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ABC VIERNES, 14 DE OCTUBRE DE 2016 abc. es ABCdelOCIO 69 La dolce vita La poesía invisible POR FERNANDO R. LAFUENTE L a poesía no parece sólo invisible en estos tiempos de tormentas mediáticas y alocadas redes sociales, sino en el devenir de las gentes y sus destinos. Emily Dickinson (Amherst, Massachusets, 1830- 1886) fue alguien que declinó, en medio de la soberbia y el narcisismo habitual en los creadores, publicar su obra. En la extraordinaria edición bilingüe de Visor, Obras Completas (basada en la de Johnson de 1995) su excelente traductor José Luis Rey recuerda que del vasto volumen de cuanto escribió apenas fueron cinco los poemas publicados en vida. Todo lo demás fue póstumo y no se publicó hasta que su hermana Lavinia lo descubrió entre los papeles de Emily. En español fue Juan Ramón Jiménez el único entonces que se atrevió con su traducción y en ser el gran mentor de tan oculto monumento a la literatura. Sí, la poesía que llega a lo más profundo del lector trata de los asuntos eternos. Esas cuatro o cinco metáforas de las que se nutre la literatura desde el comienzo de los tiempos: la eternidad, la redención, el amor, el tiempo, la muerte. Dickinson vivía recluida en su escritura. No recibía visitas, vestía siempre de blanco, y así escribió cerca de cuarenta volúmenes cosidos a mano con gran parte de su obra; de las cartas que envió fue recogido el resto de sus poemas recuerda Rey. Sólo esperaba que le trajeran el atardecer en una taza de té: Sobre las Vidas Concluidas No hay nada que caiga más fresco Que los dulces Cálculos de la Vida Las Campanas mezcladas con los Féretros Provocan Melodía Lacerante Para los Oídos en el Lado de la Muerte Es propio de la Corona- y del Funeral Saludar- en el Camino El jardín, el puritanismo propio de los parajes callados de Massachussetts logra un estilo poético que se envuelve en un deslumbrante simbolismo de las cosas eternas y cercanas, la elipsis y lo no dicho son el espejo de sus palabras. Hart Crane, Wallace Stevens, Juan Ramón Jiménez fueron los lectores devotos de esta mujer solitaria y plena. Como señalara Nixon, en Historia de una pasión Poesías completas Emily Dickinson. Visor, 2013. Traducción: José Luis Rey. 1.528 pág. 40 Historia de una pasión Dirección. Terence Davies. Intérpretes. Cynthia Nixon, Jennifer Ehle, Keith Carradine. Gran Bretaña. 2016. 125 min. Living in London Santa Engracia, 4. 91 319 79 58. Madrid. 15 euros Harold Bloom, su poesía permite al lector otra manera de ver, casi en la oscuridad Recordar a Dickinson hoy no es un capricho. Ha sido provocado por el estreno de una película fascinante, dirigida por el exquisito, y gozosamente minoritario, director británico Terence Davies. Historia de una pasión recrea en la ficción la biografía de Dickinson. El resultado es un filme conmovedor, minimalista, maravillosamente íntimo, en el que cada escena es un prodigio de concisión y sensibilidad. Se trata de llevar a la pantalla el reino interior del que surgen esos poemas ocultos. La voz que alienta y pervive en cada verso, la pasión por dotar de vida un universo abierto para pocos, cerrado para muchos. Sueño y vigilia hasta alcanzar la esencia que esconde el laberinto fatal que es la vida. Pocas son las ocasiones en las que el espectador puede soñar así. Y Cynthia Nixon, majestuosa. Nada después de leer los poemas ocultos de Dickinson, de viajar a través de las imágenes del filme de Davies hacia la serena calma apasionada de los días en Amherst, como darse una vuelta por Living in London. Un rincón de Londres, que bien pudiera ser también de la Nueva Inglaterra del siglo XIX, y allí, un té, las inevitables pastas, los sándwiches y galletas de impecable made in England para descubrir que hoy, ante el obsceno exhibicionismo ambiente, nada como la poesía oculta de lo más íntimo.