y qué pasa si resulta que la única forma de diálogo que aceptan es la independencia, como de hecho ya sucede? ¿No será una imposición en lugar de un diálogo? La impresionante empanada de Maritxell ejemplifica lo que se ha dado en llamar tercera vía o buenismo, que en la práctica consiste en dar coba acomplejadamente a quien se propone destruirte (incluso transfiriendo fondos que van al secesionismo) También se puede llamar entreguismo y últimamente se sopesa un nuevo sinónimo: sorayismo. ¿Qué país ha perdurado renunciando a mantener el imperio de la ley? Yo no lo conozco. Tendré que matricularme en las clases de Derecho Constitucional de Maritxell. Tal vez el manual de cabecera sea Sopa de ganso del estadista Rufus T. Firefly (Groucho, para los amigos) El PSOE se ha convertido en el tonto útil del separatismo. De ahí nacen sus castañazos en las urnas. L CAMBIO DE GUARDIA GABRIEL ALBIAC ENTRE ASESINOS Entre Al Assad y Al Qaida hay una población civil de varios cientos de miles de personas. A la cual, metódicamente, asesinan todos ¿Q UÉ hacer ante dos asesinos que se enfrentan en duelo a muerte? La respuesta nos viene enseguida; demasiado. Dejarlos que se maten. Sin mover un dedo. Y aguardar que su fin sea rápido. La política, sin embargo, no es un juego tan limpio como el de los combates singulares. Sus duelos se tramitan siempre a través de personas interpuestas. De personas que ocupan la posición desesperada de una población rehén, tras la cual puedan parapetarse bien los contendientes. Y antes de que los dos asesinos o uno de los dos, al menos caigan fulminados, son ya miles los parapetos humanos que habrán caído en su involuntaria defensa. En Alepo se vienen enfrentando, desde hace ya cuatro años, dos inmisericordes asesinos. Ambos parapetados tras el escudo eficacísimo de esos cientos de miles de habitantes sobre los cuales tanto horror seguirá cayendo, bien gane uno de los contendientes, bien el otro. Porque es esta una guerra de exterminio. Proyectar simpatías o justificaciones sobre cualquiera de ambos bandos es adornar obscenamente la universalidad del crimen que allí despliega sus estrategias. Dos asesinos. Fácil de enunciar, el primero: Bashar al Assad, segundo de la dinastía que inauguró en 1971 su padre, quien ejerció oficio de déspota despiadado, bajo el paraguas hermético de la Guerra Fría. Hafez primero, como su heredero Bashar a partir de 2000, han aplicado en Siria durante más de cuarenta años un principio sencillo y funcional para el mantenimiento del poder: dar muerte a todo aquel que cuestionara su dominio. La tortura, la prisión arbitraria, la matanza masiva de poblaciones sospechosas de desafección al Jefe, han sido allí rutina. Como lo ha sido el uso represivo del armamento químico. Rusia ve hoy en Siria la ocasión de asentar su nueva hegemonía en el Cercano Oriente, tras los catastróficos repliegues de Obama. Nadie pedirá a Putin contención humanitaria. Apuesta por el clan Al Assad. Dos asesinos. Menos sencillo de retratar, el segundo. Tras lo que la prensa europea llama rebeldes sirios, hay una heteróclita amalgama, que va desde fuerzas bajo control de las potencias occidentales hasta las variedades más brutales del yihadismo. Decir rebeldes al hablar de Alepo, es decir muy poco. Hay que hablar de sus dos alas: la coalición yihadista que lidera la rama siria de Al Qaida, el Frente Al Nusra, por un lado; la coalición soldada entre los Hermanos Musulmanes y el Ejército de Liberación de Siria, por el otro. La verdadera tragedia internacional es hoy esta: se apoye a quien se apoye en esa guerra, se apoya a un asesino ilimitado. Si alguien cree que ese asesino podrá luego ser reducido a criterio, estará cometiendo el error crítico que llevó, en Libia, a asesinar a un dictador controlable, para acabar poniendo en pie un despotismo múltiple, incomparablemente más peligroso e incomparablemente menos previsible. Los contendientes que cruzan armas sobre Alepo aspiran por igual a aniquilar a su enemigo. Nada habría que lamentar en ello, si ese combate se llevase a cabo en la soledad autista de los duelistas. Pocas lágrimas se le ocurriría verter a nadie sobre la tumba de Al Assad o de Al Qaida. Pero una guerra no es nunca un limpio duelo. Es siempre una matanza delegada. Entre Al Assad y Al Qaida hay una población civil de varios cientos de miles de personas. A la cual, metódicamente, asesinan todos. Ante el frío abandono militar que la Administración Obama deja planificado para el Cercano Oriente. Esto es, para el Mediterráneo.