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60 ABCdelOCIO VIERNES, 14 DE OCTUBRE DE 2016 abc. es ABC C ine Cómo vender coches y no motos SMALL TIME Dirección: Joel Surnow. Con: Christopher Meloni, Dean Norris OTI RODRÍGUEZ MARCHANTE A unque es una historia convencional y contada del modo, digamos, acostumbrado, se le pueden encontrar todo ese manojillo de cosas dentro que hagan aconsejable y prove- chosa su visión al espectador. Un vendedor de coches (y de alguna moto) usados se enfrenta al dilema tan vulgar como engorroso y crucial de ser, o no, el espejo en el que se mire su hijo, a punto de ir, o no, a la Universidad. Su exmujer y su actual marido, un tipo de éxito, opinan que haría mejor el hijo en mirarse en un charco del parque... Y en eso consiste el lomo argumental, en ese juego de relaciones tan dramáticas y que tan bien se conjugan en la comedia. La película se caería al suelo, como un traje sin cuerpo dentro, de no estar en ella el actor Dean Norris y su personaje de socio tarambana del padre, un tipo con enorme gracia machorra siempre y cuando no seas miembro del club de chicas te vas a enterar, pelmazo El problema de los hijos, de su futuro, de lo que les conviene a ellos y no al ego distorsionado por el tiempo de los padres... todo eso se ha contado en otras muchas ocasiones, y mejor. Pero aquí tiene su gracia también. Gran evasión canina OZZY Vivir sobre rescoldos DESPUÉS DE NOSOTROS Dirección: Alberto Rodríguez. Animación ANTONIO WEINRICHTER Dirección: Joachim Lafosse. Con: Bérénice Bejo, Marthe Keller, Catherine Salée FEDERICO MARÍN BELLÓN L a animación española, de la que tantas cosas buenas se dicen, tiene algunos problemas de identidad que superar: esta, que figura como coproducción hispano- canadiense, ofrece un imaginario completamente americano, suburbial que no suburbano, si me siguen. Solo falta que los directores se pongan angloapellidos, como en un spaguetti western. Supongo que el mercado global así lo exige, pero resulta un producto peculiarmente aséptico, por no querer ser de aquí es un poco de ninguna parte. Superado esto, y el molesto product placement de comida para perros (pero, claro, esto es Disney, los que asociaron el lanzamiento de Pocahontas a la burger McChief, de ya saben quién) ¿qué tal la película misma? Pues presenta una amplia gama de personajes caninos de trazo más convincente que los humanos, que aquí tienen poco que rascar (se) El conflicto surge de una improbable estafa que protagoniza un villano humano, un Cruello de Vill de diseño más bien soso, y que arroja a nuestro Ozzy a una prisión de alta seguridad: alcaide y carceleros, todos caninos por supuesto, están entre las mejores bazas visuales de la función, más que los presos colegas de Ozzy que forman un cuarteto protagonista poco sorprendente. La trama pertenece en realidad al género carcelario, en su variante fugas y evasiones, y comparecen todas las convenciones y sospechosos habituales. Y surge la paradoja, la película es para muy niños, pero la peripecia tiene toques demasiado siniestros para ellos, mientras que el espectador adulto ejerce aquí de mero acompañante aburrido. O no, no sé, yo soy más de gatos. Lo heroico del villano SNOWDEN Dirección: Oliver Stone. Con: Joseph GordonLevitt, Shailene Woodley, Melissa Leo O. R. MARCHANTE C onocido Edward Snowden y conocidos los puntos esenciales de los hechos que lo situaron en el punto de mira de la actualidad política y global, lo que faltaba por conocer era el punto de vista de Oliver Stone. Este director pepitogrillo del sistema aborda la historia de Snowden poniendo en el centro de la trama el documental que hizo Laura Poitras Citizenfour tramado en aquella reunión clandestina en Hong- Kong junto a los periodistas de The Guardian justo cuando comenzó la fiesta de las filtraciones. Ahí arranca la película, y toda esa conspiración del presente se aliña con la narración de los momentos cumbre del pasado del personaje, de integrado a desintegrado, de su paulatino cambio de conceptos como país, servicio y conciencia, todo ello influido por las circunstancias personales (su relación de pareja con el personaje, clave, que interpreta Shailene Woodley) Pero ¿qué ofrece esta ficción de Stone a lo que ya tenía el documental de Poitras? Pues, además de la precisa encarnación del personaje que hace Gordon- Levitt, al que la CIA habrá puesto micrófonos por si fuera realmente Snowden, el efecto Stone en la historia anima a ver en ella lo que tiene de alarmante para todo ciudadano, esa absoluta desnudez ante los ojos del poder, esa línea rota (y descubierta en sus filtraciones) entre lo público y lo privado, y esa certeza de servicio al bien mundial que pone en la cabeza de Snowden y el periodismo revelador. Conceptos que tal vez ofrezcan dudas a buena parte de la opinión pública del mundo real, pero que, en la ficción, ni el director, ni su Snowden ni su película titubean en lo moral y útil de llevar luz a la tiniebla. a película del realizador belga Joachim Lafosse es el relato de un naufragio anunciado, la orquesta del Titanic tocando en la cubierta de un matrimonio, una historia tan común a nuestra especie que ningún espectador podrá sentirse ajeno aunque sus carnes y sus almas no hayan sufrido el proceso. Es además un drama adulto y verosímil, sin superhéroes, dibujos animados ni trazas de televisión. La cartelera debería estar repleta de obras así, pero por desgracia estamos ante una especie en extinción, digna de ser contemplada. No hay tampoco en la película giros de guión a lo Perdida o duelos para el Oscar como los que se regalaban Meryl Streep y Dustin Hoffman en Kramer contra Kramer (que conste que ambos títulos eran brillantes) Los excelentes intérpretes Bérénice Bejo (la belleza muda de The artist y Cédric Kahn viven por otro lado una situación atípica. Aún comparten piso por motivos económicos, con dos niñas gemelas en el campo de batalla. Bien acogida en Cannes y San Sebastián, la cita ofrece dos momentos, estupendos, que ilustran los efectos secundarios de una desintegración familiar. La incómoda reunión de amigos, atrapados en tierra de nadie, y el doloroso subtexto que resuena bajo la música del baile con las niñas. En esa situación, incluso los mejores recuerdos pueden hacer más daño que una bomba de racimo. Que el amor, cuando se rompe, pueda generar estos residuos de rencor es un misterio que el ser humano debería hacerse mirar. L