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ABC VIERNES, 14 DE OCTUBRE DE 2016 abc. es cultura CULTURA 47 Controvertido Nobel de Literatura Tres estrofas de Dylan Jamás comprendiste que no conviene dejar que otros vivan en su piel tus emociones. ¿Qué se siente? ¿Qué se siente, a solas en la vida, sin un hogar en tu destino, por todos ignorada, como un caso perdido? Like a rolling stone Ella estaba de pie, detrás y me dijo: ¿no sé tu nombre? Mascullé algo. Ella estudió las líneas de mi cara. Admito que me sentí incómodo cuando ella se agachó para atarme el zapato, envuelta en la tristeza Tangled Up in Blue Oí el sonido de un trueno, que rugió sin aviso, oí el bramar de una ola que pudiera anegar el mundo entero, oí cien tamborileros cuyas manos ardían, oí diez mil susurros y nadie escuchando A Hard Rain s A- Gonna Fall A favor En contra La última revolución DAVID MORÁN BARCELONA Literatura comparada JESÚS GARCÍA CALERO MADRID A sus 75 años y convertido en un tipo más bien esquivo que gusta de magullar sus canciones y disfruta viendo cómo el público corre tras ellas con la lengua fuera, nadie diría que a Bob Dylan le quedaba una última revolución escondida en el doble fondo de su sombrero sureño. En realidad, el Dylan que gira sin parar y entretiene su crepúsculo entre visitas a Sinatra y fabulaciones shakesperianas no parecía estar ya para grandes revelaciones. Eso, insiste en recordarnos una y otra vez su biografía, es cosa del pasado, de cuando el de Duluth le aplicó una descarga de un millón de voltios al folk para empezar a enredar con un lenguaje eléctrico y centelleante desde los surcos de Bringing It All Back Home Highway 61 Revisited y Blonde On Blonde Santísima Trinidad de ese sonido mercurial que cambió el rock y estremeció hasta el tuétano a varias generaciones. Con los años vendrían las implosiones domésticas, los discos confesionales y ese eterno reescribir el cancionero popular estadounidense, pero nadie en su sano juicio esperaba ya de este Dylan escapista un último gesto realmente significativo. De hecho, ha tenido que ser la Academia Sueca la que haya activado los resortes nece- sarios para que el autor de Blood On The Tracks protagonizase su última y definitiva revolución. A saber: derribar ese muro que hasta hoy separaba la Alta Literatura de todo lo demás y brindar el primer Nobel ¡un Nobel! a la que probablemente sea la manifestación cultural más significativa del siglo XX, el rock and roll. Tamaña osadía, acaso comparable a ese grito de ¡Judas! con el que le recibió un espectador en Manchester en 1966, ha conseguido descolocar a quienes consideran que el Nobel debería ser para un escritor de verdad y no para un juntaletras que como mucho, dicen, se acerca a la poesía. ¿Cómo explicar sin embargo una epopeya como Like A Rolling Stone o la densidad narrativa de Visions Of Johanna ¿Cómo sobrevivir al torrente narrativo de Ballad Of A Thin Man o a las embestidas poéticas de It s Alright Ma (I m Only Bleeding) La respuesta, en este caso, no está en el viento, sino en la literatura. Y es que, escrita o cantada, recitada o graznada, la palabra es el auténtico metrónomo que marca el ritmo de sus canciones. Es música, sí, pero también es mucho más que eso. Es poesía y narrativa, en los límites de la canción, en la raíz ligera de la literatura oral. N o es un problema de sonido el de este Nobel, ni del ritmo con que varias generaciones han coreado sus palabras de rabia, de amor y desolación, a lomos de la rica tradición popular que el bardo enchufó a una guitarra. El problema, si lo hay, es del paisaje que ilumina un faro llamado premio Nobel, en el que se miran, anualmente, las literaturas de todo el mundo en busca de reconocimiento. Estocolmo es la gloria, la consagración. Hoy ha terminado el baile de salón y muchos están desconcertados. La Academia se cuelga una estrella del rock en la solapa sin dejar de atusarse en su salón burgués. Todo el mundo a bailar. Caballerosamente los escritores saludaron el galardón (Rushdie ponía a Dylan en relación con Orfeo, que cantaba y recitaba mientras bajaba al infierno, algo muy de estrellas del rock, y los novelistas americanos despojados aplaudieron como al final de un concierto desde Twitter) Recordemos que la Academia no tiene una tradición unívoca aunque no por ello es equívoca. Dicta con prestigio los hitos del ca- non ¡hay tantos Nobel incontestablemente merecidos! y eso es una responsabilidad; por otra parte, son sonoras y casi vegonzosas, sus omisiones: Borges, Joyce, Kafka, Chejov, Proust, Eco, murieron sin premio, ¡qué irresponsabilidad! A ambas cuestiones suma una tercera: el oído en las tragedias culturales, que han dado para premios (qué Pasternak) y omisiones de todo tipo ¿Adonis? El libro y la lectura están cambiando, pero la Academia ha abierto un boquete en la casa de la literatura. Dylan tiene muchos otros méritos pero su obra literaria no está entre ellos. Tarántula y Crónicas. Volumen 1 además de las canciones son algo limitado. ¡Libreros, para conocer el impacto de este premio habrá que buscar en las tiendas de discos! Nadie duda de la influencia cultural de las canciones de Dylan, pero su peso literario es lo discutible. No lo comparen con la treintena de obras de Philip Roth, las decenas de Banville, DeLillo, Magris... o las de los que están llamando a las puertas del Nobel como Dylan a las del cielo en su famosa canción: Manea, Ford, McCarthy, Zagajewski... Se acabó el baile. Dylan no necesitaba el Nobel pero el Nobel sí necesitaba a Dylan. Un Nobel al eco global y popular. La literatura comparada se ha hecho odiosa, como todas las comparaciones. 20 de agosto de 1979 26 de junio de 1984 10 de enero de 2001 23 enero de 2005 3 de febrero de 2015 Abraza el cristianismo y publica Slow Train Coming y Saved Conversión Dos conciertos en Madrid y Barcelona serán su estreno en tierras españolas Debut en España En menos de un año se lleva un Oscar por Things Have Changed y el Polar Prize Oscar y Polar Su autobiografía Crónicas queda finalista en el National Book Award El finalista Publica Shadows In The Night su crepuscular homenaje a Frank Sinatra Sinatra