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12 OPINIÓN VIDAS EJEMPLARES PUEBLA JUEVES, 27 DE OCTUBRE DE 2016 abc. es opinion ABC LUIS VENTOSO DIEZ MESES DESPUÉS El lamentable período sin Gobierno ha aclarado cosas N los bares y el tertulianismo se repite, y con razón, que los diez meses sin Gobierno han sido un disparate. Pero este enorme fracaso colectivo ha servido para dejar algunas cosas claras: -La vanidosa nueva política era peor que la vieja. Muchachos amateurs, forjados por la televisión, de opiniones veletas y muy pagados de sí mismos, han cumplido lo que prometían. En efecto, han traído algo nuevo: paralizar durante un año un país puntero del primer mundo. -Podemos y asociados han enseñado su credo: el totalitarismo. Solo son admisibles sus ideas. Las contrarias deben ser refutadas en la calle, coaccionando la libertad de pensamiento ajena. Increíble que hayamos descendido a tal abyección. Con su negativa a respetar el triunfo del más votado, que explicitarán cercando la sede de la soberanía nacional el día de la investidura, confirman que están contra la democracia. Algo gravísimo, que no se veía en la izquierda parlamentaria desde los días de la República. -Rivera ha perdido su aura. Lo de apoyar primero a Sánchez y después a Rajoy ha medido la hondura de su propuesta. Las elecciones gallegas y vascas probaron también que el suyo es el partido del Puente Aéreo, solo instalado en el eje Madrid- Barcelona y la tele. -Sánchez, aunque gastaba porte de galán y era experto en baloncesto, cualidades básicas para un gobernante, resultó un desastre. Ególatra de bajo vuelo intelectual, hundió al PSOE en las urnas y hasta dejó impronta de persona complicada. El problema del PSOE es que todo este tormento ha levantado también dudas sobre las capacidades de la señora Díaz como solución. Hace falta mucho pulso para centrar ese barco a la deriva. -El PSC es un partido nacionalista más. Una de las causas de la gangrena del PSOE. Increíble que no rompan y salgan con su marca en Cataluña. -Hemos inventado el Cotilla Regio. El primero fue Revilla, piando cada coma de sus audiencias con el Rey. Pero ahora ya es moda. Hará bien el excelente Felipe VI en guardarse y ser parco. Anteayer, uno de los comentaristas salió pretendiendo que el Monarca aboga por reformar la Constitución, una opinión política, que habría sido insólita en quien debe ser neutral y además es garante de nuestra Carta Magna. -El síndrome de Raúl: juega feo, dicen que no hace nada, pero al final marca, aunque sea con la chepa. Dar por incinerado al viejo Mariano es un clásico en un país donde según el CIS el político más valorado es ¡Alberto Garzón! un comunista que quiere liquidar la democracia. Frente a la corrupción del PP, Rajoy ha sido más lento que un interrogatorio de Colombo. También carece de impulso reformista y capacidad de ilusionar al país. Pero la supuesta medianía ha jubilado a Rubalcaba, Sánchez, Mas y Rosa Díez; ha aplacado alguna ambición sinuosa cercana a su propio despacho, y ve a Podemos a la baja y peleado y a Rivera en pleno baño de humildad. El patriotismo elemental, el sentido común y no hacer grandes tonterías son cualidades notables en la España de hoy. E CAMBIO DE GUARDIA GABRIEL ALBIAC LA HORA DEL PSOE Sólo un pacto de gobierno con PP y C s permitiría al PSOE pasar a esa política de Estado que fija el canon hoy del socialismo europeo A Comunidad Europea fue concebida, desde su origen, como paradigma del welfare state, el Estado benefactor al que, en mala traducción, llamamos Estado del bienestar Ese Estado benefactor, asistencial o providente es la forma estatal de la beneficencia: salvamento de ciudadanos desvalidos en situaciones extremas. Tal concepción asistencial era la adecuada para un continente que salía en cascotes de la Segunda Guerra Mundial. La inteligencia de la socialdemocracia europea estuvo en entender esa necesidad y en aplicarla con firmeza. En los años ochenta, europeísmo y socialdemocracia se fueron solapando hasta llegar a confundirse. Y, más que una marca electoral específica, la socialdemocracia asistencial pasó a definir el campo completo del juego político, sobre el cual se dirimen sólo matices entre una izquierda y una derecha cada vez más indistinguibles en las grandes decisiones económicas. Más anclada en el peso del Estado la primera, en la desregulación la segunda. Ambas, por igual, acordes con la economía de mercado. Su victoria histórica hizo, paradójicamente, excedentarios a los propios partidos socialistas: si todo en la política europea era socialdemocracia, ¿qué espacio había para reivindicar ese todo como propiedad de una parte, de un partido Los más inteligentes entendieron que la paradoja exigía re- L configurar, por completo, el concepto de socialismo: dejarlo en un modo eficiente de gestionar economías de mercado modernas. Blair fue el paradigma de tal mutación. La situación del socialismo español ha sido más compleja. Cuando Washington y Bonn lo reinventan y financian, mediados los años setenta, PSOE es dos cosas: a) Una memoria sentimental, investida en sus siglas: la de los derrotados del 39 y sus descendientes. b) Un aparato de dirigentes, el de Felipe González, en quienes se delega el borrado del PCE y la doble entrada en la Comunidad Europea y en la OTAN. Jugar con esa dualidad era difícil. Pero rentable. La dirección política más conservadora González y los suyos debía cabalgar a un electorado sentimentalmente anclado en el izquierdismo de los años treinta. La eficiencia de aquellos dirigentes quizá puso las claves de su voladura: corrupción masiva y GAL fueron fatalmente determinados por el sentimiento de impunidad en que ellos se instalaron. La ofensiva que, tras el 11- M, lanza Zapatero era sencilla. Y arriesgada. Consistía en recuperar, desde el vértice, el guerracivilismo de las bases. Y hacer de él máquina cosechadora de votos. Sin la brutal recesión de 2008, tal vez hubiera triunfado. Empolló, en todo caso, los huevos de la serpiente. De los cuales saldría lo de siempre en estos casos: lo que Iglesias y los suyos llaman plebeyismo Esto es, lo que los historiadores saben el germen de los fascismos: la demagogia populista. Con Sánchez, el PSOE ha estado a punto de consumar el sueño zapateriano: desaparecer en Cataluña para convertirse en ala izquierda del independentismo y ser absorbido por Podemos en el resto de España. La situación tocó fondo. Ahora, o bien el PSOE alza acta de su irrelevancia si no de su extinción o bien se rehace desde cero, bajo el modelo de una convencional socialdemocracia homologable al resto de las europeas. Sólo un pacto de gobierno con PP y C s, para reformar un modelo caduco, permitiría al PSOE pasar a esa política de Estado que fija el canon hoy del socialismo europeo. Política de Estado. Por encima de partidos. Si fracasa, su herencia será Podemos.